Travels in the scriptorium
El privilegio de entender otros idiomas distintos de aqueste que tanto amamos, el español (también conocido como castellano) es poder leer libros de autores de países bárbaros antes de que alguien se tome la molestia de traducirlos. Yo entiendo malamente el inglés, no demasiado malamente, cuando me atrevo con un volumen publicado en Nueva York, completed and unabridged, y me he lanzado con uno recientemente aparecido en la tierra del rock. Paul Auster, como no podía ser menos. Curiosamente, Auster es uno de los escritores que más leo (al menos tiene una buena porción de estantería en el salón de mi casa) y que más me decepcionan. Me explicaré. Me gusta Auster, me gustan sus novelas (en general) y aprecio las pequeñas perlas que suelen aparecer en ellas de cuando en cuando. Me gustan sus temas, y su mundo me resulta atrayente. ¿Por qué digo entonces que me decepciona? Porque siempre me hace esperar más. En muchas de sus páginas hay una promesa, el vislumbre de algo suculento que, sin embargo, no termina de llegar. Al menos esa es la impresión que a mí me causa. Sin embargo, podría señalar en casi todos los libros de Auster párrafos que contienen pequeñas joyas.
Travels in the scriptorium (que Anagrama ya tiene preparada y a punto de lanzamiento) es una historia extraña, en la línea del mejor Auster. Un hombre mayor, al que sólo conocemos como Mr. Blank, se despierta una mañana en una habitación que no conoce, o al menos no recuerda. No sabe qué hace allí, ni quién es. Lo que intuye desde el primer momento es que está encerrado, a pesar de que en ningún momento se desplaza hasta la puerta para comprobarlo. Sobre la mesa hay un manuscrito que narra la historia de otro prisionero, además de un mazo de fotografías de personas que no conoce pero cuyas caras remueven algo parecido a la impresión de un recuerdo en su interior. Mr. Blank comienza a leer el manuscrito y no dejará de hacerlo mientras las visitas se suceden a su habitación. Una mujer, a la que identifica con una de las fotografías del mazo, un ex-policía, un médico, otra mujer. A lo largo de las visitas y de la información que proporcionan, vamos descubriendo un pasado un tanto turbio, alguna clase de actividad que envió a ciertas personas a la muerte, aunque algunos de los que ahora visitan a Mr. Blank le exoneran de parte de la responsabilidad.
En fin, no digo más. Es una novela bastante interesante y completamente diferente de la anterior, Brooklyn Follies. Por cierto, la bitácora sobre Auster en Español, ¡Esto es Brooklyn!, es una buena fuente de información sobre el autor. Aparece incluso mencionada en la página oficial de Paul Auster.
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