El mal de Montano
El mal de Montano es un libro extraño, muy original o muy tramposo (según algunas opiniones). Nos encontramos, en primer lugar, con un crítico literario que está perdidamente enfermo de literatura. Para intentar curarse, y olvidarse de la literatura, no se le ocurre nada mejor que visitar a su hijo, Montano, que es un escritor bloqueado, aquejado de su propia versión del mal de Montano. A partir de esa visita, el narrador constata que, en realidad, no quiere librarse de su enfermedad, sino que, al contrario, quiere que la literatura se encarne en él. Quiere convertirse en literatura para luchar contra los enemigos de lo literario, tan abundantes y tan cercanos al triunfo. A partir de ahí vive unas cuantas experiencias rocambolescas.
En el segundo capítulo nos llevamos la sorpresa de saber que no existe ningún hijo llamado Montano y que el narrador no es crítico literario, sino un escritor personalmente aquejado de ese mal que él mismo ha llamado de Montano, y que además responde al matrónimo (palabra creada por Vila-Matas para la ocasión) de Rosario Girondo. A partir de este momento, la novela oscila entre el diario personal y el ensayo. Ya no hay más autoficción como la del primer capítulo, pero si hay un continuo ir y venir en torno a una serie de ideas recurrentes. Una de ellas es que la literatura se encuentra en plena decadencia, casi derrotada por los enemigos de lo literario (y es un deleite saber que entre ellos considera a todo profesional del marketing y las estrategias de mercado que pulula en torno al mundo de los libros), a consecuencia de lo cual, el narrador se dedica a poner bombas mentales cada vez que se topa con uno de ellos. Otra idea, muy interesante, es que la literatura sirve para inventar un doble, para vivir una vida que bien pudiera haber sido la nuestra. Para ?recordar con una memoria extraña?, en palabras del autor, y ser visitados por los recuerdos de los autores que leemos y admiramos.
Toda la novela está recorrida por el amor a la literatura y por la erudición que nos presenta una gran cantidad de autores que recogieron en diarios íntimos sus propias reflexiones sobre la vida literaria. También hay una gran dosis de ironía y mala leche contra todos los que, de alguna forma, propician el fin de lo literario.
En definitiva, un libro muy interesante y un autor que, para mí, ha sido todo un descubrimiento.
