Lectura
Parece ser que la lectura es una práctica que nunca ha dejado de ser valorada socialmente, si atendemos a las campañas de fomento que siempre surgen por algún sitio, al interés por las ferias del libro y a la impresionante cantidad de títulos que se publican cada año. Pero sospecho que con ese tema ocurre lo mismo que con las bodas, que la gente apenas tiene auténticas creencias religiosas, pero es muy bonito vestirse de punta en blanco e ir a una iglesia a dar el “sí, quiero” delante de un buen montón de invitados. Es algo que viste. Lo mismo ocurre con la lectura. No se tiene tiempo para leer un libro, pero siempre parece muy bien que se fomente la lectura, sobre todo entre los niños y los adolescentes (como si ellos pudieran ser sustancialmente distintos de lo que somos nosotros, de lo que es la sociedad que les rodea), y cuando llega la feria del libro, siempre caen dos o tres ejemplares, convenientemente firmados por el autor de moda, e incluso se llega a leer alguno de ellos antes de dejarlos definitivamente arrumbados en el estante del salón hasta la próxima feria.
Muchos me dirán que no es cierto, que sí se lee, solo hay que ver el metro, lleno de gente con un libro o un periódico entre las manos. Pero no es esa la lectura a la que me refiero ni la que, en definitiva, persiguen o debieran perseguir las campañas de fomento. Porque esa es una lectura de circunstancias, hecha con un fin determinado, que es entretener el tedio de los cotidianos viajes hasta el trabajo. El hábito reside en los viajes, no en la lectura. Y es una lectura que no deja poso, que pasa tan sin pena ni gloría como un telefilme visto perezosamente en la televisión. Es la otra lectura la que no se practica, la lectura que se hace con el único fin de penetrar en un universo distinto del que habitualmente nos rodea, y sorprendernos, y aprender a ver las cosas desde distintos puntos de vista, y pensar o imaginar. Lectura sin otro objeto que la propia lectura, textos que no son sólo información, sino expresión de un pensamiento o invitación a pensar. Textos que invitan, que casi obligan, a una relectura, lo que no deja de ser una idea un tanto subversiva para una sociedad basada en el consumo.

