Procrastinación en la blogosfera
Estaba a punto de ceder a la tentación de procrastinar (cuesta trabajo de pronunciar la palabreja) esta entrada, pero al final me he sentado frente al teclado y me he disciplinado para tratar un tema que me interesa profundamente. No era cuestión de perder lo oportunidad de hablar de esta “enfermedad” que sufro en silencio (como otros las almorranas), ahora que varios miembros de la blogosfera se declaran también afectados. Y yo que me creía único. El tema lo comenzó Alvy, en Microsiervos, y lo continuaron Enrique Dans y Manuel Almeida. Y yo…, bueno, yo lo sufría en silencio, como he dicho, así que me he sentido renconfortado por hallarme por fin en compañía.
Pero mi caso es un poco especial. Ellos no procrastinan en la bitácora (a juzgar por el ritmo de actualizaciones que arroja el Bloglines) y yo sí. Este es uno de los sitios en los que más procrastino, la verdad, no sé por qué. Tal vez debería estudiar el problema seriamente. Uno debe procrastinar aquello que no tiene demasiada importancia, al menos eso es lo que dice Paul Graham, y ocuparse de lo que sí la tiene. Es la procrastinación buena, la procrastinación útil. En eso yo no discrimino, procrastino todo, lo que tiene importancia y lo que no la tiene. Me identifico claramente con la definición de Cyberf: empiezo cincuenta cosas a un tiempo y tengo que sudar si quiero terminar una sola de ellas con cierta garantía de éxito.
En fin, como he dicho, es uno de mis temas favoritos. Sólo que siempre he llevado ese interés en silencio, como si de una enfermedad vergonzosa se tratase. Reconforta saber que no soy el único que la padece.
Por cierto, siempre he odiado esa palabra. Me gusta más postergar.
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