Palabras
La tarde en soledad ha terminado por sentarme frente al ordenador y me ha impuesto llenar el espacio en blanco de la pantalla con palabras, palabras que luego puedan ser reproducidas en algún otro sitio, o atesoradas en algún cuaderno o fichero informático, que para el caso es lo mismo. Pero palabras a las que les cuesta salir en el orden requerido, palabras que tienden a amontonarse, agrupándose con las de su condición, los sustantivos, con los sustantivos, los verbos con sus paisanos los verbos, negando todo sentido, desestructurando el texto hasta convertirlo en un galimatías insoportable. Pero yo, paciente, las vuelvo a meter dentro y las hago salir según las voy llamando: un artículo, para empezar, y un nombre después. Una preposición y otro nombre, antes de que venga el verbo. Y ahora sí, salen como yo quiero, o como creo que quiero.
Pero no dicen lo que yo quisiera decir, y no por culpa suya ahora, sino mía. Al cabo de un rato ya no sé a qué palabra pedir que salga. Digo una cualquiera y la colocó en último lugar: apenas soy capaz de pensar si es ahí donde debe estar, o si en su lugar debería haber otra. Estoy cansado, muy cansado, tan cansado que optó por introducir un poco de azar en mi fila de hormigas. Otra vez las dejo salir a su aire, y ellas lo hacen, al principio con timidez, luego se van envalentonando y brotan a borbotones, hasta llenar la página. Estilete, hormigón, azalea, venir, amar, neblina, madrugada, adiós, dolor. No sé ya lo que dicen, ni me importa.
