Sigo con mi particular exploración de la obra de Coetzee. En esta ocasión se trata de un libro de memorias, Infancia, que, sí, lo habeis adivinado, recoge la infancia del autor a comienzos de los años cincuenta. John Maxwell Coetzee tiene diez años y es el primero de su clase en Worcester, cerca de Ciudad del Cabo (no sé si decirlo, pero estamos hablando de Sudáfrica). Mantiene una extraña relación con su familia, a la que a menudo trata de manera tiránica. Su relación más importante es con su madre, a quien ama y odia a la vez, pero a quien siempre necesita. No es capaz de concebir el momento en que tenga que separarse de ella, pero al tiempo le echa la culpa de parte de sus problemas. A su padre simplemente lo ignora, lo que siente por él es pura indiferencia, como si se tratara de un individuo que se hubiera adosado a la familia sin que nadie supiera muy bien cómo ni por qué. Hacia el final del relato el padre cae en la bebida y amenaza gravemente la economía familiar: en ese momento la indiferencia se transforma en un odio indisimulado. Y por último, su hermano pequeño, que le sigue adonde puede con admiración.
Una de las mayores preocupaciones de Coetzee en su infancia parece ser la indefinición en la que vivía en relación con su raza y su cultura. En Sudáfrica, al menos en los años cincuenta, había tres tipos de personas: la gente de color, en su mayoría sirvientes y empleados (es la época del apartheid); los afrikaners, descendientes de los colonos holandeses que llegaron por primera vez a Sudáfrica en el siglo XVII; y los ingleses. La familia de Coetzee, como su propio nombre denota, es de origen afrikaner, pero la cultura en la que viven, o tratan de vivir, es plenamente inglesa. El autor no se considera inglés del todo, incluso le gusta hablar afrikaner, aunque no llegue a hacerlo a la perfección. Pero considera a los afrikaners como intransigentes y violentos. Por aquellos años llega al poder un gobierno nacionalista y se rumorea que se obligará a todos los niños de nombre afrikaner a acudir a escuelas nacionalistas. Coetzee, que acude a una inglesa, se aterroriza. Sospecha que el modo de entender la vida de los afrikaner acabará con el espíritu que siente dentro de sí mismo. Rehuye, por tanto a los afrikaner, pero al tiempo no termina de sentirse inglés. Lo que constituye una constante fuente de conflicto dentro de su corazón.
Habría muchos temas que mencionar acerca de este libro y de la infancia del autor, como por ejemplo su amor a la tierra, personificado en el rancho que posee la familia de su padre, al que siempre acude como un mero visitante pero que, en el fondo de su corazón, siente como propio, como uno de los dos puntales en los que se basa su vida (el otro es su madre). O su absoluta pasión por el críquet, ese extraño deporte inglés por quien nadie, nada más que los ingleses, parece sentir el más mínimo interés (es una opinión personal, ojo). O incluso su convicción de que algún día llegaría a ser un gran hombre. Pero es mejor que lo descubráis por vosotros mismos.
(Después de redactar este texto, he descubierto que Infancia es parte de una trilogía que recoge las memorias del autor, y que se completa con Juventud y Desgracia. Aquí teneis un enlace con información sobre el autor).
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