Pereza
Octaedro comenzó como un sitio en el que hablar sobre escritura. Escritura de ficción, sobre todo, que era lo que más me interesaba entonces, cuando comencé a leer bitácoras y a querer publicar una. Me proponía recoger páginas en las que se dieran consejos sobre cómo escribir mejor, eso que alguien ha llamado la “autoayuda” del escritor (algunas de esas páginas aún permanecen enlazadas aquí al lado). Entonces sólo me interesaba eso, debo confesarlo. Me recorría la red en busca de esas páginas, en busca de escritos de autores en torno a lo que significa escribir que alguien hubiera tenido la caridad de colocar en la red. Estaba en crisis de creatividad, “perdiendo la escritura”, en expresión de Adolfo.
No he recuperado la escritura, al menos la de ficción. Ya no recuerdo ni el tiempo que hace que no escribo un relato, que no muevo a un personaje por un escenario, ni pienso con imágenes. Por ahí, en mi disco duro, hay algunos relatos empezados, apenas apuntados, a los que no he vuelto. Al contrario de lo que pensé en un primer momento, Octaedro no me ha servido para recuperar esa escritura de ficción. Me ha servido para otra cosa, para descubrir la red en una dimensión que en aquel momento yo no conocía. Me ha servido para ver todo esto como algo vivo, que se desarrolla día a día, que va cambiando a velocidad de vértigo, algo a lo que cualquiera, de una de las muchas formas posibles, puede contribuir. A través de una bitácora, colaborando en la wikipedia, compartiendo enlaces. Defendiendo el software libre y el libre acceso a la cultura. Pero sobre todo, considerando a la red como un ámbito que es de todos y en el que todos colaboramos.
Pero nada de todo esto es incompatible con la escritura de ficciones. No hay excusa: si no escribo relatos, será otra la razón. La pereza, por ejemplo. Tengo delito.







