Archive for agosto, 2007

¿Malos lectores?

No es la primera vez que oigo mencionar esta idea. Alguien lo ha dicho en alguna ocasión a media voz, para que no le acusen de elitismo. Que cada vez quedan menos lectores buenos, que no es que esté muriendo la literatura, sino que los que están muriendo son los lectores que disfrutan de esa literatura. Que lo que abunda es una masa de lectores indiscriminada, masa en el sentido más peyorativo del término. Serían lectores incapaces de disfrutar de la buena literatura, con nula capacidad para distinguir el grano de la paja. Ignacio Echeverría habla de ello en su columna de El Mercurio: Lectores de poco fiar.

Ocurre de este modo que los escritores no saben para quién escriben; los editores no saben para quién publican; los críticos no tienen ni idea de qué representan. Ni siquiera los publicistas saben lo que les conviene decir. Todos van dando palos de ciego, y entretanto las librerías se llenan de libros destinados -dicen- a la gente que no lee, cuando no, en el mejor de los casos, a la gente a la que, más que leer, le gusta que le guste leer.

Quizá sea así o quizá todo esto sea un elitismo estúpido. Lo que sí es cierto es lo de las librerías, aunque los libros ya no se compran en librerías, sino en centros comerciales. Cada vez hay más mezcla, literatura junto a lo que no es literatura, con clara ventaja de lo último. En algún post anterior he hablado de editoriales que publican en la misma colección autores de calidad y autores de bestsellers taquilleros, como si todo formara parte de una misma categoría. Hay mucha confusión y nosotros, los lectores, vamos teniendo menos capacidad para diferenciar una cosa de la otra.

¿Qué opinais vosotros?

(Vía Libro de Notas)

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Ebooks

A través de Diario Literario me encuentro dos nuevos sitios de descarga de ebooks gratuitos, Libros CiFi.com y Libros Gratis Web. El primero de ellos evidentemente dedicado a la ciencia-ficción y el segundo a literatura clásica y no tan clásica. En cuanto los he visto se me ha hecho la boca agua, pero luego me he entristecido enseguida al recordar que no existe, al menos yo no lo conozco, ningún dispositivo que permita una lectura adecuada de ebooks. ¿Para cuando la invención de ese magnífico aparato que permitirá la lectura cómoda de ebooks en cualquier sitio, sin depender de un ordenador? Ay, qué maravilloso sería.

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De vuelta

Ya estoy de vuelta en mi casa virtual. En la otra, la real (o la tangible, porque la de la web no es menos real) estoy hace un par de días. Es curioso, la ciudad digital de los blogs también está en parte “cerrada por vacaciones”. Extraño mes agosto, despoblado en la ciudad, pero lleno a rebosar en otros lugares (las playas de levante, por ejemplo. Apenas uno puede adivinar que debajo de la gente haya arena).

Pero afortunadamente no todos están de vacaciones. Magda continúa ahí, y me da la pista de un artículo interesante de mi admirado Vila-Matas en El País. En relación con la famosa portada de El Jueves y la dignidad del Príncipe (una curiosa profesión para estos tiempos. Los príncipes y las princesas me resultan como las hadas o las brujas: categorías de cuentos infantiles. Cuesta pensar que alguien en estos tiempos sea príncipe en activo). El artículo reseña un libro de ensayos de J. M. Coetzee que viene muy a propósito: Contra la censura.

La idea es que para que haya una ofensa tiene que existir un concepto equivocado de la dignidad: sólo hay ofensa si se ignora que la dignidad es una ficción, un eje más de las ruedas del teatro del universo.

Así es, si así nos parece. El mundo es una ilusión, un escenario en el que todos tenemos frases que decir y un papel que representar. Cierta clase de actores, al reconocer que están en una obra, seguirán actuando a pesar de todo; otra clase de actores, escandalizados de descubrir que están participando en una mascarada, tratarán de irse del escenario y de la obra. Los segundos se equivocan. Se equivocan porque fuera del teatro no hay nada, ninguna vida alternativa a la que uno pueda incorporarse. El espectáculo, al igual que el teatro kafkiano de Oklahoma, es, por así decirlo, el único que hay en la cartelera. Y lo único que uno puede hacer es seguir representando su papel, aunque tal vez con una nueva conciencia, una conciencia cómica.

Vila-Matas, que tan aficionado es a los teatros, sobre todos si son kafkianos. El artículo me abre las ganas de leer el libro de Coetzee y de volver a Vila-Matas, al que hace tiempo que dejé de seguir la pista. Lo que menos me interesa es el tema del Príncipe y de su dignidad. El chiste de El Jueves no dejaba de tener su gracia, aunque es una pena constatar que cada vez tenemos menos sentido del humor.

Por otro lado, me topo en Literatúrame (que me remite a un blog que no conocía, Poemas del alma) con una nueva campaña de esas que llaman de “fomento de la lectura” y que deberían llamar de “fomento de la compra de libros”. Se denomina “Lee en la playa 2007” y consiste en que varios actores disfrazados de personajes literarios (entre los que no podían faltar Don Quijote y Sancho Panza) regalan montones de chorradas si demuestras estar leyendo algo tumbado encima de la toalla. Se me ocurre: entre tanta campaña de fomento de la lectura, ¿alguna vez se le ha ocurrido a alguien publicar estadísticas de uso de bibliotecas públicas o de número de libros prestados? Aunque quizá sea mejor no hacerlo, que con todo ese tema del canon de las bibliotecas puede que esa sea una información que no convenga airear (¿alguien sabe cómo está este tema, si han implantado el famoso canon?).

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