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El deseo de repetir

Dice Milan Kundera (en La insoportable levedad del ser) que la felicidad es el deseo de repetir. No recuerdo sus palabras exactas, pero la idea es que la vida idílica es aquella en la cual repetimos una y otra vez los mismos actos y eso nos causa felicidad. Dice incluso más, que lo que ocurre una sola vez es como si no ocurriera nunca. Son ideas chocantes en una sociedad en la que la repetición es sinónimo de rutina, en la que se desean fundamentalmente novedades, en la que uno no pasa dos veces por la misma experiencia si puede evitarlo, porque entiende que ese acto repetido es tiempo perdido, tiempo que podía haberse dedicado a realizar otro acto completamente nuevo.

Pero la idea de Kundera tiene todo el aspecto de ser acertada. Después de todo, se considera a la infancia como uno de los períodos más felices de la vida, sino el que más. Y la infancia es un permanente deseo de repetir, de ver hasta la saciedad la misma película o jugar al mismo juego una y otra vez. Y el enamoramiento, otro de los sucesos más felices de la vida, es también el deseo de repetir, de estar haciendo constantemente las mismas cosas con la misma persona (al menos durante la fase de la pasión, que luego ya vendrá el anhelo de novedades).

Sin embargo, el modelo de sociedad en el que vivimos fomenta todo menos la repetición. Presenta otro modelo distinto de felicidad, basado en la idea contraria. No podemos instalarnos en algo permanentemente, tenemos de cambiarlo cada poco tiempo por algo más nuevo, más interesante, más felicitario. Lo que causa felicidad se consume rápido, tan rápido que la idea de felicidad va asociada a esta misma rapidez. Pero como también dice Kundera, lo que ocurre una sola vez es como si no ocurriera nunca. Lo que consumimos con tanta premura (libros, discos, películas, por poner un ejemplo) nos atraviesa con tal ligereza, que no tardaremos en olvidarlo. Como si no hubiera ocurrido nunca. Y lo peor es que a veces parece no haber ocurrido, no haber existido. Muchos de esos sucesos culturales de los que hablo no tardan en pasar de moda y sumirse en el olvido. A lo sumo, uno recuerda haberlos leído/visto/escuchado, recuerda de que iban. Pero poco más. Y tampoco estaría dispuesto a volver a ellos, porque ya hay otros que están reclamando su atención.

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