Archive for julio, 2007

Vacaciones

Pues eso, que me marcho unos días a Asturias. Poquitos, en realidad menos de los que en ocasiones he estado sin escribir en este blog, pero siempre es bueno avisar.

(Si hubiera wifi donde voy… Pero no, que hay que desconectar)

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Nuevos fichajes

La industria cultural, esa misma que abomina de la red y quiere conservar el papel de garante de la Cultura, así con mayúscula, que durante mucho tiempo se ha arrogado a sí misma, ha hecho un nuevo descubrimiento. Alejandro Santaella es un niño marbellí que continúa con la moda de lo medieval fantástico. Siguiendo los pasos de Christopher Paolini, el autor de Eragon, el muchacho ha vendido ya mil ejemplares de su primera novela y ha conseguido ser fichado por Planeta (esto es como el fútbol, ya se habla de fichajes). Y eso sólo con quince años. La verdad, sorprende la cantidad de talento juvenil que va apareciendo por ahí. Y luego dicen que si la red esto, y la red aquello, que si internet va a asesinar a la cultura. No hace falta internet para cargársela, la industria cultural se las arregla muy bien solita para conseguirlo. El libro, ese objeto sacrosanto cuya lectura hay que fomentar de una forma casi religiosa, es cada vez más un producto (incluso un producto perecedero), condicionado siempre a otro producto (la película). Lo que tenga que ver la literatura con todo el asunto es algo que a los dirigentes de la industria cultural se la trae floja. Pero, eso sí, hay que fomentar la lectura, a ser posible, posteriormente a la compra, no vaya a ser que los niños se aficionen a las bibliotecas públicas y se coman el presupuesto del ministerio de cultura sacando libros a troche y moche.

(Vía Diario literario)

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El solitario

Es un delincuente, y un asesino. Lo sé. Pero la figura de “El solitario”, el atracador de bancos más buscado del país detenido hoy en Portugal, me resulta muy atrayente. Tiene algo de literaria o cinematográfica. Por lo pronto, me recuerda a aquellos ladrones de guante blanco, que ejecutaban sus golpes con tal elegancia y limpieza que parecían obras de arte. No es el caso, pero se aproxima. Hasta ahora, “El solitario” ha conseguido llevar a cabo todos sus golpes y escapar a sus perseguidores, aunque no con total limpieza (creo que se le atribuyen unos cuantos asesinatos, entre ellos los de dos guardias civiles que iban a detenerle). Otro aspecto importante es que actuaba en solitario, como los citados ladrones cinematográficos. En estos tiempos tan gregarios, encontrar a alguien que se baste solo para hacer cualquier cosa parece cosa rara. Me recuerda a otro delincuente, en este caso un terrorista norteamericano, Unabomber. Parece mentira que un terrorista pueda actuar completamente solo, sin una organización detrás que por lo menos reivindique sus atentados. Unabomber lo hacía así. “El solitario” también, aunque su negocio era distinto.

Pero el atractivo de su figura no radica únicamente en estos aspectos. También era un autodidacta. En una anotación de Octaedro que mencionaba una de Ataraxia, se hablaba del autodidacta como un libertario del conocimiento, alguien que estudia no para obtener algún título, sino por el mero placer de aprender. También, y este es el caso, uno puede estudiar para aprender aquello que necesita para lograr sus objetivos. Entonces estaríamos ante un conocimiento utilitario. Pero “El solitario” no adquiere únicamente ese tipo de conocimiento, también cultiva el aprendizaje por placer. En su casa, junto a los libros que explican como fabricar explosivos, hay libros sobre el cultivo de las plantas y una colección de música. Lamento decir que compartimos gustos musicales. A mi también me gusta Eric Clapton.

Preparaba sus golpes con una minuciosidad militar. Deformaba su cara mediante máscaras de látex. Y vivía sólo en un chalet de Las Rozas, donde de vez en cuando le visitaba uno de sus hijos. Había también una amante en Brasil que recibía parte del dinero que obtenía con sus actividades. Pero él estaba solo, actuaba solo y vivía solo. Me lo imagino en la intimidad de su chalet, o de la nave que tenía en Pinto, elaborando sus planes, entre mapas y máscaras, deseando que llegara el momento de exiliarse a Brasil en compañía de su amante, o pensando cuando volvería a aparecer el sinvergüenza de su hijo para pedirle dinero otra vez.

Si, se me antoja un personaje muy literario.

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Haruki Murakami y el amor

Haruki MurakamiHaruki Murakami es mi último descubrimiento en la red. Una de las cosas que más me fascinan del mundo virtual es tropezarme con escritores de los que no he oído hablar, empaparme un poco de ellos y leerlos. La mayor parte de las veces uno tiene un encuentro feliz, sobre todo en mi caso, dadas mis inmensas lagunas lectoras.

Haruki Murakami, no hace falta decirlo, es un escritor japonés. Se dio a conocer con su novela Tokio blues (Norwegian wood), que es una de las dos que he leído. En la Wikipedia tenéis algunos datos biográficos. Pedro Jorge Romero, por otra parte, es uno de sus fans (a través de su blog lo descubrí yo), y tiene bastantes cosas sobre el autor que también os recomiendo.

Ahora bien, ¿de qué tratan las novelas de Murakami? Yo diría (siempre desde mi corta experiencia como lector suyo) que del amor. Del amor en una determinada época de la vida, la de la adolescencia y primera juventud. Es más, tratan del amor como un aprendizaje para la vida, el recuerdo de los primeros amores y cómo marcaron a sus protagonistas. En las dos novelas que yo he leído, la ya mencionada Tokio blues y Al sur de la frontera, al oeste del sol, un personaje de mediana edad recuerda sus primeros amores, que siempre tienen algo de traumáticos, incluso de incomprensibles. Hay amores que no son posibles, amores convertidos en míticos, amores que acaban destruyendo a uno de los amantes. Incluso hay amores de la mediana edad (Pedro Jorge habla de la crisis de los cuarenta en relación con uno de los personajes) que son comprendidos y valorados cuando uno se reconcilia o comprende el pasado.

En todo caso, ninguno de esos amores es vulgar o rutinario. Como buenos primeros amores, todos marcan de alguna manera al protagonista, y le permiten comenzar a comprender, no sólo la naturaleza del amor, sino la de la vida misma. Hay reflexiones del protagonista (en ambas novelas) o de personajes secundarios que a uno le dejan pensativo, incluso inquieto (lo siento, no recuerdo ahora mismo ninguna de ellas, la maldita costumbre de no tomar notas).

Un nuevo nombre que tomar en cuenta y una nueva obra que indagar.

Tokio blues (Norwegian wood)

Al sur de la frontera, al oeste del sol

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Lletraferits

Los lectores compulsivos pertenecemos a un club secreto, que los catalanes definen con una palabra, ?lletraferits?, ?letraheridos?. Nos conocemos entre nosotros por la manera de coger un libro, de hojearlo, de reconocer la calidad de un papel- esa sonrisa que nos da una textura-, por la prisa para buscar privacidad cuando hemos encontrado el libro buscado?Además tenemos bastantes manías, tratamos nuestros libros de manera especial, a veces ilógica: un amigo mío plancha las hojas de los libros después de leerlos, yo, que soy capaz de llenarlos de anotaciones, no tolero que se doblen las hojas de mis libros con marcas de lectura.

Leer como sea“, Andrés Sobrino (vía Libro de Notas)

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La conversación continúa

Sentarse frente a la pantalla en la soledad de la noche, encontrando al otro lado muchas palabras amigas, algunas polémicas, otras consoladoras. La misma conversación que durante el día, pero en la soledad de la noche. Entonces se puede tomar una cierta distancia, reflexionar ante un post de un blog amigo mientras uno apura una taza de té, o un vaso de whisky, y contestar en los comentarios con un párrafo pensado, bien meditado. Tener la sensación de que no estamos solos, aunque todo a nuestro alrededor sea silencio (excepto por el maldito vecino del quinto y su música, que se oye en la lejanía), de que continuamos conversando a pesar de algunos de nuestros interlocutores duermen y otros trabajan, en otro país y en otro huso horario. A pesar de ello, de la noche, del silencio y la lejanía, la conversación continúa como si los tuviéramos frente a nosotros, mirándonos desde la foto de su blog y hablándonos con palabras que parece que acaban de ser tecleadas en el preciso instante en que nosotros las leemos.

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Cada vez se escribe peor

Andrés Ibañez escribe el el ABC una serie de tesis en las que se trata de explicar el por qué de la decadencia de la literatura. El problema, dice, es que cada vez se escribe peor. No la existencia de literatura de consumo, sino que ese tipo de literatura sea cada vez más mala. Y culpa de ello a la literatura posmoderna, que trató de unir el arte elevado con las formas populares

pero perdió la batalla. Esta es la teoría de David Foster Wallace en Algo supuestamente divertido?, que me parece, en líneas amplias, acertada. Perdió la batalla porque en vez de redimir a la cultura popular, fue devorada por ella.

Una teoría muy interesante.

Del canon al clon, Andrés Ibañez

(vía Libro de Notas)

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