Los animales

¿Es el hombre un animal más? ¿Tienen derecho los animales? En estas dos preguntas se cifra el primer debate de DialBit, de Diálogo y Bitácoras, una iniciativa interesante, semejante a algo que proponía yo un par de anotaciones atrás y que ya había visto reflejado en otras bitácoras. El debate no tiene nada que ver con mi tema, o sí, porque estos días precisamente he encontrado algo relacionado con él en los Ensayos de Montaigne. Sostiene Montaigne que la pretensión del hombre de ser superior a los animales es infundada, que en muchas cosas nos igualan o nos superan, sin que nosotros sepamos valorarlo porque
Es la presunción nuestra enfermedad natural y original. El hombre es la criatura más calamitosa y frágil de todas, y al mismo tiempo, la más orgullosa. Se siente y se ve colocada aquí, entre el lodo y el excremento del mundo, ligada y clavada a la parte peor, más muerta y vil del universo, en el nivel más bajo de la morada y el más alejado de la bóveda celeste, con los animales de la peor condición; y se coloca con la imaginación por encima del círculo de la luna poniendo el cielo a sus pies. Es por la vanidad de esa misma imaginación por lo que se iguala a Dios, se atribuye cualidades divinas, se elige a sí mismo y se separa de la multitud de las demás criaturas, divide las raciones para los animales sus congéneres y compañeros y les reparte la porción de facultades y de fuerzas que a él le parece. ¿Cómo conoce, mediante el esfuerzo de su inteligencia, los movimientos internos y secretos de los animales? ¿De qué comparación entre ellos y nosotros deduce la necedad que les atribuye?
Tal vez Montaigne es demasiado duro con la especie humana, pero es posible que sí, que sea presunción nuestra el considerar a los animales incapaces de pensar, entendiendo pensar como la capacidad de resolver problemas. Tal vez el instinto natural que les atribuíamos no sea tal y como nosotros lo imaginamos. En todo caso, las respuestas a las preguntas que formula la bitácora Boulé es sí, en los dos casos. El hombre es un animal más, con una evolución distinta a la del resto (la nota diferenciadora, además del mayor desarrollo de la inteligencia, es creo yo la conciencia de sí mismo), pero animal al fin y al cabo. La evolución podría haber favorecido a otra especie y habernos dejado a nosotros eternamente colgados de los árboles. Por eso, porque el hombre es un animal más, porque entre la nuestra y algunas otras especies las diferencias no son tan profundas como solemos pensar, está claro que los animales también tienen derechos que deben ser respetados.
