Archive for Febrero 8th, 2005

Serendipity

Os dejo un enlace a un post de Catuxa sobre un tema que me llama mucho la atención: la serendipidad (qué mal suena en castellano, lo prefiero en inglés, serendipity). Es un tema interesante porque eso es precisamente internet. Al menos, a mí me pasa. Cada vez más, en lugar de buscar, encuentro. Como me ha ocurrido en este caso.

Es más, me gusta tanto el concepto que voy a crear una nueva categoría precisamente con su nombre. Para todos aquellos hallazgos interesantes o curiosos que haga por la red y que no tengan cabida en ninguna de las otras.

Más sobre derechos de autor

La polémica sobre los derechos de autor encubre dos visiones antagónicas de la cultura. Cada vez lo tengo más claro. Una de ellas la ve como un bien social, como algo a lo que todos tenemos derecho. Para esa visión, todo lo que favorezca el acceso a la cultura es deseable. La otra la ve como una industria, como un producto más que se vende y que produce beneficios. Y la única manera de acceder a ella es siempre previo pago. Lo que ocurre es que la cultura no es tan tangible, no es tan material como, pongo por caso, un par de zapatos o un coche. Está formada por ideas, por pensamientos, por construcciones de la inteligencia que, gracias a los nuevos medios tecnológicos, pueden ser copiados y transmitidos con facilidad. La industria cultural no produce cultura, la cultura la producen los autores. Lo que produce la industria cultural es el soporte, y el problema es que ese soporte ha perdido valor porque ahora todos tenemos acceso a producirlo con nuestros ordenadores y con internet.

Estoy de acuerdo con este artículo de Blanca Calvo. Los autores tienen que ganar dinero con sus creaciones. Es la única manera de que puedan dedicarse a ellas. Por supuesto. Pero la transmisión de la cultura, la facilidad para acceder a ella a través de internet o de las bibliotecas públicas, en este caso, no les perjudica. Más bien al contrario, les beneficia. Les permite ser más conocidos. No deja la difusión de la obra de un autor a merced exclusivamente de los intereses editoriales o de las empresas discográficas. Es más, incluso les permite a ellos mismos acceder con facilidad a la obra de otros. ¿Alguien puede asegurar que los propios miembros de la SGAE nunca han bajado música de la red a través del P2P? ¿Que las influencias que se aprecian en sus obras siempre las han adquirido previo pago, nunca a través de discos prestados y copiados, antes en cinta y ahora en CD?

Blanca Calvo enumera una serie de razones por las cuales el canón de las bibliotecas no sólo no beneficia a los autores, sino que les perjudica claramente. Claro que habrá quien no esté de acuerdo.