Archive for mayo 26th, 2007

Irène Némirovsky

Suite francesaResurjo de nuevo, como el Guadiana. Esto es un blog intermitente, si esa modalidad existe, mantenido desde hace años pero de una forma que no propicia realmente la fidelidad de los lectores. Es igual, Octaedro continúa aquí­ y de repente, sin saber ni cómo ni por qué, se reactiva. Alguien, de tanto en tanto, será testigo de estos resurgimientos ocasionales.

Como muchas otras veces, un libro. Un libro regalado, que es una modalidad de adquisición que sólo de cuando en cuando da lugar a buenas lecturas. Y esta ha sido una de esas ocasiones. Se trata de una autora que no conocía, Irène Némirovsky, y una obra sobre la ocupación de Francia durante la Segunda Guerra Mundial, Suite francesa. Leo en Moleskine literario que la novela hizo ganar a su autora el Premio Renaudot de manera póstuma en el año 2004, en lo que es el único caso que al menos yo conozco. Bien, la novela me interesó, últimamente me interesa todo lo relacionado con la guerra mundial. Sobre todo los aspectos menos conocidos. En ese sentido encuentro una relación interesante con otra novela, ésta de autora anónima: Una mujer en Berlí­n. Ambas tienen un indudable paralelismo. En las dos se plantean, además de otros temas, la relación con el invasor, con el soldado extranjero que llega como una inundación y se apodera de todo lo que encuentra a su paso, de los lugares, de los bienes materiales, incluso de la vida y las voluntades de los antiguos habitantes. En ambas novelas se plantea un aspecto muy interesante de la relación con ese invasor: el sentimental y, en algunos casos, el sexual. Cuando soldados extranjeros toman una ciudad, tienen una recompensa según las leyes no escritas de la guerra: el botín. Y de ese botín forman parte, en alguna medida, las mujeres. Es el caso de la toma de Berlín por parte del ejército ruso. Alemania estaba derrotada, hundida. Berlín era una ciudad fantasma en la que aún sobrevivían algunos de sus habitantes, escondidos entre las ruinas. Los rusos venían de una campaña intensa y se encontraron con las mujeres alemanas que permanecían en Berlín. La violación fue una constante. Tanto que la protagonista de este relato (Una mujer en Berlín) toma una decisión de supervivencia: ha de encontrar a un lobo que la proteja de todos los demás lobos. Así se hace amante oficial de un comandante ruso. Es la única manera de evitar que todos los soldados del ejército rojo hagan cola frente a su puerta.

El caso de Francia es diferente, aunque resulte paradójico. No hay botín de guerra. Al menos no en el pueblecito en el que transcurre la segunda parte de esta novela incompleta. Aquí los soldados alemanes no buscan apoderarse por la fuerza de todo lo que encuentran a su paso; o sí, pero con educación, con una aparente justicia, buscando ganarse la confianza del pueblo francés. Las mujeres no son tomadas al asalto, son cortejadas. Y ellas, con sus maridos ausentes (las que lo tienen), muchos de ellos prisioneros del propio ejército alemán, o simplemente en paradero desconocido, no pueden por menos que mostrarse complacidas ante un enemigo tan educado, tan culto, tan (en muchos casos) diferentes de los campesinos rudos que quedan en su tierra. Y de fondo la sociedad del lugar, dispuesta a crucificar a esas mujeres que ceden al impulso del amor, pero al tiempo tan servil con los ocupantes. Porque la sociedad francesa, una vez superado el temor inicial a la actitud de los soldados invasores, da rienda suelta a todas sus mezquindades; como por otra parte, ocurre siempre en situaciones semejantes.

Personalmente, creo que el valor de la novela reside principalmente en su carácter de testimonio de un determinado momento histórico, uno de los momentos más traumáticos de la historia reciente de Europa. Este carácter se refuerza también con la trayectoria personal de su autora. Judía, de origen ruso, establecida en París y autora de éxito en el momento, será deportada después de la invasión de Francia a Auschwitz, donde desaparecerá. Su marido, Miguel Epstein seguirá sus pasos y serán sus hijas, quienes recorriendo Europa merced a la ayuda de editores y otras personas que conocieron a sus padres, rescaten esta novela del olvido al que parecía estar destinada.

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