Una reflexión
El Sr. Martinez (a quien imperdonablemente no conocía) hace una interesante reflexión sobre éste nuestro mundo de las bitácoras y sobre por qué alguien hace algo, cualquier cosa, sin que el dinero esté por medio. Me gustaría imprimirla y darla a leer a quienes me consideran un ingenuo por pensar que algo está cambiando en nuestras motivaciones a través de la colaboración mediante la red. Pero no lo voy a hacer, que lo lean en la pantalla de un ordenador.

La frase de Napoleón que el Sr Martínez cita es muy interesante. Efectivamente, los que escribimos no nos movemos por dinero, ya que no obtenemos compensación económica por dedicar una parte de nuestro tiempo a los blogs. Pero una gran parte de webloggers probablemente escriba por honor, por ser reconocidos… Otros utilizamos los blogs como un medio de aprender: aprender de otros a quienes leemos y aprender de nosotros mismos al escribir y estar medianamente informados. A eso habrá que añadirle que es un medio de distracción que ayuda en ocasiones a no pasar horas vacías sin nada a qué dedicarse. Y otros también escribimos por amor, por amor a alguna afición que queremos compartir con los lectores, a algún interés que nos sigue motivando y ayudando en el día a día. Personalmente puedo decir que gracias a los blogs he aprendido y lo sigo haciendo y que cuando estoy motivada o quiero abstraerme, escribo, y lo hago no sólo sobre esos temas que tanto me entusiasman, también comento temas que me interesan y que quiero compartir con la gente que me lee.
Hace unos meses llegaba a casa de la facultad sin apenas tiempo para ver las noticias. Casi siempre me informaba de la actualdiad a través de los blogs.
Y por otra parte, siempre es grato conocer las opinioens de los demás sobre determinados temas; hace abrir mucho la mente.
Saludos
Completamente de acuerdo contigo, Cristina. Mis motivaciones son similares a las tuyas. Si acaso lo que me preocupa es que cada vez le dedico más tiempo a esta “ocupación” en detrimento de otras. Tengo que encontrar la forma de ponerle un límite.
En una analogía traída por los pelos, podría decir que un blog es como conducir un coche: debes dominarlo, nunca dejar que se te escape de las manos.
Una buena forma de poner límites a esta práctica es establecerse unos horarios fijos para navegar y/o escribir en la página. Así se evitan lamentos y cortes fortuitos por hartazgo o saturación.
Un fin de semana sin contacto con la máquina también ayuda.
Un saludo.
Solía hacerlo así antes, pero ahora he vuelto a descontrolar mi horario de conexión. Tendré que volver a disciplinarme.