La polémica sobre los derechos de autor encubre dos visiones antagónicas de la cultura. Cada vez lo tengo más claro. Una de ellas la ve como un bien social, como algo a lo que todos tenemos derecho. Para esa visión, todo lo que favorezca el acceso a la cultura es deseable. La otra la ve como una industria, como un producto más que se vende y que produce beneficios. Y la única manera de acceder a ella es siempre previo pago. Lo que ocurre es que la cultura no es tan tangible, no es tan material como, pongo por caso, un par de zapatos o un coche. Está formada por ideas, por pensamientos, por construcciones de la inteligencia que, gracias a los nuevos medios tecnológicos, pueden ser copiados y transmitidos con facilidad. La industria cultural no produce cultura, la cultura la producen los autores. Lo que produce la industria cultural es el soporte, y el problema es que ese soporte ha perdido valor porque ahora todos tenemos acceso a producirlo con nuestros ordenadores y con internet.
Estoy de acuerdo con este artículo de Blanca Calvo. Los autores tienen que ganar dinero con sus creaciones. Es la única manera de que puedan dedicarse a ellas. Por supuesto. Pero la transmisión de la cultura, la facilidad para acceder a ella a través de internet o de las bibliotecas públicas, en este caso, no les perjudica. Más bien al contrario, les beneficia. Les permite ser más conocidos. No deja la difusión de la obra de un autor a merced exclusivamente de los intereses editoriales o de las empresas discográficas. Es más, incluso les permite a ellos mismos acceder con facilidad a la obra de otros. ¿Alguien puede asegurar que los propios miembros de la SGAE nunca han bajado música de la red a través del P2P? ¿Que las influencias que se aprecian en sus obras siempre las han adquirido previo pago, nunca a través de discos prestados y copiados, antes en cinta y ahora en CD?
Blanca Calvo enumera una serie de razones por las cuales el canón de las bibliotecas no sólo no beneficia a los autores, sino que les perjudica claramente. Claro que habrá quien no esté de acuerdo.
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