Estanterías y libros
?ltimamente, siempre que me paso por la bitácora de Rafael Marín, me encuentro con alguna historia interesante. En esta ocasión se trata de libros, pero de libros de verdad, de los que se pueden tocar y oler. Al parecer, Rafael pertenece al gremio de aquellos a los que no terminan de convencer los ebooks: los que necesitan tener el libro en la mano, la cosa junto con las ideas. Comparto su vicio y los problemas que le ocasiona: yo también me encuentro con dificultad a la hora de añadir algún volumen más a mi biblioteca. Problemas de espacio, sobre todo, pero también de orden. Porque, como dice Rafael, tener un libro fuera de su sitio es como no tenerlo. A mí me ocurre que tengo tan atiborrados los estantes que, si quiero incluir un nuevo volumen en su lugar correspondiente, tengo que desplazar uno o dos a la estantería siguiente, y en esta tengo que hacer lo mismo, y así hasta el final, donde aún hay un poco de sitio libre. Y, claro, me da pereza hacerlo, tanta que al final opto por colocar el libro tumbado sobre los demás, en el primer hueco libre que encuentro. Consecuencia: como también dice Rafael Marín, el desorden se va apoderando de mi biblioteca. Gracias a dios que todavía mantengo una base de datos con todos los títulos, y que la actualizo cada vez que me compro algún libro.
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