La objetividad de la historia
Creo que, en la mayor parte de los casos, el tiempo se ocupa de poner las cosas en su lugar. Es cierto, como habitualmente se dice, que la historia la escriben los vencedores, incluso diría más, en tiempo de paz la escribe el poder. Además, el cine y la literatura (un determinado tipo de cine y un determinado tipo de literatura) la banalizan, la tergiversan, nos hacen creer en la realidad de lo que no es sino invención. Pero el paso del tiempo permite que se oigan otras voces distintas, y a veces, entre unas y otras, se va abriendo paso algo que se asemeja a la verdad y que a veces se contradice con la versión aceptada en primera instancia. Claro que para lograr ese efecto, es necesario que el tiempo transcurrido sea mucho, que las generaciones cambien, a veces incluso ni eso es suficiente.
Mi respuesta, por tanto, es que la historia, lo que entendemos por historia, es una disciplina seria, con pretensiones, si no de objetividad, si de análisis y de aplicación de la razón. Otra cosa es que haya muchas otras historias que interesadamente se confundan con la auténtica en un intento de banalizarla o, lo que es peor, de tergiversarla. Como he dicho en algún post anterior, la forma más perfecta de censura de las ideas que existe es enterrar las que verdaderamente importan entre toneladas de hojarasca, de manera que termine por confudirse a unas con la otra y se consiga el fin deseado, que no es otro que lograr que nadie preste atención a lo que molesta al poder.
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