Un hombre enamorado, de Karl Ove Knausgård

Un hombre enamorado - KnausgårdHa pasado mucho tiempo, casi un año. El último libro que comenté fue La casa de hojas, de Danielewski. Fascinante, por cierto. Luego silencio. Hasta ahora. Debo reconocer que mi idea era cerrar definitivamente Octaedro, pero mientras tomaba la decisión simplemente lo dejé ahí, a ver si se me pasaba la ventolera. Y se me ha pasado. Al menos por el momento. Pensando en cerrar definitivamente mi lugar en la red, de repente se me llenaban los ojos de lágrimas. No, no lo voy a cerrar, voy a volver a él. Hay muchos libros leídos y muchos que leer, muchos temas por investigar. No me puedo permitir el lujo de perder mi única, o casi única, ventana a la red.

Este año ha habido bastantes lecturas. No tantas como el año pasado, es cierto. No es que haya leído menos, es que he vuelto a asomarme un poco a la historia, esta vez la de la alemania nazi y Hitler, y eso me ha llevado bastante tiempo. La mayoría de esas lecturas reposan en forma de borradores en el archivo del blog, algunas con un comienzo de reseña, otras simplemente con el título, como un recordatorio de que tenía que hablar sobre ellas. No sé si las recuperaré, tal vez solo las más interesantes. Ya lo decidiré. Hoy tengo aquí la última, Un hombre enamorado, del autor noruego Karl Ove Knausgård. No se trata de una novela, sino de un libro de memorias, de un diario, de un compendio de la vida del autor. En realidad es parte de una colección de cinco libros, titulada colectivamente, Mi lucha (sí, como el engendro de Hitler, aunque no tiene nada que ver con él). Este es el segundo, de la colección y de los publicados en España. Knausgård intenta la proeza de recoger su vida en todos ellos, en una manera de narrar tan minuciosa que no deja fuera ni los más nimios detalles. Ha tenido un gran éxito en su Noruega natal y también en Estados Unidos, aunque se puede decir que algo menos en el resto de Europa.

No es un diario, es una novela-río con un protagonista que se llama Knausgård. Alrededor de él, un numeroso grupo de amigos, familiares, dos mujeres, hijos, todos ellos retratados sin ahorrar detalles, lo que le ha causado no pocos quebraderos de cabeza y algunas rupturas. Pero, siendo justos, creo que el que peor parado sale es el propio autor. Knausgård habla de sus miedos, de sus vergüenzas y de sus dudas. No evita nada, aunque ello le suponga en ocasiones quedar como un imbécil. Mientras le leía, se me ocurría pensar que yo no me atrevería a desnudarme tan completamente, si en alguna ocasión se me pasara por la cabeza recoger mi vida en un libro como éste. Pero él parece estar guiado únicamente por la idea de reflejarlo todo, absolutamente todo, a lo que le ayuda su prodigiosa memoria. No nos ahorra ni los más nimios detalles domésticos, algunos rozando la sordidez. Nos cuenta sus peleas con su mujer, su desesperación por no encontrar el suficiente tiempo y espacio para escribir en una casa llena de niños. A veces tiene uno la desagradable sensación de que se libraría de ellos si pudiera, pero inmediatamente algo nos hace cambiar de opinión unas páginas más adelante.

El tema es una vida nada fuera de lo común, la vida de un escritor que vive como un oficinista, que lleva a sus hijos a la escuela y hace la colada, o tiene que fregar la cocina. Considerado en frío, podría ser un libro aburrido, soso. Pero no lo es. Knausgård consigue dar interés a todos esos detalles, a “su lucha”, que es la de la mayoría. Leyéndole me he dado cuenta de que cualquier historia puede ser contada, no hace falta haber vivido la más excepcional de las vicisitudes para convertir aquello que se narra en interesante. En el caso de Knausgård podríamos decir que es su actitud ante la vida, la pasión (en muchos casos negativa) con la que vive sus cotidianeidades. Y los detalles, en una escritura como esta los detalles son fundamentales para que el lector se meta en esa vida y tenga la sensación de estar asistiendo a ella.

Compartir

Entradas relacionadas:

La casa de hojas, de Mark Z. Danielewski

Qué más quisiera yo que ser un blogger habitual, que escribe al menos cada semana, y que no deja sus notas sobre los libros leídos pudrirse en un cajón. Pero cada uno es como es y tiene los defectos que tiene. Digo todo esto porque hace más de un mes que publiqué la última anotación aquí y porque tengo algunas notas desordenadas sobre los libros que he leído guardadas en el cajón, a la espera del día en que me decida a sacarlas, echarles un vistazo, redactarlas un poco mejor y publicarlas aquí. Vamos a ello con este libro, La casa de hojas, de Mark Z. Danielewski, escritor norteamericano. Lo leí allá por enero y lo cierto es que me llamó mucho la atención. Fue uno de mis regalos navideños, de lo que me alegro sinceramente, porque el trabajo de edición merece realmente la pena.

La casa de hojas es una obra publicada allá por el año 2000, pero no traducida al español hasta octubre del año pasado. La leyenda decía que nadie se había atrevido a ello, dadas las tremendas complicaciones que podría suponer tamaña hazaña, pero una vez leído el libro no se entiende muy bien el porqué de tanta reticencia. Es un libro aparentemente complicado, pero solo aparentemente. Está maquetado de una manera muy poco usual, con numerosas notas a pie de página que nos hacen saltar de un lado a otro, volver atrás, o tener que poner el libro cabeza abajo para poder leer alguna de ellas. También hay textos que solo pueden ser leídos con la ayuda de un espejo, o páginas casi en blanco, con unas pocas palabras, que intentan trasladar al lector las sensaciones que en esos momentos están experimentando los personajes de la novela. Pero fuera de estas acrobacias lectoras, la historia se sigue con bastante facilidad, lo que deja sin explicación la reticencia de los editores españoles (probablemente habría un motivo económico tras ella: demasiado esfuerzo en la maquetación).

Es una novela extraña, pero muy original. En principio es una historia de terror (aunque el propio autor, siguiendo la opinión de una de sus lectoras, la ha llegado a considerar una novela de amor). La historia es como sigue. John Truant, que trabaja en un salón de tatuajes de Los Ángeles, está buscando alojamiento. Su amigo Lude le cuenta que en su edificio un viejo acaba de morir en extrañas circunstancias, dejando libre un apartamento. Ambos acuden allí y Truant encuentra un extraño baúl lleno de papeles desordenados cubiertos de anotaciones. Es un estudio académico llevado a cabo por el viejo Zampanó sobre una extraña película documental que, al parecer, no existe: el expediente Navidson.

La novela es el trabajo de edición llevado a cabo por Truant sobre el estudio de Zampanó y cómo poco a poco dicho trabajo va influyendo en la desordenada vida de Truant hasta llevarle a un punto cercano al delirio. Al mismo tiempo asistimos al propio expediente Navidson y al trabajo que, aparentemente, Zampanó habría realizado en torno a él. Will Navidson es un fotoperiodista de gran reputación que en un momento de su vida decide trasladarse a una casa en Virginia con toda su familia, en un intento de pacificar su vida familiar, muy afectada por su trabajo. Desde el primer momento, se plantea llevar a cabo un documental doméstico sobre cómo la familia se va aclimatando a la nueva casa, pero el documental se convierte en una película de terror. La casa oculta un secreto: un extraño pasillo que aparece un día tras una puerta en el salón conduce a un inmenso, inabarcable laberinto cambiante que en apariencia se sitúa bajo la casa. Puesto que su mujer se muestra reacia a permitirle que se arriesgue en nuevos peligros, contacta con un grupo de personas que llevará a cabo una investigación de lo que se oculta en aquel extraño e imposible lugar.

Allí abajo ocurre de todo, aunque en ningún momento aparece criatura extraña alguna. La única criatura extraña es la casa. Sin embargo, no es eso lo fascinante de la novela: hay una buena cantidad de libros y películas en el subgénero de “casa encantada” que podrían encajar en este mismo molde. No, lo fascinante es la manera en que está narrada. Seguimos el estudio de Zampanó, que examina el documental (que ya sabemos que en realidad no existe) desde un punto de vista académico riguroso, citando a una gran cantidad de autores que lo habrían estudiado desde sus respectivas disciplinas. La apariencia de realidad es tanta que, en ocasiones, el lector se olvida de que se trata de una obra de ficción. Al mismo tiempo, como notas al pie (en otra tipografía, para ayudar al lector), se desarrolla la historia del propio Truant. Truant es un politoxicómano de vida agitada y de pasado turbio. A través del baúl de Zampanó, interpretando todos los textos que se encuentra allí, Truant va sufriendo una transformación. El trabajo de Zampanó, el expediente Navidson, cambian su vida por completo. Así, mientras seguimos los sucesos en la “casa” (la palabra casa y todos sus derivados aparecen siempre en otro color en el texto), asistimos también a las tribulaciones del propio Truant, a su enamoramiento de una stripper a la que bautiza como Tambor y a los sucesos en los bares a los que Truant suele acudir con su amigo Lude. Hay también una infancia extraña, que posiblemente le haya dejado secuelas. Cuando era niño, su madre, esquizofrénica aún no diagnosticada, intentó estrangularle. A consecuencia de ello, fue ingresada en una clínica. Su padre, por otro lado, falleció en un accidente, así que Truant se crió con una serie de familias de adopción, entre las que destaca la de un ex-marine que le pegaba para intentar meterle en cintura. En el texto se recogen también las cartas que desde el psiquiatrico le enviaba su madre y que nos presentan visiones de hechos de su vida diferentes a las narradas por el propio Truant.

La casa de hojas es una historia en el fondo sencilla, pero contada de una manera muy compleja. Danielewski agrupa en torno a una historia en principio de terror todo un mundo de estudios y fascinación académica. Pero lo hace también que la sensación es de completa realidad. La utilización de artificios tipográficos (distintos colores, textos girados, saltos de página, páginas con solo unas pocas palabras), que por una parte crea un libro bastante bello, editorialmente hablando, resulta bastante molesto en ocasiones, pero también es cierto que le da al libro bastante de su carácter. En todo caso, es un libro que fascina y que es difícil que deje indiferente.

Entradas relacionadas:

Caminos que hubiera podido seguir

…todo lo que dice don Quijote lo dice Cervantes, pero también todo lo que dicen Sancho Panza y el cura y el barbero y los demás personajes de la novela, porque lo que dice la novela es el resultado poliédrico, complejísimo y contradictorio del diálogo entre todos sus personajes, empezando por el narrador; del mismo modo, Cervantes es don Quijote y Sancho Panza y los demás personajes de la novela, todos ellos carne de su carne y sangre de su sangre, todos ellos –por usar la expresión de Milan Kundera– “yoes hipotéticos” suyos, posibilidades no realizadas de su vida, caminos que hubiera podido seguir y no siguió…

 

Vidas hipotéticas, Javier Cercas, en El País

Entradas relacionadas: