Archive for Octubre, 2006

Buzzati

De Buzzati, de quien el 16 de octubre se cumplieron los 100 años de su nacimiento, he leído únicamente la estupenda El desierto de los Tártaros. Por pura casualidad, la encontré en un centro comercial, entre los libros de saldo. No recuerdo cómo llegué a saber de ella, ni de su autor, pero conocía a ambos, así que me compré el libro. Me fascinó y lo ha seguido haciendo en otras dos lecturas que hice posteriormente… Ah, ahora lo recuerdo, fue por Borges, es uno de los libros que amaba (ya sabeis, Borges decía “que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mi me enorgullecen las que he leído”). Me fascinó, decía, su extraña aura de soledad y misterio. He en algún sitio he leído que tiene algo de Kafka, y es cierto, tiene esa sensación de que la realidad es una maquinaria inmensa que nos aplasta, que nos ahoga en el absurdo. Los soldados de la Fortaleza Bastiani están condenados a esperar la llegada del enemigo en una fortaleza solitaria…

(a través de Moleskine literario)

Gente que escribe

Durante un tiempo (¿ha acabado ya?) soñé con ser escritor. Y escribí, cuentos, y gané algún concurso. Intenté novelas, pero me empantané en ellas. Nadie me aseguraba que fueran buenas, que merecieran la pena. La sospecha de que perdía el tiempo era muy fuerte. Por eso, quizá, entiendo lo que dice María Dubón (en ésta, su otra bitácora). Siempre pensé que una cosa era escribir y otra ser escritor, que escritor, lo que se dice escritor, sólo lo era aquel que había alcanzado un volumen importante de obra publicada, que había sido reconocido con una cantidad x de premios y que publicaba columnas en la prensa bajo el apelativo de “escritor”. Los otros eran, eramos, simplemente gente que escribía. Pasar de una a otra categoría era difícil. De hecho, de los muchos que conocí que lo intentaron dedicándole esfuerzos y ganas, uno o dos lo consiguieron, sin garantía de permanencia. Muchos otros “escritores-gente que escribe” quedaron en el camino.

(a través de Libro de Notas)

Budismo

En el budismo, al que sólo me he acercado por encima (como me ocurre, por otra parte, en relación con la mayoría de las cosas), intuyo la única filosofía vital que puede llegar a producir paz. Sin embargo, la vida que llevamos se me antoja tan distante que me parece difícil compaginarla con algún tipo de práctica que acerque a dicha paz. Es, probablemente, una forma de vida que exige el abandono de al menos una parte de la manera occidental de vivir. María Dubón habla de Buda y del budismo.

Sololiteratura.com

Sololiteratura.com, una página sobre autores hispanoamericanos que recoge datos biográficos y bibliográficos, incluso determinados textos de los autores o sobre los autores: entrevistas, conferencias, artículos, etc. También incluye una selección de enlaces de cada autor bastante completa. Sololiteratura.com tiene también una editorial (Editorial Candaya) y un blog con el que, supongo, que podremos seguir las nuevas incorporaciones a la página.

(A través de Libro de Notas)

Lectura: Cuentos, de Augusto Monterroso

Cuentos, Augusto MonterrosoHe continuado mi vuelta a la actividad lectora con los cuentos de Monterroso. Hace tiempo que quería ver publicado en letras de molde, con su título y su indicación en el índice, el celebérrimo microrrelato, el que todo el mundo menciona y todo el mundo se sabe de memoria. El del dinosaurio, vamos. Me parecía una experiencia interesante pararme en la página, leerlo con calma y reflexionar sobre él. Pero pronto me di cuenta de que, delante y detras de ese relato, había otros igualmente interesantes y que definían a Monterroso tanto como ese. Quiero decir que por culpa del dichoso relato yo me había forjado de él una imagen de autor de microrrelatos, cuando en absoluto lo es, o al menos no sólo lo es. Los suyos son relatos, a veces muy cortos, pero en la mayor parte de las ocasiones de una longitud normal. Y muy, muy interesantes. Uno de los temas que trata en estos relatos y que me ha llamado la atención es el de los escritores que no escriben. Leopoldo (sus trabajos) es la historia de un escritor a quien le apasiona la búsqueda de información. Consulta libros y más libros, toma nota de todo lo que le parece digno de ser mencionado en un relato, juega con ideas que se le ocurren de tanto en tanto. Pero no escribe. Desde hace una inverosimil cantidad de años, se dedica a la escritura de un cuento, cuento que no ha comenzado porque no ha sido capaz de decidirse por la victoria de uno de los dos protagonistas. Trata sobre el combate entre un perro y un puercoespín, pero eso es lo de menos. El asunto es que, durante todo el tiempo que lleva dedicado a escribirlo, ha sido capaz de agotar la información disponible sobre ambos animales, pero no de escribir una sola palabra.

No quería decirlo, pero me siento un poco identificado.

Cuentos, Augusto Monterroso

Lecturas: Una mujer en Berlín

Una mujer en BerlínHace unos días terminé Una mujer en Berlín (de autora anónima), que, como ya anuncié hace un par de anotaciones, ha sido mi vuelta a la lectura. Os pongo en antecedentes por si no habeis oído hablar del libro: se trata del diario de una mujer alemana a la que tocó vivir la entrada de las tropas rusas en el Berlín derrotado de la Segunda Guerra Mundial. Es un diario íntimo, una forma de supervivencia en unas circunstancias difíciles: su autora nunca había pensado en publicarlo, de hecho, una vez convencida de hacerlo, no quiso que su nombre apareciera. Por ello tal vez está redactado de una manera extremadamente realista, y en él no se ahorran comentarios negativos sobre la manera de actuar de sus compatriotas. Hay un eje temático, el principal problema que las mujeres vivieron en ese momento de crisis y disolución de una sociedad: las violaciones. El ejército ruso entró en Berlín a la caza de cuanta mujer se dejaba ver. Supongo que como han hecho todos los ejércitos a lo largo de la historia de las distintas guerras que en el mundo han sido. Estaba compuesto, en su mayor parte, por jóvenes campesinos, hijos de un pueblo joven e inexperto, y las mujeres alemanas les parecían sofisticadas, distintas a las mujeres de su tierra. Los primeros días las violaciones eran generalizadas y en masa. Las mujeres temblaban en cuanto las botas de los soldados rusos resonaban por las escaleras de sus casas. Más adelante, como le ocurrió a la autora del diario, aprendieron a “buscarse un lobo que las protegiera de los demás lobos”, a ser posible de alta graduación. Con el tiempo, las violaciones se convirtieron en intercambios. Ellas daban sexo a cambio de comida, porque sus amantes rusos siempre llegaban con arenques o tocino debajo del brazo.

Se fueron acomodándo a la situación, más preocupadas por la vida de todos los días y la manera de seguir adelante entre el hambre y la destrucción de su mundo, dando por buena la intuición de la autora de que ellas eran el auténtico “sexo fuerte”. Los hombres alemanes permanecían en un discreto segundo plano. La autora narra como, en una ocasión, asistió al momento en que unos soldados rusos trataban de sacar a una mujer por la fuerza de un refugio. La mujer se resistía con todas sus fuerzas. Desde la puerta del refugio, un hombre asomado le recriminaba su comportamiento: “vaya con ellos, mujer, que nos está poniendo a todos en peligro”. La actitud es lo suficientemente elocuente. Sin embargo, cuando llega el final de la ocupación (al menos las tropas que habían estado acampadas en su calle se marchan y comienza a haber un mínimo de organización que pone en marcha de nuevo la vida social de la ciudad), los hombres, que vuelven a asomar la cabeza y a reclamar su derecho a sus mujeres y a su mundo, les recriminan su actitud. Ellas, para soportar la situación, habían recurrido al humor y hablar abiertamente de lo ocurrido. Así, la autora, a cada mujer que conoce, le pregunta cuantas veces ha sido violada. Con algunas intercambia bromas y burlas sobre la capacidad amatoria de los rusos. Pero cuando su novio vuelve de su ausencia militar, no entiende lo que le parece “desvergüenza” de las mujeres alemanas.

Merece la pena leer Una mujer en Berlín, sobre todo porque el sufrimiento de otros pueblos durante la Segunda Guerra Mundial está suficientemente documentado, no así el del pueblo alemán. Cierto es que ellos fueron los principales causantes de la tragedia europea, pero no está demás comprobar que, detrás de unos líderes despiadados había un pueblo, unas personas, una vida diaria en parte ajenas a lo que ocurría en los campos de concentración y en los países invadidos (los alemanes escondidos en los refugios comentan la crueldad del ejército que se les viene encima, sobre la que han oído rumores. Alguien comenta entonces que también los alemanes, los “nuestros” se comportaron con extrema violencia durante el intento de invasión de la Unión Soviética).

Lecturas pendientes

Reiniciando, volviendo a leer, ordenando nuevamente mi biblioteca, en la que los libros que iba adquiriendo (porque siempre me llega alguno; si no lo compro yo, alguien me lo proporciona) se colocaban en lugares que no les correspondía. Limpiando el polvo de todo este tiempo (los retornos de un solo post no cuentan) y volviendo a la vieja tarea de leer y releer. Y a la más vieja aún de escribir y reescribir, aunque ésto último provoque a veces una pereza insuperable. Aún no tengo muy claro el enfoque de esta nueva etapa de Octaedro, pero lo que sí he visto con toda luminosidad es la necesidad de volver a escribir, de escribir porque sí, porque me iba apeteciendo. No aspiro a que, en estas primeras anotaciones tras la vuelta, muchos de los que me leíais volvais a hacerlo; no, lo único a lo que aspiro es a retomar un ritmo que antes tenía en esta manía de juntar palabras. Y hacerlo aquí, a la vista de quien quiera leerme, y no en el remoto disco duro de mi ordenador (de mis ordenadores, porque ahora tengo dos: hace poco me agencié un portátil).

Sobre la mesa tengo un libro de cuentos de Augusto Monterroso (mi futura lectura, supongo), y en mente unos cuantos. Puede que incluso me atreva con el Ulises de Joyce, una lectura siempre pospuesta para un hipotético momento ideal que nunca llega. Hojeando el Moleskine literario de Ivan Thays me doy cuenta de todo el material que hay por leer, sólo en el ámbito hispanohablante. Así que hay que remangarse y ponerse ya a la tarea.