Ha transcurrido casi un mes desde mi última anotación, un período de tiempo a partir del cual es lícito comenzar a pensar que un blog ha entrado en coma. Tengo excusas aceptables para ese largo silencio, pero no me voy a acoger a ellas: momentos para escribir he tenido, si hubiera querido hacerlo. El problema es otro, lo podría enunciar como una cierta indefinición del tipo de blog que deseo que sea Octaedro. Tiempo para escribir sí tengo, ya lo he dicho, pero no dispongo de mucho para documentarme, con lo que no puedo tratar los temas con la profundidad que desearía.
Octaedro, por tanto, seguirá siendo una bitácora meramente personal. Pero seguirá siendo, esa es la decisión más importante que he tomado durante este período de silencio. Una bitácora en la que se recojan meras opiniones personales del autor sobre los diversos temas. Cuando haya tiempo de profundizar en alguno de ellos, se hará, pero no será la tónica general.
Durante este largo período, además, se han producido noticias de cierta importancia, sobre las que no he dicho absolutamente nada. No me refiero a la muerte de un Papa y la consiguiente elección de otro (que parece que no va a suponer cambios de importancia en la dirección que ha llevado la iglesia en los últimos años), que con ser un tema indudablemente importante, a mí me deja más o menos frío. No, hablo de la aprobación por parte del gobierno de ese vago plan antipiratería que nos afecta a todos los que utilizamos la red de una forma que parece dificil concretar. ¿Se va a perseguir a los internautas que utilicen las redes p2p? ¿Se va a intentar obligar a las compañias que dan acceso a la red a censurar los contenidos que guardan en sus servidores o a informar de los movimientos de los internautas que se conectan a través de ellas? No sé lo que ocurrirá a partir de este momento, tal vez nada por lo que debamos preocuparnos, pero a mí todos estos movimientos me producen cierta inquietud. Porque durante este mes no he escrito en Octaedro, pero sí he seguido la red y sus debates, con menos intensidad, pero con el mismo interés de siempre.
En fin, estoy aquí de nuevo, un poco a salto de mata, racaneando tiempo (momento de esos de los que hablaba antes) para mantener con vida a Octaedro.
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