LSSI: criminalizando al consumidor
Todos estos señores, de los cuales sólo conozco a uno, Caco Senante (recuerdo vagamente algún tema suyo), ¿a quién representan en realidad? Me imagino que a la industria, porque dudo que sea a los auténticos autores. En todo este tema se echa de menos la opinión de los autores, no representantes de asociaciones y organizaciones que no sabemos a quién asocian y a quién organizan. Si de lo que se trata es de proteger a los autores, por qué ellos no opinan, por qué no son ellos los firmantes de los manifiestos. Por poner un caso, y así, a bote pronto, qué piensan Joaquín Sabina, La Oreja de Van Gogh, Amaral, Alaska (aunque su opinión ya la conocemos en parte), Alejandro Sanz (creo que la suya también la conocemos ya)….
Un momento, un momento. Sí han hablado, sí han dicho cosas. En esta página de noticiasdot se recogen algunas de las opiniones que han vertido en torno al tema. De acuerdo, sí han hablado y la mayoría lo ha hecho en contra. De todas formas sigo echando en falta una manifestación de todos ellos más, diríamos, “oficial”, una postura común ante la nueva ley que el gobierno está preparando. Qué digan, por ejemplo, si me consideran un ladrón por pedir alguna vez un disco a un amigo y grabármelo (cosa que todos hemos hecho en la gloriosa época de los cassettes). Porque hay una confusión interesada en todo este tema. El top manta es una industria paralela que produce beneficios a alguien. Los discos se venden, hay ánimo de lucro. Creo que está justificado que el estado lo persiga e intente terminar con él. Porque además es, en realidad, lo que daña a la industria cultural. Lo otro, el bajarse música o películas de internet, el copiar discos que nos dejan los amigos, es distinto. No hay ánimo de lucro, la mayoría de la gente no es capaz de hacerlo sin demasiado esfuerzo, por lo que alguien no acostumbrado a la red generalmente prefiere comprar los discos a tener que buscarlos. Los que se los bajan son una minoría que, además, no suele buscar los éxitos del momento, sino discos “raros” y muchas veces inencontrables en las tiendas.
Más cosas: la tecnología existe. Por muchas leyes que se aprueben, por muchos manifiestos que firmen la SGAE y asociaciones como ella, la tecnología va a continuar existiendo. ¿De verdad se pretende mandar a alguien a la carcel por usar una tecnología perfectamente legal? Habrá que buscar una forma de hacer las cosas, de que nadie salga perdiendo demasiado en todo este tinglado. Porque todo este tema está tomando un cariz que no beneficia a nadie, ni a los consumidores, ni a los propios autores.

