Archive for febrero, 2005

Desapariciones, dudas y ocupaciones absorbentes

Después de un par de días (sin incluir el fin de semana), he podido entrar nuevamente en Octaedro. Todo está más o menos intacto, excepto mi último post, que ha desaparecido sin dejar rastro. No era de gran importancia: una queja sobre el funcionamiento del blacklist, con el que siempre he tenido problemas y cuyo abandono definitivo anunciaba. Lo curioso es que en el Bloglines el post aparece, o sea que sí, que lo escribí, que no es que me esté volviendo paranoico. Lo que me asusta de todo el tema (bueno, asusta es una palabra demasiado fuerte, digamos me molesta, me incomoda o me da que pensar) es que tampoco he echado mucho de menos escribir aquí. Debo confesar que desde hace algún tiempo estoy jugando con la idea de abandonar. Hay, en este momento, una ocupación en mi vida a la que debo prestar la mayor parte de mi atención, con lo que obligatoriamente Octaedro debe quedar en un segundo, incluso tercer plano. En todo caso, muy, muy al fondo entre mis intereses actuales. Por eso se me había ocurrido que sería un buen momento para ponerle punto y final, a unos pocos meses de su segundo cumpleaños, y planear, durante el tiempo que me dure esa ocupación que va a acaparar la mayor parte de mi atención (no toda, porque si no no puedo planear nada), una nueva bitácora, con un planteamiento diferente.

Pero hete aquí que me da pena cerrar Octaedro. Así que otra posibilidad sería redefinirlo, cambiar un poco la orientación que le he dado hasta el momento. Es una posibilidad a considerar, aunque presenta un inconveniente: por el momento no puedo hacerme cargo de tal ocupación. ¿Cerramos, pues, Octaedro y volvemos a abrirlo dentro de unos meses, con el mismo nombre pero ya renovado? No sé, la duda me corroe.

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Poseer las estrellas

El Sr. Martínez rescata un fragmento de El principito que arroja algo de luz en el complicado tema del copyright. Yo diría que resume el pensamiento de muchos de los que observamos con preocupación la deriva que llevan las gentes de la SGAE (a las que por desgracia el gobierno parece plenamente dispuesto a escuchar) y otras, más preocupantes aún, que integran los altos organismos de la Unión Europea (me refiero a temas como la patentabilidad del software o el canón de bibliotecas). La literatura, como siempre, nos sirve de ayuda a la hora de interpretar la realidad.

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Voto en blanco

Algunos, pocos, comentarios sobre el voto en blanco en este referéndum: lo que significa, el porcentaje que ha alcanzado. Pero para la mayoría de los medios es un dato sin importancia. Es la primera vez que voto en blanco y me queda una sensación extraña. Supongo que debería haberme abstenido (no quería votar sí, porque no estoy de acuerdo con la manera en que se ha planteado este referéndum, ni esta “constitución”; no quería votar no, porque me sonaba a rechazo a Europa), pero la opción de la abstención tiene muy mal cartel (ciudadanos desinteresados, apáticos, indiferentes) y, además, todos los partidos se la pasan por el forro (a menos que les beneficie hablar de ella para culpar al oponente). Así que he votado en blanco. Y me he sentido raro, a pesar de que este voto ha alcanzado un porcentaje bastante significativo, más de un 6%. Raro porque es una opción que yo considero lógica pero que, al parecer, muy poca gente emplea. Se prefiere la abstención, probablemente porque ya que uno no va a apoyar directamente ni a oponerse directamente, pues es más cómodo quedarse en casa. Quizá es un poco raro eso de ir al colegio electoral, sacar el carnet de identidad, esperar a que te busquen en las listas, y todo para votar que uno no vota nada, ni una cosa ni otra.

En fin, que yo, como Saramago, creo que esta opción tan poco utilizada quizá es la única posible en muchos casos. Y podría llegar a ser significativa si muchos de los que optamos por no votar a uno u a otro, a una cosa o a la contraria, no nos abandonáramos a la simple abstención, que siempre puede ser confundida con muchas otras cosas.

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¿Un código ético en la blogosfera?

Quizá, como he leído hace algunos días en alguna parte (perdonad mi vaguedad, pero ni siquiera recuerdo si fue exactamente eso lo que leí, pero el tema iba por ahí) tal vez sí haga falta que exista un código ético en la blogosfera. En Estados Unidos, que nos llevan mucho tiempo de ventaja en todo, incluso en esto, ya lo están necesitando. Al menos eso dice José Cervera en Blogs: tiempos de ojo por ojo y diente por diente, artículo que publica en su blog de El mundo.

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La polémica de los blogs

Cinco días publica un artículo bastante extenso sobre los blogs (Los ‘blogs’ llenan la red de polémica), uno de los más largos que he podido leer hasta ahora en la prensa. Fundamentalmente se destaca que los blogs son una forma de comunicación (me resisto a emplear la palabra medio, que es mucho más polémica) que aún se encuentra en pleno desarrollo, un desarrollo que no queda muy claro en qué sentido se producirá, a decir de los distintos bloggers consultados por el periódico. Lo que parece claro a todos ellos es que la comunicación horizontal, que es la principal aportación de los blogs, en contraposición con la vertical que protagonizan los medios tradicionales, tiene un gran futuro en internet.

(Llego a través de Furilo)

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El caos de la información

Encuentro un tema que me interesa en Deakialli (que ha bebido previamente de Barrapunto). ¿Cómo manejar la ingente cantidad de información a la que tenemos acceso? Internet, libros, periódicos, televisión, radio. Es un problema que me ha preocupado con frecuencia, incluso he experimentado la angustia que alguien menciona en Barrapunto, la de no poder leer todo lo que me interesa. Siempre hay mucho más material de interés para leer que tiempo para hacerlo. Además, el problema no es principalmente leer, el problema es que esa información de alguna manera permanezca, si no en nuestra memoria, si en algún sitio físico al que podamos tener acceso en un momento determinado. Si no, leer se convierte simplemente en una contemplación pasiva, como la que adoptamos cuando vemos la televisión. En mi caso, mi ideal (ya que no siempre lo consigo hacer), es, como decía Adolfo Ramirez en un artículo antiguo de su bitácora, hacer una especie de escaneo de los textos escritos que se me ofrecen, seleccionar lo que me interesa, leerlo con cierta atención, volver a seleccionar lo que merece la pena guardar. Tengo una base de datos (knosys) donde recojo artículos y fragmentos que por lo que sea me llaman la atención, y lo hago con la intención de volver a ellos en el futuro. De esa manera, aunque haya muchas cosas ahí almacenadas que nunca voy a volver a leer, sé que todo lo que hay en ese lugar me interesa, o me interesó en el pasado. Como la base de datos también crece tremendamente (o crecía, porque ahora la tengo un poco abandonada), me he creado mi propio caos de información, aunque así al menos sé que todo lo que hay allí es mío, me interesa en alguna medida.

En resumen, que del caos de la información que nos rodea, extraigo una parte de lo que me interesa y me creo mi propio universo, también caótico. Y cuando tengo un rato, algún domingo por la tarde, buceo entre todo lo que me interesa o me interesó alguna vez.

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Otro sofware es posible

Libro de Notas (una de las bitácoras absolutamente imprescindibles de la blogosfera) inicia la publicación de una serie de artículos didácticos sobre software alternativo, libre y de calidad. La idea es enseñar a manejar e instalar este tipo de software, para ayudar a que los usuarios atados por su desconocimiento al software propietario, puedan acceder a otros programas. Puedan “legalizar” su ordenador (la mayoría del software propietario que usamos es, reconozcámoslo, pirata).

Bien, me parece una iniciativa estupenda. Tanto que tengo intención de ser de los primeros usuarios de esa sección. No es que me sienta preso del mundo de Microsoft, en algunos casos he conseguido liberarme (navego, por ejemplo, con Firefox), pero es cierto que la información sobre estos programas está muy dispersa por la red. Y los que no somos muy duchos en esto de la informática nos las vemos y nos las deseamos para cumplir con ese anhelo que todos sentimos de hacer de la red un ámbito de libertad. Así que estoy deseando que comience la publicación de esos artículos.

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Otra blogosfera

Leyendo por aquí y por allí, e-cuaderno y El blog de Enrique Dans, me doy cuenta de que la blogosfera, al menos parte de ella, está comenzando a convertirse en otra cosa. Ya hubo una primera aproximación con la polémica de la publicidad en los blogs, pero parece que la cosa ya está llegando a mayores, que no se trata unicamente de publicidad, sino de marketing directo. Vamos, que utilizas tu bitácora para recomendar productos. No sé si a los empresarios ya se les ha ocurrido la idea, pero está claro que a algunos bloggers, sí. Tampoco está muy clara la importancia publicitaria que pudiera tener la blogosfera a la hora de invertir en ella. Pero la idea está ahí, y el futuro escenario que dibuja me parece perfectamente plausible.

Bueno, pues la blogosfera que yo prefiero es otra. Si detrás de las recomendaciones de bitácoras muy conocidas en torno a tal o cual producto hay estrategias publicitarias (aunque sean declaradas las dependencias de cada uno y no nos llamemos a engaño), la blogosfera no será algo sustancialmente distinto de los medios de comunicación tradicionales. No hay nada de malo en ello, pero, insisto, no es esa la blogosfera que yo prefiero. Puede que recurra a ella para buscar información sobre tal o cual producto, pero no para leer distendidamente como hago ahora. Gracias a dios (es una forma de hablar), continúan existiendo blogs intimistas, personales, opiniones y visiones no condicionadas por el mercado. Cierto que son los hermanos pequeños, los que menos visitas reciben, pero quizás esa es su mayor virtud. Se escribe más libremente, las preocupaciones son otras. Uno quisiera incrementar el número de sus visitas, pero no se preocupa si no lo consigue: sus habichuelas no dependen de ello.

Y a propósito de esa blogosfera que prefiero, un descubrimiento interesante. El diario de ayer, la bitácora de Jordi Flamarich, plenamente literaria a pesar de la profesión de su autor (es periodista). He llegado a ella a través de Véase además. Es muy recomendable, os lo aseguro.

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Serendipity

Os dejo un enlace a un post de Catuxa sobre un tema que me llama mucho la atención: la serendipidad (qué mal suena en castellano, lo prefiero en inglés, serendipity). Es un tema interesante porque eso es precisamente internet. Al menos, a mí me pasa. Cada vez más, en lugar de buscar, encuentro. Como me ha ocurrido en este caso.

Es más, me gusta tanto el concepto que voy a crear una nueva categoría precisamente con su nombre. Para todos aquellos hallazgos interesantes o curiosos que haga por la red y que no tengan cabida en ninguna de las otras.

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Más sobre derechos de autor

La polémica sobre los derechos de autor encubre dos visiones antagónicas de la cultura. Cada vez lo tengo más claro. Una de ellas la ve como un bien social, como algo a lo que todos tenemos derecho. Para esa visión, todo lo que favorezca el acceso a la cultura es deseable. La otra la ve como una industria, como un producto más que se vende y que produce beneficios. Y la única manera de acceder a ella es siempre previo pago. Lo que ocurre es que la cultura no es tan tangible, no es tan material como, pongo por caso, un par de zapatos o un coche. Está formada por ideas, por pensamientos, por construcciones de la inteligencia que, gracias a los nuevos medios tecnológicos, pueden ser copiados y transmitidos con facilidad. La industria cultural no produce cultura, la cultura la producen los autores. Lo que produce la industria cultural es el soporte, y el problema es que ese soporte ha perdido valor porque ahora todos tenemos acceso a producirlo con nuestros ordenadores y con internet.

Estoy de acuerdo con este artículo de Blanca Calvo. Los autores tienen que ganar dinero con sus creaciones. Es la única manera de que puedan dedicarse a ellas. Por supuesto. Pero la transmisión de la cultura, la facilidad para acceder a ella a través de internet o de las bibliotecas públicas, en este caso, no les perjudica. Más bien al contrario, les beneficia. Les permite ser más conocidos. No deja la difusión de la obra de un autor a merced exclusivamente de los intereses editoriales o de las empresas discográficas. Es más, incluso les permite a ellos mismos acceder con facilidad a la obra de otros. ¿Alguien puede asegurar que los propios miembros de la SGAE nunca han bajado música de la red a través del P2P? ¿Que las influencias que se aprecian en sus obras siempre las han adquirido previo pago, nunca a través de discos prestados y copiados, antes en cinta y ahora en CD?

Blanca Calvo enumera una serie de razones por las cuales el canón de las bibliotecas no sólo no beneficia a los autores, sino que les perjudica claramente. Claro que habrá quien no esté de acuerdo.

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