Archive for agosto, 2004

El ágora virtual

Llego, a través de Reflejos, al discurso que el escritor argentino Tomás Eloy Martínez pronunció hace unos días en la inauguración del Congreso Mundial sobre Bibliotecas e Información. Coincido con Fabián en lo bellísimo y emocionante del discurso, pero lo que más me llama la atención son las siguientes palabras:

El reino de lo virtual nos ha devuelto, en cierto modo, a la forma comunitaria de leer, de comunicarnos y de interactuar a través de los signos. Así, la especie humana ha ido derivando del ágora original, de la creación por capas superpuestas de lenguaje, a la intimidad entre autor y texto, y desde allí ha vuelto a una forma diferente de ágora, en la que el lector, solo frente a su teclado, entreteje su experiencia con los infinitos textos que se le cruzan en la red. Los libros o informaciones que circulan en ese espacio virtual pueden ser hallados y tomados por quien los desee -y de hecho, así sucede con frecuencia-, modificados por comentarios o reescrituras que van naciendo mientras se lee.

Poco a poco, esta nueva forma del ágora, este purgatorio o cielo de lo virtual, se ha lanzado a crecer como un árbol incontenible. La biblioteca de Babel, aquella en la que Borges incluía todos los libros pasados y los no escritos, y las variaciones de cada uno de esos libros, ha llegado antes de lo que se pensaba. Ya está entre nosotros.

Con internet hemos vuelto a la creación comunitaria, a la palabra escrita como producto no solamente del autor inicial, sino también de todos los lectores por cuyas manos va pasando. Hacia ahí apunta la nueva concepción de derechos de autor que busca imponerse en la red y que con tanto denuedo combaten desde fuera de la red quienes tienen una concepción tradicional de la comunicación escrita. Porque internet es precisamente eso, interacción, intercambio, enriquecimiento mutuo y facilidad para la comunicación. Supongo que antes o después el sistema tradicional terminará por saltar. Porque la red existe y sus posibilidades no van a desaparecer sólo porque determinados intereses así lo quieran

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Internet continúa inquietando

Es ahora al COI a quien se le pone la piel de gallina pensando en la cantidad de dinero comprometida con los distintos medios de comunicación acreditados en Atenas que podría perderse, si a los deportistas les diera por ejercer algo que parece (a no ser que los conceptos hayan cambiado y yo no me haya enterado) el más elemental de los derechos: aquello de la libertad de expresión. Nada de blogs, por tanto, nada de contar lo que ocurre sobre la pista porque eso tiene “derechos de autor”, que curiosamente no pertenecen a los propios deportistas, sino a la organización de los juegos y a quienes se reparten el pastel mediático.

También lo mencionan:
Pensamientos radicamente eclécticos
Periodistas 21
La belleza del desencanto

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Licenciados en escritura

Comparto la santa indignación de Rafa Marín ante la peculiar idea de Espido Freire. Una cosa es que existan talleres de escritura en los que te den algunas indicaciones para saber por donde comenzar y otra muy distinta es convertir esas “notas”, “guías”, “sugerencias” en un corpus de conocimientos oficial que uno debe cursar inexorablemente si quiere obtener una certificación oficial de que es “escritor”. Yo he asistido en el pasado a talleres, y los he encontrado bastante útiles, pero lo que me ha gustado más de ellos ha sido precisamente esa falta de oficialidad de las enseñanzas, ese ambiente como de grupo de amigos que discute sobre escritura, que lee sus trabajos y que se deja guiar por las sugerencias (porque tales son) del profesor. Es decir, me ha gustado la informalidad de los talleres. Nada que ver con la seriedad de la universidad.

La palabra escritor casa muy mal con la palabra título. Ya me resultaba chocante que en la antigua Unión Sovietica existiera una asociación oficial de escritores a la que era imprescindible pertenecer si uno quería ver sus trabajos publicados. Y tal vez sea eso lo que a algunos les gustaría ver por aquí. A asociaciones como la SGAE en el ámbito literario, por ejemplo.

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Infausto recuerdo de la adolescencia

No me resisto a recomendaros este interesante artículo sobre la adolescencia que ha recogido JR, un tema que no suele saltar a la arena pública, pero que muchos (seguro) hemos sufrido en nuestras carnes y algunos sufren ahora. Me interesaría, sobre todo, que aquellos de vosotros que os dedicais a la enseñanza opinárais sobre lo que dice el autor.

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La cotidianeidad recuperada

Con mis vacaciones finalizadas (por el momento, en septiembre tengo unos pocos días más) y recién incorporado a mi trabajo, aquí estoy de nuevo. Y a mi vuelta me he encontrado con algunos de esos comentarios que te hacen continuar escribiendo (como el duplicado de Cristina en el post anterior) y, por desgracia, una increíble cantidad de spam que me ha hecho perder mi buena media hora limpiándolo. Una de cal y una de arena.

Han sido unos días de completo descanso de todas las cosas que componen mi vida diaria. En realidad, no de todas. Leí un par de libros tumbado sobre la arena de la playa y en la madrugada (qué placer no tener que levantarse temprano al día siguiente) cuando mis hijas, profundamente dormidas, me dejan un ratito para mí. Ficción continua, de José María Merino, un compendio de artículos sobre el proceloso mundo de la ficción literaria; y Ensayo sobre la lucidez, de Saramago, que comentaré más adelante, cuando haya puesto un poco en orden mis papeles. El resto del tiempo se fue baños en la playa (San Vicente de la Barquera, a pesar de la triste reaparición de quienes viven de no dejar a los demás vivir en paz), paseos por pueblos de Cantabria, juegos con mis hijas y descanso, mucho descanso.

Ahora llueve en Madrid y el tiempo está tétrico. Las vacaciones han quedado reducidas a las imágenes fotográficas, de las que me ocuparé un día de estos, y a mis recuerdos. Ante mí tengo la oposición, a la que dedicaré los días de vacaciones que aún me quedan, y la escritura, sobre todo la de esta bitácora, a la que, a pesar de lo bien que lo he pasado, estaba deseando volver.

Continuamos, pues. Lo primero, ponerme al día en la lectura de bitácoras, ver un poco cómo continúa evolucionando la blogosfera en particular, y la red en general (sobre todo, ver cómo le va a afectar el cambio del Código Penal a que hace referencia Jean Bedel). En fín, volver a poner en marcha el motor.

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