Archive for diciembre, 2005

Procrastinación en la blogosfera

Estaba a punto de ceder a la tentación de procrastinar (cuesta trabajo de pronunciar la palabreja) esta entrada, pero al final me he sentado frente al teclado y me he disciplinado para tratar un tema que me interesa profundamente. No era cuestión de perder lo oportunidad de hablar de esta “enfermedad” que sufro en silencio (como otros las almorranas), ahora que varios miembros de la blogosfera se declaran también afectados. Y yo que me creía único. El tema lo comenzó Alvy, en Microsiervos, y lo continuaron Enrique Dans y Manuel Almeida. Y yo…, bueno, yo lo sufría en silencio, como he dicho, así que me he sentido renconfortado por hallarme por fin en compañía.

Pero mi caso es un poco especial. Ellos no procrastinan en la bitácora (a juzgar por el ritmo de actualizaciones que arroja el Bloglines) y yo sí. Este es uno de los sitios en los que más procrastino, la verdad, no sé por qué. Tal vez debería estudiar el problema seriamente. Uno debe procrastinar aquello que no tiene demasiada importancia, al menos eso es lo que dice Paul Graham, y ocuparse de lo que sí la tiene. Es la procrastinación buena, la procrastinación útil. En eso yo no discrimino, procrastino todo, lo que tiene importancia y lo que no la tiene. Me identifico claramente con la definición de Cyberf: empiezo cincuenta cosas a un tiempo y tengo que sudar si quiero terminar una sola de ellas con cierta garantía de éxito.

En fin, como he dicho, es uno de mis temas favoritos. Sólo que siempre he llevado ese interés en silencio, como si de una enfermedad vergonzosa se tratase. Reconforta saber que no soy el único que la padece.

Por cierto, siempre he odiado esa palabra. Me gusta más postergar.

Entradas relacionadas:

Buscando hosting

Ya os dije hace unos cuantos post que he adquirido un dominio para octaedro: octaedro.es. Ahora me falta encontrar el hosting de pago adecuado. Hace tiempo que quiero dejar f2o.org (que no es mal dominio gratuito, o no lo era, porque se cae cada vez con más frecuencia) y estoy buscando algo que sea bueno, bonito y barato. Pero os confieso que me encuentro un poco perdido. No me he tropezado con ninguna comparativa de sitios de hosting de pago enfocados, o más convenientes, a bitácoras, así que he ido examinando, una por una, todas a las que estoy suscrito en Bloglines para ver dónde estaban alojadas. Elías me dio la pista de un sitio que no está mal, lunarpages, pero quiero ver si encuentro más para comparar. Hasta ahora he sido capaz de identificar seis o siete, pero el problema es que no sé si son los más adecuados para alojar blogs. ¿Cuáles conoceis vosotros? ¿Sabeis de alguna comparativa publicada en la web? Echadme una mano, si podeis, a través de los comentarios. Os estaré muy agradecido, si no eternamente, si durante mucho tiempo. Lo prometo.

Entradas relacionadas:

Aunque no entendamos nada

Los libros que me interesan son aquellos que el autor ha comenzado sin saber de qué trataban y los ha terminado igual, en la misma penumbra. Los libros que amamos son aquellos que, como decía Proust, parecen escritos en una lengua extranjera. Son aquellos que, felices de no entenderlos, seguimos leyendo con entusiasmo. Así lee César Aira, por ejemplo, y tal vez por esto anda a veces recordándonos que la primera función del arte es extrañar, romper los hábitos de la percepción y volver nuevo lo viejo.

Enrique Vila-Matas, Aunque no entendamos nada, suplemento Babelia, pág. 24, El País, sábado 28 de junio de 2003.

Entradas relacionadas:

Doble bitácora

Al hilo del comentario de Eugenio Martinez (Tinta Digital) a mi anterior post, se me ocurre una idea que tal vez pudiera ser interesante. No sé, juzgarla vosotros. Se trataría de trabajar con dos bitácoras: una, como dice Eugenio, anónima (o bajo seudónimo), que sirviera de borrador a la otra, que sería la oficial. En la primera el autor expondría los planteamientos iniciales del tema que se propone tratar en la segunda: pediría la colaboración de los lectores, iría documentándose, elaboraría una especie de mapa mental del tema que se propone tratar. Una vez realizado todo ese trabajo, el artículo definitivo pasaría a ser publicado en la otra bitácora.

Podría ser un sistema interesante, aunque en principio le encuentro dos problemas. El primero, el anonimato. Al cabo de un tiempo, la coincidencia de temas terminaría siendo detectada, lo que quizá tampoco sería negativo. Se podría admitir abiertamente la vinculación entre las dos bitácoras. No sé, habría que estudiar el tema un poco más profundamente. El segundo problema se concreta en una pregunta: ¿y si alguien se nos adelanta, recoge todo el trabajo que hemos hecho y publica el artículo en su bitácora antes (y quizá mejor escrito) que nosotros?

Mis divagaciones de un lunes por la mañana.

Entradas relacionadas:

El blog como punto de partida

Eugenio Martínez se plantea en este post, por enésima vez en la blogosfera, cuál es la función que cumplen los blogs. Me interesa sobre todo la distinción que establece entre blogs como punto de partida o blogs como fin. Me interesa más el primer concepto:

Como punto de partida, las bitácoras son excelentes. Primero, dan paso a reflexiones, comentarios e ideas que surgen de forma esporádica, como las pequeñas mutaciones en la evolución. Luego estos posteos son puestos a pruebas mediante la retroalimentación de los lectores, las reacciones de otros bitacoreros, y la autocrítica del autor. Y luego, si el joven posteo se adapta bien al contexto y a las ideas que lo rodean, es aceptado. Si su ambiente no es favorable, es rechazado y olvidado. Esta selección natural cibernética da paso a que un simple posteo vaya evolucionando hacia algo más complejo y elaborado. Deja de ser posteo y se convierte en proyecto académico, en un ensayo, en un libro, en una conferencia, en un cuento, en un diseño, en otra bitácora, o simplemente en otro nuevo posteo mejor.

Sin embargo, el planteamiento que he seguido hasta ahora con Octaedro se acerca mucho más al segundo, es decir, el blog como fin. En mi caso, el blog ha sido una forma de dar a conocer mi manera de escribir, mis preocupaciones en relación con temas literarios, etc. Pero en todo caso, con la intención de que todo lo publicado fuera un producto terminado, y no algo en curso que se aprovecha en gran medida de la retroalimentación que suponen los comentarios. Son dos formas distintas de desarrollar el trabajo en un blog, a priori ninguna es mejor o peor que la otra. Pero a mí me ha perjudicado en cierta medida el enfoque que he desarrollado. Porque exponer un trabajo en curso, ideas, planteamientos, descubrimientos cuyo valor uno no esta seguro de conocer, lleva a una cierta agilidad en la escritura, a la sensación de que uno ofrece borradores con la esperanza de que los comentarios le permitan mejorarlos. Lo otro, publicar lo que casi son artículos, trabajándolos previamente, puliéndolos en solitario, me ha conducido, a mí personalmente, a un cierto bloqueo. Para que el contenido del blog sea consistente, sea un producto finalizado, hace falta tiempo, bastante tiempo. Si te tomas la publicación en red como una manera de tomar notas, de reflexionar (un poco a la vista de todo el mundo y con su ayuda), el trabajo en el blog adquiere una mayor ligereza.

Entradas relacionadas:

Julián Marías

Mientras tanto el padre republicano y vetado ha sido más bien ignorado por esta etapa democrática, por los herederos de Julián Besteiro. No ha tenido reconocimientos oficiales, igual que en tiempos de Franco. Ni siquiera un mísero Premio Nacional de Ensayo, que se ha otorgado hasta a autores noveles con obras más bien escolares. Nada de esto es grave, no creo que al padre le importe mucho. Pero el hijo ha tenido que escuchar muchas sandeces en boca de imbéciles y de malvados. En otro periódico ha escrito una semblanza pacífica. El hijo se disculpa por hacer hoy público en este su resentimiento.

Ayer murió Julián Marías. Hace once años, su hijo Javier escribió estas palabras en El País. Bueno, estas y muchas más.

Entradas relacionadas:

Cosa por cosa

Cosa por cosa. Y sin embargo, todas están ahí, nos embarullan, nos marean. Es como un delicado ballet: no dejarse avasallar ni confundir por los demás bailarines, pero sin ignorar que están en escena, que de nuestro paso tanto como del suyo depende la armonía del conjunto. Saber “voy circulando por el hilo de todo, pero ahora estoy en esto”. Hablo del narrador testigo, de la memoria, de la coherencia en los relatos, de su elaboración del interlocutor, del juego, de la improvisación, de la mentira, del tiempo, y todo depende de todo, ya lo sé, en cada apartado de estos que recorto y pego con una leyenda al margen, se mezclan cosas de los demás, pero qué le voy a hacer. No tengo más remedio que separarlos de alguna manera. Tampoco me voy a dejar asfixiar por las adherencias que crían entre sí. Aislar unos argumentos de otros mientras se le está prestado atención a cada uno, si no menudo follón.

Carmen Martín Gaite, El cuento de nunca acabar, Anagrama, Barcelona, 1988, pag. 316-317.

Este párrafo de Carmen Martín Gaite (que pertenece a un libro que os recomiendo fervorosamente) viene al pelo para lo que comentabamos unos post atrás (hace ya muchos, muchos días) sobre el caos de la información y la necesidad de encontrar un sistema para organizarla. Ya veis, Martín Gaite no necesitaba internet para bregar con un montón de informaciones y tratar de sacar algo en claro de ellas. No lo necesitaba porque ella misma producía sus mensajes: todos procedían de su propia experiencia. En serio, os recomiendo que leais este libro (me están entrando ganas de releerlo).

Nota al pie (justificativa): Ultimamente estoy muy aperreado con Octaedro. Tengo cosas en el tintero, lecturas hechas y que merecería la pena comentar aquí, pero no me pongo. También tengo pendiente cambiar de host, la informalidad de F2O con las cuentas gratuitas comienza a ser legendaria. Pero ahí sigo, esperando que cambie el viento de mis estados de ánimo.

Entradas relacionadas:

Sergio Pitol

La literatura light ha existido siempre. Al lado de Dickens, Balzac o Flaubert hubo otros escritores que hacían novelas dulzonas e irreales. Cada generación ha producido estos escritores, cuando yo era joven estaban A. J. Cronin, Vicky Baum y Lin Yu Tang, por ejemplo, quienes se dedicaban a lo suyo con una profesionalidad notable y no sentían competencia de Thomas Mann, de Virginia Wolf o de William Faulkner. Ni se molestaban porque no se hicieran tesis sobre ellos, ni por quedar fuera de las historias de la literatura. Tenían su público (ése que ahora ve telenovelas o lee la actual literatura light) ganaban mucho dinero y no creaban ningún conflicto en el mundo literario, los límites estaban muy claramente definidos y ningún escritor verdadero los hubiera insultado porque hubiera sido una villanía. Cada quien estaba en su feudo. Pero ahora las editoriales han hecho una combinación macabra: convertir a escritores que podrían ser serios, escritores de verdad, en escritores light. Y, en el camino contrario, algunos escritores ?y escritoras- que nunca hubieran tenido ningún prestigio porque son muy malos y sólo se manejan en los límites de lo light, son impuestos como si fueran Lampedusa o Stendhal y hablan de James Joyce como de un consanguíneo. No mencionaré a ninguno por no incurrir en villanía con esas pobres almas enfermas de vanidad.

La redacción tiende a la claridad, está sujeta a reglas fijas y se utiliza para describir un asunto. Un tratado o un manual tienen que estar bien redactados porque se necesita que todo se entienda claramente. La escritura, en cambio, no está sujeta a ninguna regla (excepto las de ortografí­a) y se alimenta de la parte irracional del individuo. El periodismo debe estar bien redactado; un texto literario no puede no estar bien redactado, pero además debe tener una gran pasión interna. La redacción es siempre visible, la escritura tiene varias capas, tiene un subsuelo y mientras vas leyendo el lenguaje te va sugiriendo otras lecturas. La redacción apunta al orden y la escritura a la locura.

Desde hace cuarenta años escribo un diario. A veces leo unos pasajes de distintos años. De repente salta la serpiente y se pone en movimiento. Doy unidad a lo disperso, a lo antagónico y de pronto estoy ya en la novela.

Las dos primeras citas proceden de un artículo de Milagros Socorro, Sergio Pitol: Una cosa es redactar y otra, muy distinta, escribir. La segunda, del post de El florido byte:Sergio Pitol, premio Cervantes 2005: rapto de bravura, que me recomendó Magda en los comentarios a mi poco inspirado post anterior. La primera me hace pensar en el reciente escándalo del premio planeta. La segunda, y en cierta medida la primera, deja clara la existencia de varios niveles en la escritura, niveles con finalidades diferentes y que, para Sergio Pitol al menos, no tienen la posibilidad de confundirse entre sí. Por último, la tercera representa la esencia de la escritura, una serpiente que se mueve y retuerce, que se enrosca y comienza de nuevo donde parecía haber terminado. Siempre que leo algo así en relación con la escritura pienso en el jazz y en la improvisación en la que se basa.

Sí, como me decían David y Magda, Sergio Pitol es muy recomendable. Es imperdonable que yo no haya abierto aún un libro suyo.

Entradas relacionadas:

¿Seguro que me lo merezco?

El último premio Cervantes: Sergio Pitol. Debo reconocer que apenas me suena su nombre, pero a juzgar por lo que cuenta de él El País, pinta bien. Rareza creativa, cuentos y algo de ensayo. Ciertamente me llama la atención

El País: La rareza creativa de Pitol gana el Cervantes

Entradas relacionadas: