Archive for diciembre, 2006

Relato: “Historia de un escritor”

Esta es la historia de un escritor que dejó de escribir. Desde su infancia había anhelado crear historias como las que leía en los libros, deleitarse imaginando peripecias en su cabeza antes de pasarlas al papel, y hay que decir que había logrado hacerlo, al menos en una cierta medida. Pero luego el anhelo cambió, se transformó en el anhelo de publicar, de vivir de la escritura. La escritura dejó de ser para él un juego, un vicio solitario, para convertirse en una profesión. Y ahí se encontró con su cruz. Escribía bien, sí, pero no lo suficiente como para poder soñar con convertirse alguna vez en algo más que un escritor secreto. Se esforzó durante un tiempo, pero luego lo dejó. No era un buen escritor. Durante mucho tiempo intentó convencerse de que sí, de que era capaz de escribir algo que se publicara y que le diera dinero, pero en su interior no estaba convencido de ello. Así que la escritura se convirtió en un tormento para él. Cuando se sentaba ante la pantalla blanca del ordenador enseguida sentía la necesidad de levantarse de inmediato: había olvidado hacer algo o simplemente tenía hambre, sed o necesidad de ir al lavabo. Luego, cuando regresaba, aún se demoraba un rato en cualquier página de internet. Cuando al fin reunía la voluntad suficiente, no conseguía sobrepasar las diez o doce líneas sin tener la fuerte tentación de eliminarlas al instante.

Estaba tan desesperado que un día dejó de estarlo. Una noche en la que tampoco escribió, que desperdició sentado frente al televisor mientras en su mente la idea de que debía escribir le horadaba y le deprimía, pensó de repente que no tenía necesidad. ?¡A la escritura que le den!?, se susurró a sí mismo. ¿Qué necesidad tenía? ¿Por qué? ¿Para qué? No era un buen escritor, ya no le gustaba escribir. Muy bien, pues punto en boca. Ya estaba. No había más que decir. De repente se sintió extrañamente aliviado. Podía mirar la pantalla del televisor y desperezarse con una sensación de liviandad como no había sentido en mucho tiempo. ¡A la escritura que le den! En la pantalla del televisor había un par de chavales haciendo lo que parecía ser una prueba de un concurso absurdo. Lo miró ahora con interés, saboreando la sensación de que aquel tiempo era suyo y no tenía que rendir cuentas de él a nadie.

Sin embargo, su aparente decisión le desveló aquella noche. No podía dejar de pensar en ello mientras daba vueltas en la cama. ¿De verdad era aquello una decisión, una decisión que estaba tomada, una decisión firme? ¿Iba a dejar la escritura? Pensó en el placer que le producía antes escribir, desgranar sus pensamientos frente a la pantalla del ordenador, corregir el texto una vez escrito. No podía creerse que aquello fuera a acabar. Había ocasiones en que no era capaz de imaginar algo, comprender un suceso hasta sus últimas consecuencias si antes no lo había escrito, si no lo había trabajado sobre el papel. En ocasiones no sabía que pensaba sobre un cierto tema si antes no había intentado escribir sobre él, si no había diseñado un discurso por escrito. Eso no podía haber terminado. Sintió un fuerte deseo de levantarse de la cama y ponerse a escribir, pero no hizo porque sospechaba que, una vez sentado frente al ordenador, sentiría lo mismo que había venido sintiendo durante los últimos meses.

A la mañana siguiente se sentó frente a la mesa con un propósito claro. La noche anterior había terminado por dormirse, no sin antes tomar una determinación, esta sí, completamente seria. Frente a la mesa, la recordó. Se trataba de recuperar la escritura, pero no la escritura que había intentado practicar, la escritura profesional, la que conlleva publicar y ganar dinero. No, esa no, la otra, la que siempre le había gustado. La escritura como práctica, como terapia, la escritura porque sí, porque quiero escribir, porque me gusta escribir y no me importa si me sale un churro de cuando en cuando.

(continuará)

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El factor humano

Después de las celebraciones navideñas, de la comida y bebida abundante, villancicos infantiles y variadas visitas a los templos del consumo, es un placer sentarse nuevamente frente a la pantalla del ordenador para comentar algo, lo que sea, o para bucear en la blogosfera. Pero es el periódico el que me llama la atención, una noticia que veo “oficializada” en El País pero que ya me había llegado por otros medios. Me refiero a lo que se propone Jimmy Wales, el fundador de la Wikipedia. Nada menos que crear un buscador que le haga la competencia a Google. Su baza: sería un buscador basado en la personas, en el elemento social de la red. Es la evolución natural de la web 2.0, de los sitios colaborativos, de los blogs. Al final el buscador somos nosotros, la tecnología no es más que una prolongación del ingenio humano. Es posible que nunca llegue a haber un megacomputador que rija los destinos humanos, o que las máquinas se revelen contra el hombre, porque, al contrario de lo que pensabamos que ocurriría, con el paso del tiempo estamos llegando a la conclusión de que el factor humano no puede ser obviado. Es incluso fundamental. Bien por ello.

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El nuevo lector

No sé si os ocurre lo mismo a vosotros, imagino que sí. A menudo me pierdo en la red. Me pierdo entre las palabras, entre los enlaces que me llevan a nuevas palabras. Desemboco en páginas inesperadas que me proporcionan nuevas palabras, y nuevos motivos de reflexión. A menudo me desespero cuando, después de una travesía de estas, me doy cuenta de la cantidad de tiempo que he consumido y que podría haber dedicado a cosas más urgentes -cosas que figuraban en mi agenda-. Soy un nuevo tipo de lector. Lo dice José Antonio Millán en este magnífico artículo: el lector Control F. José Antonio Millán cree plenamente en la vigencia de la red, cree que la red no va a suponer el final de nada, sino la mejora de muchas cosas. De la experiencia de la lectura, entre ellas. Y ello solo redunda en beneficio de los lectores, de los autores que solo anhelan ser leídos, incluso de los editores:

¿Quien va a salir ganando con esta situación. Todos: los autores, a los que el voraz flujo de novedades en las librerías ya no va a privar de lo que más les interesa: ser leídos (¡aunque sea en pantalla!). Los editores, porque gracias a los índices electrónicos mucha gente va a saber qué hay en el interior de sus libros, y gracias a las páginas de muestra los lectores van a transmitir su entusiasmo a otros. Y los bibliotecarios, porque ni soñando podían haber pensado en un cumplimiento mejor de su misión.

(Vía Libro de Notas)

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Tres cuestiones noticiosas

Tres cuestiones que me han llamado la atención esta mañana hojeando la versión virtual de El País. La primera, el fallecimiento de Joseph Barbera, el único integrante del dúo Hanna-Barbera que quedaba vivo. Por si no os suena de nada, os diré que son los autores de Los Picapiedra, Tom y Jerry, El Oso Yogui, Los Supersónicos. Yo crecí con esos dibujos animados, tenía libros gordísimos de cómics con esos personajes (los conocidos como Películas), y me sabía de memoría sus aventuras.

La segunda, la noticia de que Google ha firmado una alianza con la NASA para surtirnos de imágenes de la Luna y Marte y para que podamos seguir desde nuestro ordenador las actividades de exploración espacial. Parece que la Tierra se les ha quedado pequeña a los chicos de Google. El buscador sin fronteras llegará a otros planetas. ¿Algún día introducirán imágenes del interior del cuerpo humano para que podamos recorrerlo desde la pantalla de nuestro ordenador?

La tercera, por último, es la vigencia de la blogosfera rusa, que, por lo visto, crece sin parar como consecuencia del control que ejerce el gobierno de Putin en los medios de comunicación tradicionales. ¿Será Rusia el segundo país, después de China, en tratar de impedir a sus conciudadanos el acceso a los blogs y a otros recursos? ¿Las empresas occidentales se autocensurarán si el todopoderoso Putin se lo exige?

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Libros & Tecnología

De todas las aplicaciones de internet y los ordenadores, de todas las nuevas posibilidades que ofrecía lo digital, el ebook ha sido para mi lo más frustrante. Intercambiamos información, música, películas. Grabamos nuestros propios videos y los subimos a la red; nos comunicamos en tiempo real con el messenger; los carretes de película fotográfica y los laboratorios han pasado a la historia. Pero aún no podemos leer ebooks. A uno se le hace la boca agua cuando encuentra en algún lugar de la red un fichero comprimido que contiene cientos, sino miles, de títulos. Pero aún no ha aparecido la manera adecuada de disfrutar de ellos (la pantalla del ordenador no favorece largas lecturas, por mucho que uno se empeñe). El iPod de los libros, para que nos entendamos. Un dispositivo en el que uno pueda leer cómodamente todos los ebooks que quiera, sin que importen los formatos. Sin embargo, no hay que desesperarse, es la revolución pendiente, y, como todas las demás, también llegará.

Mientras tanto, un blog recien descubierto (via Libro de Notas) sobre el mundo del ebook y la edición, la tradicional y la digital: Libros & Tecnología.

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Nuevo aspecto

Hoy me he levantado con ganas de hacer cambios en Octaedro. Hace tiempo que quería hacerle un lavado de cara, con la esperanza de que un nuevo aspecto también implicara un nuevo enfoque, o un nuevo impulso, como si ver algo distinto del tono gris habitual pudiera influir en mis ganas de escribir. De momento, un theme nuevo, en el que posteriormente iré introduciendo algunos cambios. En este se ensancha el espacio del texto (con lo que habrá que escribir más para que cada post aparezca más “relleno”) y recupero algo que en su momento eliminé y que a mi me resulta muy práctico: el calendario. Es una buena manera, muy visual, de controlar la frecuencia de actualización de Octaedro. Uno puede, de un vistazo, darse cuenta de lo mucho o poco que ha publicado en el transcurso del mes.

¿Os gusta cómo queda?

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Kapuścińki y la falta de ideas

Viajes con HerodotoEn el pasado, el tiempo fue una excusa para dejar de escribir Octaedro. No tenía tiempo ni para asomarme aquí, mucho menos para escribir o actualizar la plantilla, o hacer esas cosas que se supone hace un blogger diligentemente dedicado a su función. Ahora tengo tiempo, pero no tengo ideas. Ahora (como antes, cuando no tenía tiempo), recorro la blogosfera, los medios de comunicación, las páginas perdidas que de cuando en cuando me gusta descubrir, y reconozco que los temas son muchos y muy variados. Pero Octaedro continúa en barbecho, lleno de hierbajos y piedras. Me tientan muchas cosas más allá de los libros, incluso libros más allá de los que suelo comentar, pero lo observo todo desde la barrera, dudando si lanzarme de nuevo a la arena…

En fin, a lo que iba. El caso es que he leído Viajes con Herodoto, de Ryszard Kapuściński (creía que por recomendación de JJ Merelo, pero ahora no encuentro el comentario que creí haber leído en su blog).Para quien no lo conozca, Kapuściński es un periodista polaco que en sus libros ha trascendido el periodismo y ha hecho literatura de viajes. En este libro nos habla de sus primeros viajes como corresponsal. Como periodista de un país de la órbita soviética, Kapuściński estaba obsesionado con viajar fuera de su patria, en realidad, simplemente cruzar la frontera, aunque sólo fuera para ir al país de al lado. Sus expectativas de entonces se vieron colmadas con lo que imagino que sería impensable para la mayoría de los periodistas de su país: fue enviado nada menos que a China, en un intercambio de periodistas entre países comunistas. Antes de marcharse, la redactora jefe de su periódico le regala un libro que, aunque en ese momento le parece extraño, más adelante considerará indispensable para sus viajes. El libro en cuestión es la Historia de Herodoto. A partir de ese viaje inicial, Kapuściński viajará por todo el mundo con el libro a cuestas. Lo leerá una y otra vez, y le servirá de evasión en muchos momentos en los que su trabajo, la dureza de lo que se ve obligado a vivir, se le convierta casi en insoportable.

La razón principal por la que Kapuściński no se separa del libro es que la figura de Herodoto se le antoja precursora de la labor del corresponsal. Herodoto es un historiador, pero sus fuentes no son sino las personas, los testigos directos de los hechos que recoge en su libro. Herodoto recorre el mundo hablando con ellos, tomando notas de todo lo que le cuentan. Accede a información que está vedada a historiadores más tradicionales. La labor del corresponsal es la misma, para Kapuścińki. Lo que escribe en las crónicas que cada día manda a su periódico es también historia. También él habla con los protagonistas y los testigos de los sucesos que narra.

Kapuściński, más que un mero corresponsal, es un filósofo. Al menos un poco filósofo. Sus reportajes son una mirada al mundo, más que el relato de unos hechos y unas condiciones de vida. Mira al mundo y reflexiona, y en esa reflexión Herodoto le ha proporcionado un apoyo inestimable.

Viajes con Herodoto es un libro muy recomendable.

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Felicidad escribiendo

Qué envidia da ese sentimiento del que habla Rafael Marín. Escribir como si las manos fueran autónomas del cerebro, y desgranaran por sí mismas una historia sin que la voluntad o el conocimiento parezcan intervenir. Qué placer.

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Una novela en colaboración

Me encuentro por la red (a través de eCuaderno) con un proyecto colaborativo que me llama poderosamente la atención. Escríbeme. Se trata de escribir una novela entre muchos autores, con el planteamiento (tanto que el proyecto se ha basado en su código) de Menéame. Es decir, los autores, registrados, irán proponiendo frases que continúen la historia; todos, autores registrados y visitantes anónimos, votarán dichas frases; y la que obtenga más puntos se incluirá en la historia. Es un ejemplo más de página colaborativa, muy web 2.0, pero con una idea que me parece sumamente interesante, tanto que voy a darme de alta como autor. El relato, como no podía ser menos, ha virado nada más comenzar hacia lo policíaco. Aún es pronto para decirlo, pero puede ser que llegue a interesante, aunque los personajes tendrán que cobrar más fuerza. Por el momento, me he limitado a votar por la segunda de las frases pendientes de aprobación.

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