Archive for Noviembre, 2004

Una necesidad

Hace más o menos año y medio que comencé a escribir en Octaedro. No es el momento de hacer balance, ya lo sé, se hace al cumplir el año en la red (creo recordar que entonces también lo hice), pero me apetece hablar un poco de lo que es y sigue siendo el mundo de las bitácoras para mí. Es una discusión eterna de la cual sobresalen dos ideas que se han convertido casi en tópicos: las bitácoras son un medio de comunicación que va a cambiar la red tal y como la conocemos, y no sólo la red, sino los medios de comunicación tradicionales (léase periódicos); y la blogosfera es un mundo cerrado en sí mismo, que se mira el ombligo y se cree con mayor influencia de la que tiene en realidad. Esas dos ideas aparte, las bitácoras o blogs admiten casi infinitas posibilidades, de hecho lo único que tienen en común y que permite considerarlas como algo diferente al resto de las páginas web, es que todas se basan en un sistema de publicación que permite actualizarlas de inmediato.

Hay muchos tipos de bitácoras. Los dos grupos fundamentales podrían ser las periodísticas y las tecnológicas. Al menos son las que más visitas parecen recibir. Pero luego hay bitácoras personales (la inmensa mayoría), de crítica de libros, cine e imagino que arte, aunque yo no he frecuentado ninguna. Y comienzan a aparecer bitácoras que se utilizan con un medio de comunicación dentro de una empresa o, incluso, como una manera de informar al público por parte de alguna que otra administración pública (es el caso de un juzgado de no recuerdo qué lugar).

Una de sus principales virtudes es la inmediatez. Con muy pocos conocimientos de informática, por no decir ninguno, uno puede abrir su propia bitácora y ponerla a funcionar sin más. Y entrar de esa manera a formar parte (más o menos) de lo que se denomina ?la blogosfera?. Porque una bitácora (a no ser las que se utilizan para un fin informativo concreto y limitado, como las empresariales) no tiene sentido sin las demás bitácoras. Por eso, otro de los atractivos que posee son los comentarios. Nosotros publicamos y los que nos leen (si quieren) nos dejan un comentario, que en la mayor parte de las ocasiones es simplemente una prueba de que nos han leído. Y si eso anima a escribir, lo que a uno ya le alimenta el ego en mayor medida es recibir un trackback, es decir, la comunicación de que nuestra bitácora ha sido citada en otra, de que el artículo que escribimos ha resultado tan interesante que lo enlazan desde otras bitácoras.

Por todo esto y por muchas más cosas (como el placer de escribir y no guardar nuestros escritos en un cajón, sino colocarlos donde pueden ser leídos por otros) una bitácora se convierte en un vicio. Octaedro lo es para mí. Al poco tiempo de comenzar, estuve a punto de dejarla: no le veía mucho sentido a eso de escribir cosas para colocarlas en la red, en una página que prácticamente sólo yo visitaba. Pero continué escribiendo, sin mucha asiduidad, lo reconozco, pero sin abandonar. Merced a los comentarios me enteré de que había unos pocos por ahí que me leían, nunca demasiados, porque la mayoría de las visitas que recogía el contador procedían de buscadores (es decir, despistados) y de mí mismo, incapaz de controlar mi deseo de ver una y otra vez en la página. Y poco a poco se me fueron pasando las ganas de abandonar.

Hoy, después de un par de traslados de alojamiento, y a pesar de que las visitas han caído a mínimos históricos, tanto que casi me siento en Octaedro como en la intimidad de mi casa, hablando para mí mismo, no se me ocurriría dejar de escribir y cerrar la página. Al contrario, esa misma sensación de intimidad me impulsa a escribir con mayor libertad. Y eso es para mí una bitácora: un lugar en el que uno no está constreñido, en el que puede escribir cómo quiera y de lo que quiera, con la esperanza, además, de ser leído por alguien. Una manera de pensar con los dedos, como decía Adolfo, y de tener la oportunidad de recabar la opinión ajena sobre esos pensamientos.

Octaedro, pues, se me ha convertido en una necesidad. Espero que no en una necedad, pero tampoco me importaría mucho, siempre y cuando pudiera seguir escribiendo.

Cuatro años

La incógnita se ha desvelado por fin y ha ocurrido lo que todos sospechábamos que ocurriría, pero no nos atrevíamos a decir en voz alta por aquello de no mentar al diablo: Bush ha ganado. Cuatro años más de una política que ha indignado a una parte importante del mundo. No sé si podemos extrapolar a EE.UU. algunas de las normas no escritas de la política que rigen en Europa, pero está claro que un segundo mandato, y además con una victoria tan clara como la que ha obtenido Bush no puede más que reafirmarle en sus convicciones. Que se va a radicalizar, vaya. Que si hasta ahora había optado por no respetar el derecho internacional (léase convención de Ginebra), ahora directamente lo va a reinventar. Tiene un cheque en blanco que le permite ir incluso más allá de lo que ha ido hasta ahora.

En fin, no sé lo que ocurrirá durante estos próximos cuatro años, no se me da muy bien la política ficción. Lo que sí sé es que está claro que Kerry no era un candidato con el suficiente peso específico para conseguir dar la vuelta a la tortilla. Tenía a su favor el convencimiento de muchos norteamericanos de lo perjudicial que podía llegar a ser Bush para la economía y la imagen de su país en el exterior, pero está claro que eso no ha sido suficiente, que hacía falta más peso específico, más claridad de ideas. Ahora los demócratas tienen otros cuatro años para encontrar un candidato en condiciones. A ver si los aprovechan.

Las elecciones norteamericanas, como no

A esta hora Bush y los suyos se están frotando las manos. Y no sólo ellos. Pero el recuento no ha terminado y con una diferencia tan mínima tal vez podría haber alguna sorpresa. U ocurrir lo mismo que hace cuatro años, cuando las elecciones norteamericanas tuvieron que ser dilucidadas por el Tribunal Supremo de aquel país. En estos casos, es mejor esperar antes de hacer valoraciones, rasgarse vestiduras o dar botes de alegría.

(Aunque debo reconocer que yo ya he comenzado a especular lo que puede ocurrir en los próximos cuatro años si se confirma el triunfo de Bush. Y no es nada estimulante.)

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