Archive for octubre, 2005

Consejos para bloggers

Circulan por ahí varios consejos para bloggers noveles y no tan noveles que son obra de Joi Ito (a quién no conocía, como no conozco a la mayoría de los bloggers que no tienen como lengua materna el español) y que han sido posteriormente traducidos por Enrique Dans. Me gustaría ponerlos aquí, pero ya lo ha hecho Manolo Almeida en su blog, así que me limito a enlazar a los tres para que podaís leer directamente los consejos. Yo también (no voy a ser menos) los suscribo, incluido el último, que a Manolo le hace dudar:

Escribe pronto, escribe mucho. No esperes a que tus ideas estén maduras o completas. Cuando sientas algo de inspiración, sácala por la puerta rápidamente, después ya actualizarás la entrada o escribirás otras a medida que la historia se desarrolla.

Manolo cree que un poco más de reflexión estaría mucho mejor, sobre todo cuando los temas tratados son, por decirlo así, delicados. En esos casos haría falta documentarse y escribir con conocimiento de causa. Estoy completamente de acuerdo con él, pero la idea de Joi Ito de ir desarrollando los pensamientos a medida que la historia se vaya desarrollando, me gusta mucho. Yo no lo hago, por eso tal vez me atrae. El blog se convertiría así en un sitio en el que uno va hilando sus pensamientos a la vista de todos, incluo con su ayuda a través de los comentarios. Sería un lugar en perpetuo movimiento, en el que las ideas van evolucionando, cambiando, en el que el discurso escrito se produce sobre la marcha y también la revisión. Nos alejamos así de la idea de artículos, escritos y publicados, y nos quedamos en un “work in progress” constante, que requiere de las aportaciones de otros a través de los comentarios o de las anotaciones que mientras tanto se produzcan en otros blogs.

La idea es muy interesante y, aplicando las normas de Joi Ito, queda abierta a futuras reflexiones. Si quereis participar en ellas, ahí teneis los comentarios.

Entradas relacionadas:

De como romperse la cabeza por no recordar la primera máxima de la informática

Llevo varios días sin poder actualizar Octaedro desde casa. En el trabajo sí lo podía hacer, pero allí apenas si tengo tiempo para asomarme por el blog. Por tanto, como podeis suponer, me he vuelto loco estos días buscando el problema. Creí incluso que uno de los archivos del sitio podía tener algún tipo de problemas, así que lo baje mediante ftp, con la idea de sustituirlo por otro nuevo de una versión descargada de wordpress. Mi sorpresa fue mayúscula cuando ví que tampoco podía volver a subirlo a la carpeta de wordpress.

En fin, no os quiero aburrir con mis vagabundeos por la red en busca de una solución. Me he vuelto loco mirando foros, páginas sobre firefox, adsl y todo lo que se me ocurría. Y la solución, sin embargo, la tenía en mi mesa. La maldita conexión adsl. La he reseteado por el expeditivo sistema de desenchufar el router y volver a enchufarlo y, ¡voila!, todo ha vuelto a funcionar. Apagar y encender, la mejor solución para una amplia gama de problemas informáticos.

Máxima: si algo no funciona, prueba en primer lugar a apagar y a volver a encender.

Deberíamos hacer un pirograbado con ella y colocarla al lado de nuestra pantalla

Entradas relacionadas:

Descubriendo blogs

Es una gozada encontrar de vez en cuando nuevos blogs literarios, que es el tema hacia el que, teóricamente, Octaedro está enfocado. Demasiada tecnología, demasiada información de actualidad. Tengo que volver a enfocarme en la literatura en la red, descubriendo pequeñas joyas como ésta. Es el blog de Verónica Sukaczer, La vida con subtítulos, una periodista y escritora argentina. Un blog centrado en la escritura, preocupado por la escritura como a veces yo he estado en Octaedro. Precisamente el tema de este post, escribir o no escribir, es el mismo que tratamos aquí, hace unos días, en relación con otros escritos por Fabían y Miguel. Así que encaja perfectamente mencionarlo aquí (también lo enlazaremos permanentemente en la bitácora).

He llegado a él, todo hay que decirlo, a través de Jorge Letralia.

Entradas relacionadas:

Gombrowicz

Seguro Azar me recuerda que Witold Gombrowicz era uno de los autores que tenía en mis notas de posibles lecturas, o futuras lecturas, o el futuro posible de mis lecturas. El polaco es uno de los autores que ronda por las obras de Vila-Matas y, por tanto, es un pecado dejar de leerle. Aquí hay un compendio de información sobre su obra, publicado por la imprescindible Bitácora Almendrón, cuyo enlace nos proporciona Pedro y que habría que estudiar con detalle. Pero lo primero es lo primero: leer Ferdydurke, por ejemplo.

Entradas relacionadas:

El eclipse

La verdad, no he hecho mucho caso del eclipse. Venía oyendo hablar de él desde hace semanas, pero inexplicablemente el hecho no ha llegado a traspasar el umbral de mi conciencia. Hoy sí, en pleno eclipse me he dado cuenta de su importancia. La extraña luz del sol, las sombras de los árboles, convertidas en pequeñas medias lunas… Alguien me ha dejado unas gafas y lo he visto en todo su explendor. Luego, en la red, me entero de que el fenómeno no se volvera a repetir como hoy hasta el 2028, y me agarra un cierto vértigo. ¡Dentro de veintitres años! Me alegro de haber asistido al fenómeno, aunque sea por casualidad.

Entradas relacionadas:

Buscando una explicación a la escritura

Hace unos cuantos días Miguel se hacía una pregunta que todos los que escribimos bitácoras nos hemos hecho alguna vez. En su caso, la pregunta era ¿se escribe demasiado? En el de Fabián, que le contestaba en cierta medida, y en el de muchos otros bitacoreros la pregunta cambiaba a ¿por qué, para qué escribo? Las respuestas a ambas preguntas llegaban en la nota de Fabián y en los comentarios que suscitó el post de Miguel. Suscribo todas esas respuestas, como siempre he suscrito todas las explicaciones posibles al misterioso acto o anhelo de escribir. Todas me han parecido esencialmente válidas. Tal vez porque aún no he encontrado una que lo sea completamente para mí.

¿Por qué escribo? Y, sobre todo, ¿por qué escribo en esta bitácora, a la vista de todos? Durante mucho tiempo me he hecho la misma pregunta y, como no encontraba respuesta, una respuesta válida, casi terminé por abandonar la escritura. Por aquel entonces para mí la escritura estaba vinculada a una ambición, una ambición enorme, que hoy me hace reír. Uno acariciaba en secreto el sueño de llegar a ser algún día escritor. Con el tiempo, el tamaño de esa ambición terminó por ahogar la práctica de la escritura. Si uno no escribe para publicar y para ganar algo (dinero, fama, o que sé yo) con sus libros, pensaba, no tiene sentido escribir. Y por eso casi dejé de hacerlo, incluso cuando ya me ocupaba de Octaedro. Pero luego, leyendo libros, bitácoras, artículos y todo lo que se me ponía a tiro y que podía estar relacionado con lo que me interesaba, la escritura, llegué a algunas conclusiones en relación con esta extraña práctica. Conclusiones que me parecían válidas exclusivamente para mí, pero que Fabián ha reproducido en parte en su artículo:

Posiblemente la acción de escribir y publicar sea una respuesta a múltiples necesidades. Se escribe desde la soledad que la escritura rompe. Escribir es siempre una búsqueda de no se sabe qué. Escribir ocupa un tiempo que ninguno de los grandes espectáculos de la sociedad de masas satisface. Escribir implica profundizar un poco en el conocimiento de ese gran desconocido que somos nosotros mismos. Escribir es también luchar contra esa gran ausencia e insuficiencia de palabras que nunca son del todo válidas para expresar las ideas, sentimientos y emociones propios.

Escribir para uno mismo, para comprender. Esa es la idea que ahora me anima a continuar, en Octaedro y fuera de Octaedro. Creo que era Virginia Woolf quien animaba en sus cartas a alguien que no recuerdo a escribir en su diario los acontecimientos del día, para lograr así darles una existencia real, una existencia que no se diluyera en el tiempo. Para ella, lo que no se escribía desaparecía, era como si en definitiva no hubiera sido vivido. El punto de vista que sostengo es semejante en cierta medida a lo que decía Virginia Woolf. Escribir para que lo leído no se escape entre los dedos, para comprenderlo, para hacerlo propio. Escribir sobre lo que preocupa para que la preocupación cobre forma, se defina, y no se mantenga en el limbo de lo intuido pero nunca concretado. Otra idea relacionada, recogida al vuelo en una bitácora: la cultura (cito de memoria) es el pequeñísimo poso que nos va quedando de nuestras lecturas, del arte que contemplamos o escuchamos. Y la forma de aprehender ese poso cultural, de darle consistencia y conseguir que forme parte de nosotros, es escribiendo. Aunque nunca nadie nos lea.

Pero entonces, ¿por qué hacerlo públicamente? ¿Por qué no guardar nuestros escritos en la intimidad de nuestro ordenador? Yo creo que por generosidad, por afán de compartir. Tal vez escribiendo alcancemos alguna iluminación, alguna idea curiosa e interesante. Todo es posible. En ese caso, sería muy desconsiderado por nuestra parte no ponerla a disposición de quien, de tarde en tarde, se asoma por nuestra página.

En fin, la respuesta a la pregunta de Miguel es sí, probablemente se escribe demasiado. Probablemente no tenemos tantas cosas que decirnos unos a otros, ni siquiera a nosotros mismos. Pero también es posible que, de tanto en tanto, hagamos algún feliz descubrimiento, comprendamos algo que hasta el momento nos parecía oscuro o se nos ocurra una idea para poner en práctica la mar de estimulante. Sólo porque existe esa posibilidad (yo al menos) continuamos escribiendo y leyendo.

Entradas relacionadas:

« Página anterior