La vuelta del cine de terror

Desde hace algún tiempo me siento de enhorabuena. Por una razón muy tonta: el cine de terror vuelve a estar de moda. Colecciono (más bien grabo lo que puedo) películas del género y hasta ahora sólo había podido verlas en el salón de mi casa, de madrugada, cuando el resto de mi familia descansa. Ahora las puedo ver en la pantalla grande, lo cual es un lujo, pero no es eso lo que más me importa, sino que ya no tengo la sensación de ser una especie de mutante aficionado a las más extrañas aberraciones. Ahora sé que mi afición es compartida, al menos por los productores de Hollywood, lo cual me reconforta algo.
Sin embargo, las últimas que he visto y disfrutado no provienen de aquel lugar, sino de otros tan exóticos como Japón o Hong Kong. Son tres películas que me han sorprendido, sobre todo porque han logrado que vuelva a creerme algo tan manido como las apariciones de fantasmas. Ringu (o The ring), Dark Water y The eye (que es la de Hong Kong) no son películas de casquería o de asesinato de adolescentes, sino de eso, de fantasmas. Y su virtud es, precisamente, que la aparición de una figura surgiendo de la pantalla del televisor (Ringu) no resulta ridícula, como si me resultaría, sospecho, si la película fuera de la serie de Screem y similares.
Ringu tiene una versión made in hollywood y puede que las otras lleguen a tenerla, si no la tienen ya. Pero no me interesa demasiado verlas. Sobre la de Ringu me han dicho quienes la han visto que es mucho más efectista, que da más miedo, por decirlo claramente. No lo dudo, pero me quedo con el tempo más pausado de los japoneses, con la parquedad de sus diálogos y con sus apariciones fantasmales, más creibles (para mí) precisamente por su ausencia de efectismo.
Sobre The eye hay que hacer una matización. Y es que el final desdice del resto de la película. Da la impresión que los hermanos Pang se recrearon en esas imágenes impagables (sobre todo las del hospital, cuando la protagonista acaba de recuperar la vista y aún no es capaz de determinar si esas extrañas imágenes pertenecen o no a la realidad), pero luego, con la película cerca de su final, decidieron que había que hacer algo para ganarse el mercado norteamericano. Es la única explicación que se me ocurre para ese final tan apocalíptico que tan poco tiene que ver con el resto de la película y que a punto está de estropearla.
