Archive for enero 15th, 2004

París no se acaba nunca

París no se acaba nunca
Pero por desgracia el libro de Enrique Vila-Matas, sí. Y digo libro porque es difícil definirlo. No es una novela, ni un ensayo; tiene mucho de autobiográfico, pero no es un libro de memorias. Es todo eso junto. Vila-Matas nos narra sus años (escasos) de aprendizaje del oficio de escritor en París, adonde había ido movido por las mismas razones que animaron a otros escritores a encarar la aventura parisina antes que él. Fue en pos de uno de ellos, de uno sólo, del que era su modelo literario: Hemingway. Para el norteamericano, París fue una fiesta, en París fue muy pobre pero muy feliz. A Vila-Matas le ocurrió lo contrario, acudió allí en busca de algo que no sabía bien qué era, pero que debía ayudarle a escribir. Algo que le sirviera para aprender. Como su héroe literario fue también muy pobre, pero no encontró ni asomo de esa felicidad de la que hablaba Hemingway.
Y eso es lo que nos narra en este libro. Deshace el mito según el cual hay alguna relación entre la pobreza y la autenticidad. Esos años de incertidumbre, de total anonimato, no tuvieron para él nada de felices. Entró en contacto con escritores (su casera fue nada menos que Marguerite Duras), les pidió consejo, trató de aprender de ellos. Y con tremendas dificultades consiguió escribir su primera novela, casi a pesar de esos consejos más que gracias a ellos. Pero no logró formar parte del mundo literario de París, no logró abrirse camino, ni siquiera ser tenido en cuenta como aprendiz del oficio, como un talento con futuro. Posteriormente aprendió la ironía, y gracias a ella consiguió sacar algo en claro de aquellos dos años en París. Pero eso ya fue de vuelta en España, en Barcelona, a donde decidió regresar unos días después de que la buhardilla que habitaba se quedara sin luz por falta de pago.
Vila-Matas habla del vacío, de la soledad, del aburrimiento. Pero también habla de la confusión del escritor principiante que era en aquella época, obsesionado por encontrar quien le diera unas indicaciones prácticas que le permitieran emprender su trabajo literario con ciertas garantías de éxito. Y lo que aprendió es que no hay instrucciones a seguir, que cada uno se construye su propio camino, que el único consejo que se podía tener en cuenta era el que Raymond Queneau le dio a Marguerite Duras años atrás: ?Usted escriba, no haga otra cosa en la vida?.

Entradas relacionadas: