Archive for Octubre 6th, 2004

Ensayo sobre la lucidez

Se me está acumulando el trabajo. Tengo una serie de libros pendientes de comentar, libros leídos en los últimos tiempos de los que no he dicho absolutamente nada en esta bitácora. Y eso no puede ser. Empecemos, pues, por Saramago y Ensayo sobre la lucidez.

Lo primero que debo decir es que el libro del que este se supone continuación (Ensayo sobre la ceguera), fue mi primera lectura del autor portugues. Y me fascinó. Me fascinó ese universo creado con ciegos sin nombre (curiosamente, siempre que pronuncio la palabra “ciegos” me viene a la mente el Informe sobre ciegos de Sabato, aunque nada tiene que ver), me fascinó, paradójicamente la fuerza de las imágenes que la angustia de los ciegos creaba en ese sanatorio tan complejo como un mundo.

Después de ese primer libro vinieron unos cuantos más. El evangelio según Jesucristo, Todos los nombres, La caverna, La balsa de piedra. Citados así, sin orden ninguno. La fascinación del principio por el autor que acababa de descubrir no se repitió. Algunas de sus novelas me gustaron, incluso me gustaron mucho. Otras, no, tengo que confesarlo. Saramago me parece un buen autor, pero tiene lo que para mí es un defecto: la historia narrada es un elemento secundario para él. Lo esencial es la tesis que defiende. Todos sus libros parten de una tesis, de una idea. ¿Qué ocurriría si España se desgajara de Europa y navegase al encuentro de América Latina? (La balsa de piedra). La inhumanidad de los centros comerciales (La caverna). ¿Y si el sufrido pueblo se revelase y se negase a acatar el devaluado sistema democrático en que le han confinado los partidos políticos tradicionales? (la que ahora nos ocupa, Ensayo sobre la lucidez). Y partiendo de esa idea, crea uno o varios personajes intensos, auténticos, pero totalmente desgajados de su realidad. El mísmo lo reconoce en esta novela, el espacio físico apenas existe. El comisario, más que un personaje, es una conciencia. Vive, habla, se desespera dentro de sí mismo. La realidad que lo rodea, que existe a pesar de todo, es una realidad esquemática, somera. Saramago se arregla con un par de pinceladas, lo que para mí a veces convierte sus libros en un poco artificiales.

Otro problema es el estilo. Saramago tiene un estilo muy personal, demasiado personal, diría yo. Escribe en un solo párrafo, sin puntos y aparte, e incluye en el también los diálogos, con sus acotaciones casi sin separación. Es un estilo en apariencia dificil, pero sólo en apariencia. En realidad, cuando uno ha comenzado a leer, cuando se ha metido en la novela, se da cuenta de que aquello va fluyendo muy bien y no le molesta la carencia de blancos. Lo que le molesta, al menos a mí me molesta, es un cierto tono de letanía, de un discurso continuo y un poco monótono. Personalmente, nunca me han gustado los autores que tienen un estilo muy marcado, inconfundible. Me dan la sensación de ser únicamente estilo, sin contenido. Probablemente no sea ese el caso de Saramago, pero tengo que reconocer que su estilo me disuade en gran medida de leer más libros suyos.

Y el caso es que me parece un buen autor, aunque creo que tiene más alma de ensayista que de novelista.