Archive for diciembre 3rd, 2006

Kapuścińki y la falta de ideas

Viajes con HerodotoEn el pasado, el tiempo fue una excusa para dejar de escribir Octaedro. No tenía tiempo ni para asomarme aquí, mucho menos para escribir o actualizar la plantilla, o hacer esas cosas que se supone hace un blogger diligentemente dedicado a su función. Ahora tengo tiempo, pero no tengo ideas. Ahora (como antes, cuando no tenía tiempo), recorro la blogosfera, los medios de comunicación, las páginas perdidas que de cuando en cuando me gusta descubrir, y reconozco que los temas son muchos y muy variados. Pero Octaedro continúa en barbecho, lleno de hierbajos y piedras. Me tientan muchas cosas más allá de los libros, incluso libros más allá de los que suelo comentar, pero lo observo todo desde la barrera, dudando si lanzarme de nuevo a la arena…

En fin, a lo que iba. El caso es que he leído Viajes con Herodoto, de Ryszard Kapuściński (creía que por recomendación de JJ Merelo, pero ahora no encuentro el comentario que creí haber leído en su blog).Para quien no lo conozca, Kapuściński es un periodista polaco que en sus libros ha trascendido el periodismo y ha hecho literatura de viajes. En este libro nos habla de sus primeros viajes como corresponsal. Como periodista de un país de la órbita soviética, Kapuściński estaba obsesionado con viajar fuera de su patria, en realidad, simplemente cruzar la frontera, aunque sólo fuera para ir al país de al lado. Sus expectativas de entonces se vieron colmadas con lo que imagino que sería impensable para la mayoría de los periodistas de su país: fue enviado nada menos que a China, en un intercambio de periodistas entre países comunistas. Antes de marcharse, la redactora jefe de su periódico le regala un libro que, aunque en ese momento le parece extraño, más adelante considerará indispensable para sus viajes. El libro en cuestión es la Historia de Herodoto. A partir de ese viaje inicial, Kapuściński viajará por todo el mundo con el libro a cuestas. Lo leerá una y otra vez, y le servirá de evasión en muchos momentos en los que su trabajo, la dureza de lo que se ve obligado a vivir, se le convierta casi en insoportable.

La razón principal por la que Kapuściński no se separa del libro es que la figura de Herodoto se le antoja precursora de la labor del corresponsal. Herodoto es un historiador, pero sus fuentes no son sino las personas, los testigos directos de los hechos que recoge en su libro. Herodoto recorre el mundo hablando con ellos, tomando notas de todo lo que le cuentan. Accede a información que está vedada a historiadores más tradicionales. La labor del corresponsal es la misma, para Kapuścińki. Lo que escribe en las crónicas que cada día manda a su periódico es también historia. También él habla con los protagonistas y los testigos de los sucesos que narra.

Kapuściński, más que un mero corresponsal, es un filósofo. Al menos un poco filósofo. Sus reportajes son una mirada al mundo, más que el relato de unos hechos y unas condiciones de vida. Mira al mundo y reflexiona, y en esa reflexión Herodoto le ha proporcionado un apoyo inestimable.

Viajes con Herodoto es un libro muy recomendable.

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