Archive for abril, 2004

La bitácora como base de datos

Fabián reflexiona sobre un uso de la bitácora que cada vez me resulta más atractivo: lejos de convertirla en un medio de comunicación o un lugar donde publicar artículos y atraer visitas, la bitácora podría ser un cuaderno de notas o una base de datos en la que recoger nuestras inquietudes, nuestras reflexiones o el resultado de nuestro vagabundeo por la red. Utilizada de esa forma, la bitácora se convertiría en un elemento personal que reflejaría nuestra actividad intelectual (por llamarla de alguna manera). No es nada nuevo, ya lo sé, todos en cierta medida la venimos utilizando así, pero me resulta interesante la posibilidad de potenciar ese uso.

Aprovecho también para recomendaros su bitácora Reflejos, una bitácora que he conocido a través de un comentario que su autor dejó en mi anterior post. Reflexiones y perplejidades ante la cultura y la tecnología, y una forma sencilla de aproximarse a ambas.

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La irrelevancia de hablar de libros y escritores

Deseo volver a los libros por completo, pero la actualidad no me deja. Desde los atentados del 11 de marzo, que ya vamos digiriendo (que no olvidando), hasta la escalada en la guerra de Irak, con la nueva situación mundial que implica, tengo la sensación de que hablar de libros y escritores se ha vuelto un poco irrelevante. Internet arde entre las ansias guerreras de unos y los reproches que los otros dirigen contra las decisiones políticas que nos han conducido a esta situación. El ambiente que se respira en la red es que algo está a punto de comenzar, algo que va a cambiar nuestra vida sustancialmente, tanto como cambió las vidas de los europeos el comienzo de la segunda gran guerra. Pero fuera de la red la cosa cambia. A pesar del despliegue policial de estos días, del que no han dejado de hablar en ningún momento en la televisión, la impresión es que la vida sigue, aunque nos acongoje el miedo a que en estos momentos alguien esté preparando un nuevo atentado en algún lugar de Europa. La vida sigue, decía, como siguió en los primeros meses de esa gran guerra de la que hablaba antes, cosa que siempre me chocó en mis lecturas sobre ese período.

Supongo que el ambiente de la red exagera hasta cierto punto, que las cosas no están tan mal y que como pasó con esa guerra (la más terrible de la historia), este es un momento que superaremos. Es decir, si logramos poner coto a los radicalismos que amenazan con apoderarse del mundo musulmán, por un lado, y del occidental, por el otro. Y hacemos lo posible por obligar a nuestros gobiernos a sentarse de una vez por todas y negociar una solución (esta vez de verdad) al problema palestino-israelí, por ejemplo, o al recientemente creado en Irak. Tal vez entonces uno pueda volver a hablar de libros y escritores sin esa sensación de que algo de proporciones incalculables se está fraguando a nuestras espaldas mientras nosotros continuamos aferrándonos a nuestra vida cotidiana, a nuestras pequeñas cosas.

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Poesía

Perfiles del amor
Poesía. Una forma de escritura que no conozco mucho, la verdad. Apenas sí he leído a la Generación del 27, por imperativo académico, y a Fernando Pessoa, por curiosidad. Por eso, cuando mi buena amiga Eva me pidió que prologase el libro de poesías que pensaba publicar, se me ocurrió que era el menos indicado para hacerlo. Pero lo hice porque el libro me gustó. Era poesía amorosa, nacida de la experiencia del amor, lo que quiere decir: espontánea, fresca, auténtica. Y aquí está, en este librito editado por su propia autora. Creo que está disponible en algunas librerías, pero si tenéis interés en leerlo, indicármelo en los comentarios.

Eva Díez de Cabo, Perfiles del amor, edición de la autora

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¿Quién está detrás? II

Miguel planteaba la inquietante posibilidad de que la red tuviera vida propia y que detrás de una bitácora, en realidad, no hubiera más que una máquina programada para escribir post día a día (o semana a semana) Yo, como mera cadena de transmisión, me hago eco de su preocupación. Pero es Enrique, de das Mystiche (antes Diario del contradictor), quien expone una idea aún más inquietante:

también soy, en ciertas ocasiones, un humano conectado a una máquina. Es decir, un humano que está mutando en otra cosa.

No hay, por tanto, una máquina detrás de estas anotaciones o, al menos no es la que nos esperábamos. Nosotros somos la máquina, lo estamos siendo, cada vez más, cada día más. El teclado se funde con nuestras manos y nuestros ojos sólo ven pantallas de ordenador allá donde miran. Nuestra obsesión por las bitácoras nos está transformando paulatinamente en algo distinto, algo que a priori, como apunta Enrique, no tiene por qué ser peor.

(Lo cierto es que si estoy programado para escribir posts, no tengo ya justificación posible para hacerlo como lo hago).

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¿Quién está detrás?

Imaginamos una mesa con un ordenador, alguien sentado frente a la pantalla. A su espalda, un cuarto en el que tal vez hay un estante con libros, informática, filosofía, literatura, cómics. En definitiva, una persona como tú y cómo yo, escribiendo, tecleando incansable en su ordenador. La relación que mantenemos con esa persona es puramente virtual y se realiza a través de una página que aparece en nuestra pantalla. De hecho, es lo único que vemos de ella, su diseño se convierte, para nosotros, en parte de su personalidad. ¿Pero y si todo fuera una ilusión, y si detrás no hubiera nadie, tan sólo una máquina muy evolucionada, programada para producir esos textos que procuramos no perdernos casi nunca? Miguel, o QD729, plantea esa terrible sospecha, que nosotros desdeñamos con una sonrisa. Pero, ¿y si fuera cierto? ¿Y si todos aquellos con los que intercambiamos información, comentamos cosas, incluso polemizamos a veces, no fueran más que máquinas programadas para hacerlo? ¿Y sí, como dice Miguel, la red tuviera vida propia?

Yo creo que sí, que la tiene, y a mi me engancha tanto que creo que si un día descubriera que Miguel no es Miguel, sino QD729, casi me daría igual. Mientras pudiera continuar leyéndo sus comentarios no tendría nada que objetar.

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