Archive for Octubre, 2004

¿Asociarnos?

¿Una asociación virtual de bitácoras? La idea ha partido de Miguel y parece muy interesante. De hecho creo que no es otro el lugar hacia el que ha ido evolucionando la blogosfera. ¿Con qué finalidad concreta? Aún no lo sabemos, es algo sobre lo que es necesario pensar. De hecho, se trata de una mera idea que Boulé lanza a la blogosfera, aún habrá que esperar para ver cómo es recibida por el resto de las bitácoras y luego, si la opinión es favorable, habrá que estudiar y concretar el tema. Pero, por el momento, es una idea que cuenta con todo mi apoyo.

El adiós de El Víbora

Nunca he sido un asiduo lector de cómics (salvo en la infancia, cuando se llamaban tebeos y mi héroe era Mortadelo), a pesar de que muchos lo han intentado y yo mismo he hecho lo posible por complacerles. Pero el nombre de El Víbora siempre estará unido de alguna forma con mi adolescencia. Todos los víboras que leí eran prestados y no se seguían númericamente, razón por la cual nunca pude leer una historia del principio al final, pero me gustaba su estética y algunas de las historias me estimulaban lo suficiente como para continuarlas con la imaginación. El por qué no fui a un quiosco o una librería especializada (como El Aventurero) para hacerme con mi propia colección, es un misterio que probablemente permanecerá irresuelto.

Álvaro Pons nos cuenta que El Víbora se despide. Es una noticia que me entristece, y mucho, a pesar de todo. Como entristece la desaparición de cualquier cosa que uno considera unida a su pasado.

Una reflexión

El Sr. Martinez (a quien imperdonablemente no conocía) hace una interesante reflexión sobre éste nuestro mundo de las bitácoras y sobre por qué alguien hace algo, cualquier cosa, sin que el dinero esté por medio. Me gustaría imprimirla y darla a leer a quienes me consideran un ingenuo por pensar que algo está cambiando en nuestras motivaciones a través de la colaboración mediante la red. Pero no lo voy a hacer, que lo lean en la pantalla de un ordenador.

Transportes y lectura

Es un hecho comprobado: en todo vagón de metro siempre hay al menos una persona que lee El código Da Vinci.

Contra el canón de bibliotecas

El Gobierno parece decidido a enfrentarse a la Comisión Europea en el tema del canón de bibliotecas. Defiende que la directiva europea que obliga a grabar el préstamo de libros está correctamente aplicada en España (donde quedarían exentas todas la bibliotecas públicas y sin ánimo de lucro), pero para la Comisión la extensión de las excepciones vaciaría de contenido la medida. Podeís leer sobre ello aquí y aquí. Por otra parte, se han presentado ante el Defensor del Pueblo unas veinte mil firmas contrarias a la medida, recogidas entre todos aquellos a quienes afecta, incluidos algunos escritores, como Miguel Delibes (y alguno más que no puedo recordar, porque recogí la noticia en televisión, de pasada).

¿Y qué significa todo esto? Que contrariamente a lo que nos temíamos, dado lo proclive que es el Gobierno a aceptar los criterios que defienden a ultranza los derechos de autor, se ha adoptado una postura favorable a las tesis de quienes defienden el libre acceso a la cultura. Aunque ello suponga enfrentarse con la Comisión Europea y, más adelante, con el Tribunal Europeo de Justicia. No puedo hacer otra cosa que aplaudir. Como ya dije hace tiempo, uno es un viejo usuario de bibliotecas, y es mayoritariamente en la biblioteca donde ha adquirido la cultura, no demasiado amplia, que tiene. Si no hubiera sido por la biblioteca de Moratalaz, mi antigüo barrio, habría leído muchos menos libros de los que he leído. Y ya entonces (y ahora) los fondos de los que disponían estas bibliotecas de barrio no eran como para tirar cohetes. Imaginaros lo que hubiera ocurrido si hubieran tenido que pagar un canón por libro prestado. O aún peor, si hubieramos sido nosotros los obligados a pagar. La idea me parece tan aberrante, tan contraria al espíritu de las bibliotecas públicas, que no entiendo cómo se le ha ocurrido precisamente a la Comisión Europea, tan avanzada para otras cosas. Por cierto, como leí el otro día en algún sitio, ¿se imagina alguien a lo que hubiera tenido que dedicarse la Disney si los cuentos clásicos que fusilaba en sus películas hubieran tenido unos derechos de autor como los se que se pretende implantar?

De novelas y piratas

A García Marquez no le ha dado tiempo a publicar su nueva novela: se la han pirateado y la venden en los semáforos. Siempre me ha resultado curioso oír hablar de ediciones piratas de libros, la música y las películas se prestan más al pirateo porque, al fin y al cabo, se trata de CDs y DVDs. Pero un libro impreso, con su portada y todo, exige una infraestructura mayor que a mí al menos me cuesta imaginar en manos de las redes del top manta. En todo caso, parece que es algo muy típico de Latinoamerica (creo que en algunos paises la edición clandestina de libros es toda una institución). Y con el tiempo supongo que llegará también a nuestro país.

Y esto nos lleva de nuevo al tan traido y llevado tema del copyright. En cuanto a eso, yo ya no sé qué pensar, no sé quién tiene la razón. Lo único claro en todo esto es que los medios de reproducción y distribución de los bienes culturales han cambiado y que hay aún mucha gente que no quiere darse cuenta de ello. Y como internet y las redes de intercambio, las grabadoras de CD y DVD, no van a desaparecer, no tendrán más remedio que adaptarse. Antes o después tendrán que hacerlo, aunque no les guste.

Todo esto viene a cuenta de que Alber Vázquez está a punto de publicar su nueva novela. Y nos pide que la pirateemos como a García Márquez le han pirateado la suya. Yo estoy plenamente dispuesto a hacerlo, si doy con el medio.

La infancia de Coetzee

John Maxwell CoetzeeSigo con mi particular exploración de la obra de Coetzee. En esta ocasión se trata de un libro de memorias, Infancia, que, sí, lo habeis adivinado, recoge la infancia del autor a comienzos de los años cincuenta. John Maxwell Coetzee tiene diez años y es el primero de su clase en Worcester, cerca de Ciudad del Cabo (no sé si decirlo, pero estamos hablando de Sudáfrica). Mantiene una extraña relación con su familia, a la que a menudo trata de manera tiránica. Su relación más importante es con su madre, a quien ama y odia a la vez, pero a quien siempre necesita. No es capaz de concebir el momento en que tenga que separarse de ella, pero al tiempo le echa la culpa de parte de sus problemas. A su padre simplemente lo ignora, lo que siente por él es pura indiferencia, como si se tratara de un individuo que se hubiera adosado a la familia sin que nadie supiera muy bien cómo ni por qué. Hacia el final del relato el padre cae en la bebida y amenaza gravemente la economía familiar: en ese momento la indiferencia se transforma en un odio indisimulado. Y por último, su hermano pequeño, que le sigue adonde puede con admiración.

Una de las mayores preocupaciones de Coetzee en su infancia parece ser la indefinición en la que vivía en relación con su raza y su cultura. En Sudáfrica, al menos en los años cincuenta, había tres tipos de personas: la gente de color, en su mayoría sirvientes y empleados (es la época del apartheid); los afrikaners, descendientes de los colonos holandeses que llegaron por primera vez a Sudáfrica en el siglo XVII; y los ingleses. La familia de Coetzee, como su propio nombre denota, es de origen afrikaner, pero la cultura en la que viven, o tratan de vivir, es plenamente inglesa. El autor no se considera inglés del todo, incluso le gusta hablar afrikaner, aunque no llegue a hacerlo a la perfección. Pero considera a los afrikaners como intransigentes y violentos. Por aquellos años llega al poder un gobierno nacionalista y se rumorea que se obligará a todos los niños de nombre afrikaner a acudir a escuelas nacionalistas. Coetzee, que acude a una inglesa, se aterroriza. Sospecha que el modo de entender la vida de los afrikaner acabará con el espíritu que siente dentro de sí mismo. Rehuye, por tanto a los afrikaner, pero al tiempo no termina de sentirse inglés. Lo que constituye una constante fuente de conflicto dentro de su corazón.

Habría muchos temas que mencionar acerca de este libro y de la infancia del autor, como por ejemplo su amor a la tierra, personificado en el rancho que posee la familia de su padre, al que siempre acude como un mero visitante pero que, en el fondo de su corazón, siente como propio, como uno de los dos puntales en los que se basa su vida (el otro es su madre). O su absoluta pasión por el críquet, ese extraño deporte inglés por quien nadie, nada más que los ingleses, parece sentir el más mínimo interés (es una opinión personal, ojo). O incluso su convicción de que algún día llegaría a ser un gran hombre. Pero es mejor que lo descubráis por vosotros mismos.

(Después de redactar este texto, he descubierto que Infancia es parte de una trilogía que recoge las memorias del autor, y que se completa con Juventud y Desgracia. Aquí teneis un enlace con información sobre el autor).

¿Internet en nuestro ordenador?

Ayer instalé la nueva herramienta de búsqueda de Google en mi ordenador, sí, esa que venían anunciando desde hace algún tiempo y que ha salido en versión beta. No pude resistir la tentación de probarla, aunque a decir de algunos de mis conocidos, no cabe mayor tontería, puesto que uno sabe qué es lo que tiene en su ordenador. Claro que ellos no son buscadores compulsivos de información, como yo, que atesoro cualquier texto que considero interesante como otros atesoran música o películas, aunque probablemente no vaya a volver a leerlo en mucho tiempo.

Funciona conjuntamente con el buscador tradicional, hasta el punto de que te ofrece las dos opciones: buscar en la red o buscar en tu ordenador. Pero también funciona cuando el ordenador está desconectado. Su principal limitación es, por el momento, el formato de los documentos en los que busca, que se limita a los de office y al pdf, aparte, claro está, de los mensajes de correo y las páginas web visitadas. A mi me afecta está limitación, puesto que tengo una base de datos Knosys que recoge una gran cantidad de textos, y que resulta totalmente opaca para el programilla este de Google. Supongo que en versiones posteriores ampliarán el número de formatos en los que se puede realizar la búsqueda.

La idea de este buscador resulta chocante en un primer momento (véanse mis conocidos), pero dado el tamaño de los discos duros actuales y de todos los dispositivos de almacenamiento de información de que disponemos, parece que la tendencia actual es no borrar prácticamente ningún documento (esa es la filosofía que Google promociona a través del Gmail, no borrar los correos electrónicos) con lo cual se hacen necesarias herramientas que nos permitan encontrar algo en el caos de información que atesoraremos en nuestras propias máquinas. No sé si la acumulación de casi cualquier cosa es buena o no, si lo único que va a producir es más caos, ya no sólo en la red, sino en nuestro ordenador. Pero esa parece ser la tendencia.

El mal de Montano

El mal de MontanoEl mal de Montano es un libro extraño, muy original o muy tramposo (según algunas opiniones). Nos encontramos, en primer lugar, con un crítico literario que está perdidamente enfermo de literatura. Para intentar curarse, y olvidarse de la literatura, no se le ocurre nada mejor que visitar a su hijo, Montano, que es un escritor bloqueado, aquejado de su propia versión del mal de Montano. A partir de esa visita, el narrador constata que, en realidad, no quiere librarse de su enfermedad, sino que, al contrario, quiere que la literatura se encarne en él. Quiere convertirse en literatura para luchar contra los enemigos de lo literario, tan abundantes y tan cercanos al triunfo. A partir de ahí vive unas cuantas experiencias rocambolescas.
En el segundo capítulo nos llevamos la sorpresa de saber que no existe ningún hijo llamado Montano y que el narrador no es crítico literario, sino un escritor personalmente aquejado de ese mal que él mismo ha llamado de Montano, y que además responde al matrónimo (palabra creada por Vila-Matas para la ocasión) de Rosario Girondo. A partir de este momento, la novela oscila entre el diario personal y el ensayo. Ya no hay más autoficción como la del primer capítulo, pero si hay un continuo ir y venir en torno a una serie de ideas recurrentes. Una de ellas es que la literatura se encuentra en plena decadencia, casi derrotada por los enemigos de lo literario (y es un deleite saber que entre ellos considera a todo profesional del marketing y las estrategias de mercado que pulula en torno al mundo de los libros), a consecuencia de lo cual, el narrador se dedica a poner bombas mentales cada vez que se topa con uno de ellos. Otra idea, muy interesante, es que la literatura sirve para inventar un doble, para vivir una vida que bien pudiera haber sido la nuestra. Para ?recordar con una memoria extraña?, en palabras del autor, y ser visitados por los recuerdos de los autores que leemos y admiramos.
Toda la novela está recorrida por el amor a la literatura y por la erudición que nos presenta una gran cantidad de autores que recogieron en diarios íntimos sus propias reflexiones sobre la vida literaria. También hay una gran dosis de ironía y mala leche contra todos los que, de alguna forma, propician el fin de lo literario.
En definitiva, un libro muy interesante y un autor que, para mí, ha sido todo un descubrimiento.

Cuentas de Gmail

Como cualquier bitácora que se precie, yo también voy a realizar mi reparto de cuentas de Gmail. No tenía intención de hacerlo, pensaba repartirlas entre mis amigos, pero parece que todo el mundo anda ya servido. Así que serán para los cinco primeros que me las pidan en los comentarios.

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