La honestidad en la escritura
En sus Ensayos, Montaigne se plantea un reto al que nadie se había enfrentado hasta entonces: escribir desde su yo, plasmar en sus escritos su visión personal de las cosas. Él mismo nos confiesa que su discernimiento no es el mismo frente a todos los problemas que llega a plantearse, que algunos le superan con mucho, pero que todos afronta aunque lo haga reconociendo simplemente su incapacidad para ir más allá de una mera exposición superficial. No pretende sentar cátedra, ni analizar exhaustivamente ninguno de ellos, porque no es ese el planteamiento desde el cual escribe. Y jamás pretendo tratarlos por entero. Pues de nada puedo ver el todo. Aquellos que prometen mostrárnoslo, no lo hacen. De cien partes o rostros que cada cosa tiene, tomo uno de ellos, ya sólo para lamerlo, ya para rozarlo, ya para pellizcarlo hasta el hueso. Penetro en él, no con amplitud sino con la mayor profundidad que puedo. Su sistema es aparentemente imperfecto, ya que no puede aspirar a lograr un análisis exhaustivo de los temas, pero es muy personal. Sus escritos son el fruto de su exploración interior. No engaña a nadie, no pretende ser más de lo que es (que ya es suficiente), y escribe con la humildad del que se sabe incapaz de satisfacer todas las expectativas. No hay, en sus escritos, grandilocuencia, pretenciosidad, deseo de lucirse. Sólo honestidad.
No hay, pues, que temer a la censura. Ni a esas críticas que a veces nos desalientan. Escribir desde nuestro yo, sin pretender ser nada más que nosotros mismos, con la honestidad que practicaba Montaigne. Sin tener miedo a ningún tema, porque en cualquiera de ellos solo pretendemos dar una opinión, ofrecer nuestra forma de verlo, siempre abierta a otras opiniones, a otros matices. En último término, la única persona a quien debemos satisfacer por completo es a nosotros mismos. Bien si nos leen, todos lo deseamos, pero tener lectores es algo que se debe dar por añadidura: si somos capaces de deleitarnos a nosotros mismos, probablemente también lo consigamos con los demás.
La filosofía de Montaigne, su actitud ante la escritura, me parece la más apropiada para una bitácora personal.

Totalmente de acuerdo Juan Carlos. Me encanta la cita que haces de Montaigne. Muy oportuna. Por cierto, podríamos añadir una recomendación previa a la lectura de un weblog: “Si alguien se ofende, ¿qué le voy a hacer? Mejor es ofenderle a él una vez que no haber de vivir yo a diario en sujeción continua” [Montaigne].
Salud.
La tuya también es una buena cita. Montaigne tiene unas cuantas que se podrían poner como cabecera de un blog
Lo que Harold Bloom piensa de estos autores (también de Dante, Cervantes y Shakespeare) es que no descubren el yo, sino que lo inventan. Ahora estamos tan habituados a la operación de hablar con nosotros mismos que nos parece que siempre se hizo.
Pero no sé si estoy completamente de acuerdo con Bloom.
Es una idea que siempre me ha resultado curiosa, tal vez porque hasta que leí a ciertos autores, siempre consideré, como dices, el yo como una parte de nosotros mismos indispensable, tan natural e integrante de nuestro ser como el cerebro o el estómago. Me resultaba difícil pensar en mí mismo sin un yo al que referirme, y es cierto que en otras épocas ese concepto no existía o no estaba tan definido como en la nuestra. No sé mucho más del tema, pero me resulta apasionante.