La noche del oráculo

Esta novela de Paul Auster me ha decepcionado mucho y me ha dejado clara una cosa: el autor de La invención de la soledad es mejor cuando habla de sí mismo y de su familia que cuando se pone a crear personajes. El comienzo es flojo. Forzado, tópico, incluso diría que torpe como el intento de un aprendiz en un taller de escritura. Auster ha inventado unos personajes bastante planos, les ha inventado una vida con profusión de detalles, y se ha lanzado a escribir sin preocuparse de nada más. Hay un elemento original: parte de la historia, mejor dicho, una de las historias se narra como notas al pie. Pero ahí se acaba la originalidad, lo demás es una historia pobre, a mi modo de ver, con diálogos y situaciones un tanto acartonadas.
Lo sorprendente, sin embargo, es que la novela cobra una cierta fuerza hacia la mitad, aunque más por la historia, por los sucesos que se narran, que por la calidad de los personajes. Según vamos avanzando, comenzamos a darnos cuenta de que, a pesar de lo decepcionante del comienzo, Auster ha construido una novela un tanto caleidoscópica, en la que un autor bloqueado y escaso de dinero, urde una serie de tramas novelescas que posteriormente abandona. La vida de este autor también encierra un misterio. Uno se anima leyendo, intuyendo algo extraordinario para más adelante, preguntándose a dónde llegarán los personajes, cuando de repente llega el final de la novela. ¿Y eso es todo?, se pregunta uno. Sí, eso es todo. La trama que Auster ha ido urdiendo se despacha en unas cuantas suposiciones del protagonista que, a falta de confirmación, debemos considerar acertadas. Y luego se producen una serie de hechos luctuosos a toda velocidad que sí, que cierran la novela, pero que nos dejan con la sensación de que el autor había pactado un número de páginas con su editor y hay que ir terminando.
Creo que Auster no es mal novelista, que es hasta cierto punto original, que en el fondo de sus ficciones subyace algo ambigüo que nos impide echarlas en el olvido. Pero no es un gran autor. No construye buenos personajes, a menos que se tome a sí mismo como personaje. Es un escritor que podría llegar a ser incluso genial si encontrara ese “algo” que le falta, un “algo” que está presente en alguno de sus libros más autobiográficos (insisto), pero que no termina de plasmar en sus ficciones.
Pero me gusta, y mucho. Tal vez porque tengo la esperanza de que acabará encontrando eso que le falta.
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Mi opinión sobre los diarios de John Cheever es contradictoria. Por una parte me parecen el registro de una vida gris, triste y mezquina, además de vulgar, con una vulgaridad muy americana; por otra tienen, como dijo de ellos alguien que no recuerdo, lirismo y fuerza. A John Cheever lo aquejaron una serie de males, de los cuales tal vez el mayor fuera su bisexualidad. Le costó aceptar que le atraían los hombres, lo que tal vez le condujo al alcohol y pudo producir el desencuentro con su mujer que llegó a convertirse en algo cercano al odio. Esos eran sus tres problemas fundamentales, su sexualidad, el alcohol y su mujer. A los dos primeros les hizo frente y logro, en cierta medida, solucionarlos. Con el tercero aprendió a convivir: nunca se planteo el divorcio como posible solución, tal vez porque era un hombre religioso. Esos procesos aparecen reflejados en el diario con una tremenda carga de angustia y depresión. Pero la vida de Cheever, o el reflejo que hace de ella en sus diarios, tenía también otros elementos.