El solitario
Es un delincuente, y un asesino. Lo sé. Pero la figura de “El solitario”, el atracador de bancos más buscado del país detenido hoy en Portugal, me resulta muy atrayente. Tiene algo de literaria o cinematográfica. Por lo pronto, me recuerda a aquellos ladrones de guante blanco, que ejecutaban sus golpes con tal elegancia y limpieza que parecían obras de arte. No es el caso, pero se aproxima. Hasta ahora, “El solitario” ha conseguido llevar a cabo todos sus golpes y escapar a sus perseguidores, aunque no con total limpieza (creo que se le atribuyen unos cuantos asesinatos, entre ellos los de dos guardias civiles que iban a detenerle). Otro aspecto importante es que actuaba en solitario, como los citados ladrones cinematográficos. En estos tiempos tan gregarios, encontrar a alguien que se baste solo para hacer cualquier cosa parece cosa rara. Me recuerda a otro delincuente, en este caso un terrorista norteamericano, Unabomber. Parece mentira que un terrorista pueda actuar completamente solo, sin una organización detrás que por lo menos reivindique sus atentados. Unabomber lo hacía así. “El solitario” también, aunque su negocio era distinto.
Pero el atractivo de su figura no radica únicamente en estos aspectos. También era un autodidacta. En una anotación de Octaedro que mencionaba una de Ataraxia, se hablaba del autodidacta como un libertario del conocimiento, alguien que estudia no para obtener algún título, sino por el mero placer de aprender. También, y este es el caso, uno puede estudiar para aprender aquello que necesita para lograr sus objetivos. Entonces estaríamos ante un conocimiento utilitario. Pero “El solitario” no adquiere únicamente ese tipo de conocimiento, también cultiva el aprendizaje por placer. En su casa, junto a los libros que explican como fabricar explosivos, hay libros sobre el cultivo de las plantas y una colección de música. Lamento decir que compartimos gustos musicales. A mi también me gusta Eric Clapton.
Preparaba sus golpes con una minuciosidad militar. Deformaba su cara mediante máscaras de látex. Y vivía sólo en un chalet de Las Rozas, donde de vez en cuando le visitaba uno de sus hijos. Había también una amante en Brasil que recibía parte del dinero que obtenía con sus actividades. Pero él estaba solo, actuaba solo y vivía solo. Me lo imagino en la intimidad de su chalet, o de la nave que tenía en Pinto, elaborando sus planes, entre mapas y máscaras, deseando que llegara el momento de exiliarse a Brasil en compañía de su amante, o pensando cuando volvería a aparecer el sinvergüenza de su hijo para pedirle dinero otra vez.
Si, se me antoja un personaje muy literario.

Un personaje curioso, lástima no dedicase su talento para mejores fines.
Pero en tal caso no resultaría tan literario, corsaria.
¿O sí? no tan, pero si algo literario.
Tienes toda la razón, Juan Carlos, es un personaje que parecer sacado de una novela literaria. Lo desconocía, es impactante.
Lo que más me llama la atención de él es su autosuficiencia, su capacidad para desafiar en solitario a todo el mundo. La policía lleva un montón de tiempo detrás de él y él solo, sin ayuda, ha conseguido burlarla. Hasta el momento de su detención, ni siquiera sabíamos como era su cara. Era un maestro del disfraz. También planeaba sus golpes con una eficacia a toda prueba: hasta hoy. Por supuesto, es un criminal y un asesino, que conste que no lo admiro, únicamente me sorprende.
[...] O eso tuvo que pensar un empresario de la construcción, que viendo como su sector se desploma día tras día, decidio seguir las andanzas y desventuras Jaime Jiménez Arbe, El Solitario. [...]