Archive for Octubre, 2003

La costumbre

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[...] Pues es en verdad la costumbre, violenta y traidora maestra de escuela. Poco a poco, a la chita callando, nos pone encima la bota de su autoridad; mas con este suave y humilde principio, al haberla asentado y plantado con la ayuda del tiempo, nos descubre de pronto un furioso y tiránico rostro, contra el que no tenemos ni siquiera la posibilidad de alzar los ojos. [...]

Mas el principal efecto de su poder es apoderarse de nosotros y dominarnos hasta tal punto que apenas esté en nosotros el liberarnos de su influencia y volver a nuestro ser para discurrir y razonar sus órdenes. En verdad, al mamarlas con la leche materna y al presentarse el rostro del mundo en este estado ante nuestra primera mirada, parece que hayamos nacido con la condición de seguir esta marcha; y parece que sean generales y naturales las ideas comunes que hallamos vigentes a nuestro alrededor y que nos han sido imbuidas por la semilla de nuestros padres. De donde viene que lo que está fuera del marco de la costumbre, lo creemos fuera del marco de la razón; sabe Dios con qué sinrazón, con harta frecuencia. Si así como nosotros que estudiamos hemos aprendido a hacer, cada cual al oír una justa sentencia, inquiriese en su interior cómo le concierne propiamente a sí mismo, daríase cuenta de que ésta no es tanto una agudeza como un buen latigazo a la común necedad de su entendimiento. Mas recibimos las opiniones de la verdad y sus preceptos, como si fueran dirigidos al pueblo y no a nosotros mismos; y en lugar de aplicarlos a nuestras costumbres, cada cual los relega en su memoria muy necia e inútilmente. [...]

Michel de Montaigne, Ensayos

La relectura y la literatura de género

Siempre me ha llamado la atención la fidelidad de algunos lectores en relación con sus autores favoritos o un género determinado. Nunca he sentido esa fidelidad sino en relación con obras concretas, muy pocas, que he releído con frecuencia. Sobre todo, me sorprenden los lectores de género, los aficionados a la ciencia ficción o a la novela policíaca. En muchos casos crean una auténtica mitología, casi una religión, con sus deidades encarnadas en determinados autores. También los fans incondicionales de un autor, sea o no de género, hacen a menudo lo mismo.

La explicación es fácil. Yo descubro un libro concreto, me enamoro de él y lo leo una y otra vez. Es una obra única (al menos para mí) y sólo puedo hacer mío su mundo a través de la relectura. En el caso de la literatura de género o en el de un autor de culto, todas las obras que integran esas categorías reúnen características similares. Lo que cambia de una a otra a menudo es anecdótico o poco importante. De esa manera, a pesar de que estamos leyendo distintas novelas, en realidad releemos una y otra vez la misma, con lo cual hacemos nuestro igualmente el mundo de ese género o ese autor. Y sin haber releído una palabra. En el caso del autor, funciona exactamente igual: en todos sus textos encontramos un mismo lenguaje, unos mismos temas. Releemos sin releer.

Por supuesto que esta es una afirmación que ha de matizarse. En todas partes, incluido el ámbito de la ciencia ficción o la fantasía, hay autores que tratan de superar el marco dado y transcenderlo sin traicionar sus características más genuinas. Crean obras de género, pero alcanzan una originalidad tal, que las convierten en algo distinto, sin que los aficionados puristas dejen de considerarlas como integrantes del género. En el caso de la obra de un autor de culto, ocurre algo parecido: siempre existe la posibilidad de que intente dar un giro a su carrera, y produzca un texto que no tenga apenas que ver con los que ha escrito hasta el momento. Pero en ambos casos subsisten características dentro de esas obras que permiten continuar identificándolas con un género o un autor, que permiten al aficionado seguir haciendo suyo ese mundo literario sin volver a pasar más de una vez sobre el mismo texto.

Un nuevo comienzo

Oficialmente, este es el primer post de esta nueva bitácora. Sé que ha habido otros que se han podido ver estos días aquí, pero he decidido eliminarlos y comenzar con un salto claro de Blogger a Movable Type, sin que se solaparan posts del mismo día publicados en una y otra bitácora. Así que en el día de hoy comenzamos esta nueva andadura.
No va a haber diferencias apreciables con la anterior, como no sea una deseable mejora de calidad por la que voy a empezar a trabajar a partir de este mismo momento. Seguiré interesándome sobre todo por la escritura y la literatura, por lo fantástico en esos ámbitos (incluyendo además el del cine), y por cualquier cosa que me parezca interesante en un momento dado. Una de las ventajas que ofrece este nuevo sistema es la posibilidad de clasificar los posts por categorías, así que si hay algún tipo de comentarios que os interesan específicamente, ya sabeis dónde encontrarlos.
Por el momento nada más. Bienvenidos.

El traslado

Muy bien, ha llegado el momento, la nueva residencia está lista. A partir de hoy, me podéis encontrar en http://octaedro.mibitacora.com. Esta es la última anotación que hago en Blogger, aunque por el momento la bitácora continuará abierta, al menos hasta que haya conseguido llevarme todos los posts a la otra. Incluso es posible que no llegue a cerrarla nunca, y la deje como un recuerdo de mis primeros tiempos blogueros. Es decir, si los de Blogger no tienen ningún inconveniente, que nunca se sabe. Ya veremos. Por el momento os espero en mi nuevo domicilio.

Encontrando libros

El otro día, en una calle de mi barrio, me topé con una maleta vieja y un montón de papeles esparcidos a su alrededor. Había estado lloviendo, lloviznando en realidad, así que los papeles se hallaban un poco húmedos. Me acerqué con curiosidad y comprobé que había libros de texto antiguos, amarillentos y deshojados, y alguna revista no tan antigua sin interés especial (creo que era un número de Selecciones del Reader?s Digest). Pero debajo de todos ellos encontré un libro que parecía estar entero y al cual no le había afectado mucho la lluvia. Era un título curioso, que conocía por un libro de lectura que tuve en mi infancia: Beau Geste, de Sir Percival C. Wren. Una edición en rústica, de 1961, bastante bien conservada y con huellas en el lomo de haber pertenecido a alguna biblioteca pública, o de haber tenido, en todo caso, algún sistema de numeración. Me la llevé, por supuesto, contento por el hallazgo.

Aún no la he leído, pero me he informado sobre ella en ese libro de lectura de mi infancia, que aún conservo. Por lo visto es un folletín de aventuras en el que el protagonista más importante es la Legión Extranjera francesa. Según explica mi libro, por la época de primera publicación de Beau Geste, allá por 1920, estaban de moda estas novelas ?coloniales? sobre este curioso cuerpo del ejército, refugio de todo tipo de personas de turbio pasado. Aunque lo más fascinante era el destino de estos soldados sin nombre: las colonias, un ámbito en el que podía esperarse cualquier aventura fabulosa.

Nunca he sido un lector de novelas de aventuras, mucho menos de novelas de guerra. Pero la curiosa forma en que ha llegado ésta a mis manos merece que rompa mi costumbre por una vez.

Mudanza

En estos tiempos en que tan absurdamente cara está la vivienda, he encontrado un nuevo alojamiento. Al antiguo no le pasaba nada, salvo quizás que tenía unas pocas limitaciones (no se podía sindicar, había que utilizar otros sitios para introducir imágenes) y alguna que otra imperfección (mis posts de agosto no han vuelto a aparecer, por desgracia). Por eso me mudo. Amueblaré mi nuevo alojamiento con Movable Type, que dicen que va muy bien, pero mientras tanto, mientras llevo a cabo la mudanza y me aprendo donde están las cosas en mi nuevo barrio virtual, mi domicilio sigue siendo este. Eso sí, no tengais miedo, cuando esté a punto de trasladarme, os avisaré.

Continúo

Llevo varios días dándole vueltas a la bitácora, por así decirlo, pensando si sí o si no, si continúo o si la dejo. Parece absurdo, ¿verdad?, abandonar así, en pleno éxito, cuando las visitas rebosan lo que cualquier sistema puede medir. Hablando en serio, el problema es que creo que un viejo proyecto que lleva en marcha mucho tiempo podría verse beneficiado y llegar a su fin si le dedicara integramente mis escasas energías. Pero como el abandono de la bitácora tampoco implica que lo haga, he decidido continuar con ella. Además, como ya dije unos posts más atrás, estoy estudiando cambiar de sistema, y he encontrado una forma bastante interesante de hacerlo. Voy a pasarme a Movable Type, aunque por lo que he visto resulta un tanto difícil de manejar. Ya os contaré.

En fin, que me quedo, que continúo y que tengo algunos planes para darle una mayor coherencia a mi bitácora. Mis dos o tres lectores no tienen por qué preocuparse.

A vueltas con el copyright

En rebelion.org, a través de Libro de notas, me encuentro con un artículo que me aclara algo que desconocía. Desde que se desató la batalla contra Periodista digital por parte de El Mundo y El Paí­s, que viene a sumarse a la ofensiva que mantiene en Estados Unidos la RIAA contra los usuarios de programas P2P, el tema del copyright, derechos de autor, patentes (con el caso de las patentes de software en la Comunidad Europea), está más vigente que nunca. Como ocasional autor de relatos (muy malos, por cierto, como se puede comprobar aquí) siempre me ha preocupado en cierta medida el tema del copyright. En un primer momento consideraba que debí­a mantenerse el derecho tal y como estaba, que los autores eran dueños de sus obras sin discusión alguna. Pero más tarde, navegando por ahí, comprobando lo fácil y deseable que es a veces copiar un texto ajeno o conseguir un tema musical que no tenemos, he cambiado de opinión. Está claro que internet y los nuevos medios tecnológicos conllevan una nueva filosofía, una nueva forma de transmitir los contenidos culturales. La raíz del problema es que las industrias tradicionales no quieren darse cuenta de ello y se aferran a su modelo de negocio (que tan buenos resultados económicos les ha dado hasta el momento), pero todos sabemos, incluso ellas, que tienen la batalla perdida, al menos mientras internet se mantenga tal y como es ahora. El acceso a la información es más libre de lo que ha sido nunca, los contenidos son completamente independientes de los soportes (que es lo que, en definitivas cuentas, tratan de continuar vendiéndonos las industrias tradicionales). Es absurdo, por tanto, que algunos continúen aferrándose al tradicional copyright con uñas y dientes, porque lo único que hay al final de ese camino es la restricción absoluta de los contenidos implicados, tan absoluta que no sería extraño que el publico los termine rechazando y se vuelva hacia otros más flexibles.

Y en ese ámbito es en el que cobra importancia el trabajo de Creative Commons al que hace referencia el artículo. No se trata más que de flexibilizar el modelo de derechos de autor y patentes vigentes, llegar a planteamientos que permitan al autor (al autor, porque a menudo quienes más defienden el modelo vigente de copyright son las grandes empresas, que se apropian, en alguna medida del trabajo del autor) cobrar por su trabajo u obtener un cierto reconocimiento. En ese sentido, Creative Commons ofrecen varias alternativas que, a mi parecer, podrían ser perfectamente viables.

Los medios y mi universo personal

Hubo un tiempo en que a través de los medios de comunicación (fundamentalmente prensa escrita y televisión, aún no habian aparecido en mi punto de mira los medios digitales) lograba aprender cosas, reflexionar sobre temas que consideraba de interés. Guardaba artículos escritos y documentales que habían conseguido iluminarme en cierta medida sobre algún tema en concreto. También leía libros, por supuesto, pero parte de la cultura me llegaba a través de lo que no me gustaba denominar medios de comunicación de masas, sino medios de comunicación social (estudié periodismo en mi remoto pasado y en aquella época aún creía en la misión casi sagrada que encarnaba la profesión de periodista. Ingenuo).

Hoy, simplemente, los he abandonado en gran medida, sobre todo la televisión. La prensa continúo leyéndola, aunque cada vez encuentro menos material que me apetezca archivar. �ltimamente prefiero darme una vuelta por internet y aprovechar esa gran ventaja que supone leer una opinión e inmediatamente después, a un golpe de click, la contraria. Y ahí sí que guardo material, si que encuentro temas sobre los que reflexionar, enfoques que a veces me hacen variar mis puntos de vista. Gracias a ellos no he renunciado por completo a integrar la actulidad en mi universo personal, porque si no fuera por la red, hace tiempo que me habría sumergido en los libros y sólo en ellos.

(Por cierto y sin ninguna relación con lo anterior, Blogger se me ha cepillado unos cuantos posts del mes de agosto. Ya había oído hablar de las peculiaridades del sistema, pero aún no había tenido que experimentarlas. No sé si será un problema temporal o permanente, lo que sí sé es que voy a comenzar a buscar alternativas).

Al menos he leído

Una conjunción de problemas personales y una desidia sin justificación alguna me han tenido alejado de la bitácora durante demasiado tiempo. Bien, todo eso se ha acabado, estoy de nuevo aquí, dispuesto a continuar emborronando papel. Porque eso es algo que tampoco he hecho estos días, escribir. Demasiadas omisiones para unos pocos días.

Lo único que he continuado haciendo ha sido leer. Al menos eso no lo he dejado, porque ahí sí que encuentro un refugio, un tiempo que es un desahogo, como decía Carmen Martín Gaite en el texto de mi último post. Sobre héroes y tumbas, lo más fascinante de Sábato, como todo el mundo sabe (ya veís, nada original, ningún descubrimiento, ni una opinión mínimamente polémica). Es una novela ideal para cuando uno esta viviendo alguna clase de situación enojosa o desagradable. Basta con sentir lástima de Martín por haber sido elegido temporalmente para entrar en contacto con un mundo que no comprende, y por Alejandra, por aquello que la obliga a hacerle daño sin poder evitarlo. Luego, ya más reconfortado, uno se puede internar en el Informe sobre ciegos y cambiar completamente de registro. Leerlo como una novela policíaca con ribetes fantásticos a pesar de intuir sus otros significados.

En fin, que uno no abandona del todo ni siquiera cuando abandona.