Escribir y no publicar
Adolfo me ha dado la solución, como siempre que tengo alguna duda en relación con la escritura. Sus cinco puntos sobre la vida sin blog son lo que vengo tratando de hacer desde hace unas semanas y no consigo, al menos plenamente. Estoy en su mismo caso, el trabajo y otras cuestiones personales me alejan de Octaedro y de la escritura en general, de la reflexión y la calma que siempre he asociado con ella. Pero tengo una moleskine en la que escribo de cuando en cuando y, sobre todo, anoto los libros que me llaman la atención y que leeré cuando vuelva a tener tiempo para mí. Y me siento un poco como él dice, como si estuviera escribiendo una bitácora, pero fuera de internet, una bitácora analógica, de papel y tinta.
Lo que ocurre es que cuando escribo y no publico, lo que escribo se me convierte en íntimo, casi impublicable. En Octaedro intentaba hablar de libros, de cultura, informar (dentro de la medida de mis posibilidades) de lo que llegaba a saber, a leer, a contemplar en un cine o en la pantalla de mi dvd (mi televisor). En la moleskine, en los otros cuadernos, hablo de mis perplejidades y zozobras, de mis dudas y de mis cabreos. Y, hoy por hoy, no se me ocurre una forma válida de trasladarlos a la bitácora. En lo que sí que estoy de acuerdo, y cada vez más, es en que un blog no muere porque uno deje de actualizarlo o porque no lo haga a diario. Un blog continúa estando ahí, aunque haga semanas que no te asomas a él. Al menos eso me gusta pensar.
