Archive for marzo 9th, 2005

La literatura y la isla desierta

A César Aira le indigna que le pregunten qué libro se llevaría a una isla desierta. A él no le basta con un libro, necesitaría una biblioteca entera. Es más, ni siquiera una biblioteca sería suficiente

Pero no. Una biblioteca no alcanza porque allá en la isla no tendría cómo ampliarse, y a su espléndida acumulación de clásicos y modernos, por bien escogida que estuviera, le faltaría algo esencial: ese otro libro, quizá malo, quizá insignificante, con cuyo anhelo urgente expresamos la libertad de la gana o el antojo. En efecto, hay que tomar en cuenta la veleidad caprichosa, que es parte de la etología del lector, la curiosidad repentina e irrefrenable por la rareza bibliográfica, o la última novedad, o la antigualla. Lo que se desea es, por definición, lo que no se tiene. Para ese rubro el lector tiene las librerías, las de viejo y las de nuevo. Y en las islas desiertas no hay librerías, ni llega el cartero con la suscripción a las revistas con las que el lector se entera de lo que quería leer y no lo sabía.

Porque, claro, en una isla desierta tampoco hay internet y entonces sí que la hemos fastidiado del todo. Un solo libro en la isla desierta, una sola biblioteca, no son suficientes. Uno necesita tener al alcance la literatura universal, y no solo la consagrada, como también dice Aira, sino la que inspira curiosidad, aunque no la conozca nadie. La literatura absoluta. Si no tenemos eso, no tenemos nada.

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