Lecturas pendientes
Reiniciando, volviendo a leer, ordenando nuevamente mi biblioteca, en la que los libros que iba adquiriendo (porque siempre me llega alguno; si no lo compro yo, alguien me lo proporciona) se colocaban en lugares que no les correspondía. Limpiando el polvo de todo este tiempo (los retornos de un solo post no cuentan) y volviendo a la vieja tarea de leer y releer. Y a la más vieja aún de escribir y reescribir, aunque ésto último provoque a veces una pereza insuperable. Aún no tengo muy claro el enfoque de esta nueva etapa de Octaedro, pero lo que sí he visto con toda luminosidad es la necesidad de volver a escribir, de escribir porque sí, porque me iba apeteciendo. No aspiro a que, en estas primeras anotaciones tras la vuelta, muchos de los que me leíais volvais a hacerlo; no, lo único a lo que aspiro es a retomar un ritmo que antes tenía en esta manía de juntar palabras. Y hacerlo aquí, a la vista de quien quiera leerme, y no en el remoto disco duro de mi ordenador (de mis ordenadores, porque ahora tengo dos: hace poco me agencié un portátil).
Sobre la mesa tengo un libro de cuentos de Augusto Monterroso (mi futura lectura, supongo), y en mente unos cuantos. Puede que incluso me atreva con el Ulises de Joyce, una lectura siempre pospuesta para un hipotético momento ideal que nunca llega. Hojeando el Moleskine literario de Ivan Thays me doy cuenta de todo el material que hay por leer, sólo en el ámbito hispanohablante. Así que hay que remangarse y ponerse ya a la tarea.
