Comenzar a conocer la obra de un autor por su novela más floja no es lo más adecuado. A veces pasa, cuando uno utiliza una biblioteca pública (dónde no siempre se encuentran las obras más importantes de los autores, sobre todo si hablamos de una biblioteca de barrio) o no ha tenido la precaución de recoger previamente información sobre el autor. Sin embargo, tampoco es un mal sistema. Si lo que hemos leído nos ha gustado más o menos, siempre nos hará ilusión saber que aún nos queda por leer lo mejor. Suponiendo que persistamos, claro está, y que no abandonemos decepcionados. Algo así me ha ocurrido con Philip K. Dick. Para un aficionado a la lectura que nunca se ha asomado al mundo de la ciencia-ficción, Dick puede ser un autor bastante adecuado para comenzar, al menos es de los más conocidos fuera de este ámbito. Con su nombre en la cabeza, me planté en la biblioteca de mi barrio y me hice con el primer libro suyo que encontré, que resultó ser Lotería solar, su primera novela.
Nos encontramos en un momento impreciso del futuro. La democracia, con todo lo que implica de luchas por el poder, de intentos de manipulación o de control, ha sido sustituida por un nuevo sistema de elección. Ni más ni menos, el puro azar. A través de un sistema conocido como Minimax, se elige un Gran Presentador, una suerte de presidente mundial. Cualquiera puede ser agraciado por el nombramiento, incluso la persona más oscura o más alejada de la política. El designado mediante este sistema controla esta suerte de loteria y ejerce el poder bajo la protección de las Brigadas Telepáticas, una especie de guardia de corps o pretoriana, que controlan la mente de todos aquellos que se acercan al Presentador. Porque, desde el mismo momento en que el designado accede al puesto se encuentra en peligro. Dentro de las reglas del juego entra la posibilidad de ser asesinado. Una convención nombrará a un asesino, uno de cada vez, que intentará matar al Gran Presentador, con el apoyo y la aquiescencia de todos, que observarán los hechos como quien contempla un evento deportivo. Sin embargo, y a pesar de la pretendida imparcialidad del sistema, todos harán lo posible por manipularlo. Y no os cuento más.
Desde luego que Lotería Solar no es una gran novela. A pesar de ello, la idea me gusta, tal vez porque en la política de nuestra época cada vez se hacen más esfuerzos para dotar al sistema de apariencia de imparcialidad, cuando en realidad lo único que se pretende es manipularlo al máximo. En eso quizá veo nuestra época un poco reflejada en esta novela de Dick. Buscando cosas sobre el autor en la red, he dado con unas palabras suyas que me parecen de lo más interesantes. Las publica Enrique Bustamante en su bitácora, das Mystiche:
Como aconsejó Philip K. Dick, basta con imaginar una sociedad que no existe de hecho, pero que se basa esencialmente en nuestra sociedad real. Este mundo debe diferenciarse del real ?apuntaba Dick- al menos en un aspecto que debe ser suficiente para dar lugar a acontecimientos que no ocurren en nuestra sociedad, o en cualquier otra sociedad del presente o del pasado. Esta sociedad debe transformarse, pues, sin causa aparentemente justificada, a partir de la nuestra, y dar lugar a un nuevo mundo familiar y sorprendentemente extraño.
Actualización de bastantes días después (esta anotación ha dormido el sueño de los justos en las entrañas de Octaedro durante todo ese tiempo): Cómo apuntaba al principio de esta anotación, evidentemente lo mejor venía a continuación. Los tres estigmas de Palmer Eldritch. Acabo de terminarla y debo decir que me ha parecido casi, casi fascinante. Aquí Dick juega con la idea de Dios. Religión y drogas, un dios que está en todas partes merced a la intoxicación de sus fieles con una potente droga. Un dios que es todos y cada uno de sus fieles. Y una idea que apunta en un momento, muy interesante: Dios (con mayúscula) es onmisciente y onmipresente, pero no onmipotente. Nos ve, nos comprende en todo momento, pero no es capaz de ayudarnos, principalmente porque él mismo duda, porque no sabe qué hacer por nosotros. Entonces no es Dios, apunta otro de los personajes. Seguro que no, pero la idea queda ahí, por si alguien quiere reflexionar sobre ella (alguien que de alguna manera crea en Dios, porque sino, no veo la razón).
Entradas relacionadas:
Tags: lecturas