Archive for noviembre, 2006

No me critiques…

Lo malo que tiene el correo electrónico para decir según que cosas es que, con un poco de suerte, puede recorrer el mundo mundial en cuestión de horas. Y no digamos ya si es un correo recibido por un blogger, en el que se le castiga por respondón con no asistir a la fiesta. Yo, que los de Electronics Arts, para las amenazas y los castigos recurriría al teléfono, que no deja huella (al menos yo no conozco a nadie que suela grabar todas sus conversaciones).

Electronics Arts: si me criticas no te ajunto.

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El valor de la libertad

Somos humanos cuando estimamos tanto el valor de la libertad que estamos dispuesto a pagarlo con el precio de tener que convivir con la irreverencia y lo hortera. No es necesario que nos hagan gracias los chistes, que nos entusiasme una ocurrencia teológica o aplaudamos a rabiar ante la escena de unas cabezas decapitadas. Podemos haber descubierto que el mal gusto o las opiniones peregrinas hacen muy difícil la convivencia, pero que su prohibición la hace radicalmente imposible.

Daniel Innerarity, Un mundo irritable, EL PAIS | Opinión 06-10-2006

(A través de Periodistas 21)

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Cronos y Kairos

Navegando por aquella parte de la blogosfera dedicada a la productividad y a la creatividad (una de mis últimos intereses) me encuentro con un artículo de Raúl Herrera en el que se expone una idea muy interesante. A saber, que hay dos tipos de tiempo:

Cronos se refiere en esta interpretación al tiempo que puede ser medido y planificado, y Kairos, al sentido de la oportunidad, del uso del momento preciso, que no puede ser planificado, sino que se da por estar atento al momento preciso, el momento en que seguimos la intuición, donde no hay tiempo para la reflexión, no podemos hacer análisis de costos beneficios, donde incluso no hay posibilidad de equivocación, ya que nunca sabremos que habría pasado si no tomamos la decisión que tomamos. Es el momento de una frase oportuna, de una sonrisa, de un compro-vendo, momentos que cambian el curso de la vida.

Cronos es el tiempo de la rutina, de las obligaciones, del despertador. Kairos es el tiempo del placer, de las actividades que nos gustan y a través de las cuales fluimos (como decía Mihaly Csikszentmihalyi). Sin embargo, dedicamos más tiempo a Cronos que a Kairos, o el tiempo que le debemos a Cronos nos parece más importante que el de Kairos. Raúl Herrera encuentra una explicación para ello: los pensamientos (podríamos llamarlos preocupaciones) que ocupan nuestra mente durante la mayor parte del día y que nos impiden disfrutar plenamente de lo que estamos haciendo o viviendo.

La idea tiene algo de budista.

(vía Productividad Personal)

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Estandarización

Las voces individuales son cada vez más raras. Cada voz, cada texto, se inserta en el nicho del mercado correspondiente al momento, se adapta a la palabra moda, a los códigos del mercado. Para ser escuchado, el escritor modula su voz, consciente o inconscientemente, según las exigencias del mercado o de sus posibles lectores. Aunque jamás se le pase por la cabeza, aunque lo niegue, esta traducción al lenguaje del mercado se produce al margen de su control: en el propio mercado, en la recepción de los textos, en la lectura, etc.

María Dubón, Voces globalizadas

El mercado estandariza los mensajes, aunque, como dice María Dubón, aparente diversificarlos. Llegamos así a que las necesidades de lectura de cada uno de nosotros esté cubierta, que todos encontremos respuesta en el mundo editorial, pero de una manera prefabricada. Lo que debería resultar subversivo para los valores que maneja la sociedad se encuentra, sin embargo, cuidadosamente editado y situado al lado de lo más convencional en una librería perteneciente a una gran cadena comercial. De esa manera, el mensaje ha perdido toda su fuerza, aunque probablemente ya la hubiera perdido antes, cuando fue elaborado por el autor de manera que pudiera encajar en los presupuestos editoriales, como dice María.

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El creador de WordPress

Lo malo que tiene la red para mí es que tiendo a perder de vista que tras una página, un blog, un foro o una aplicación siempre hay personas de carne y hueso. A veces tengo la sensación de que la red es un entorno completamente fuera de la realidad. Es como cuando uno circula en coche y tiene algún pequeño incidente con otro vehículo. De repente, del interior de la chapa brillante y los cristales que no dejan ver, sale una persona real, a veces completamente inesperada (tendemos, al menos yo lo hago, a asociar ciertos modelos de coches a ciertos tipos de personas). Lo mismo me ocurre con la red, por eso me resulta siempre curioso ver el rostro que hay tras algún item de la red. Matt Mullenweg, creador de WordPress (que es el sistema de publicación que empleo en Octaedro) está en Sevilla para participar en “Evento Blog España”, una reunión de bloggers para debatir sobre todo este tinglado que, según dicen, va a revolucionar el mundo de la comunicación. Me sorprenden su juventud y su no preocupación, por el momento, por vender WordPress y sacar una buena tacada de millones, como parece que comienza a ser la tendencia ahora. Apuesta por el software libre, como no podía ser de otra forma, y no tiene prisa por ganar dinero, lo que le honra. Le entrevistan en El País.

“Los bloggers deberí­an aspirar a cumplir las normas éticas de los medios tradicionales”

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El discurso de Paul Auster

Soy un desastre como blogger, lo reconozco. Aún no había enlazado el discurso de Paul Auster en la entrega del Premio Príncipe de Asturias. En realidad, ni siquiera lo había leído, ni me había preocupado de buscarlo. Y eso que Auster es un escritor que, a veces (algunas veces mucho), me gusta. Aquí está, en enlace de El País. Rafael Marín me lo ha recordado.

No tengo perdón.

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El libertario del conocimiento

Me pasa desde algún tiempo que cada vez que entro en Ataraxia, me encuentro con algo que me llama la atención. María Dubón ha escrito sobre el autodidacta como un curioso del conocimiento que se crea su propia visión del mundo sin someterse a programas ni a instituciones. El autodidacta sería el libertario del conocimiento, el único que estudia no para obtener un título o convertirse en un experto, sino por el mero placer del conocimiento.

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