Libros y librerías
El sector editorial es cada vez más un mercado en el sentido tradicional del término y cada vez menos una actividad relacionada con la cultura. Creo que en eso nadie se llama a engaño. Cada vez prima más la consideración del libro como un producto que se vende más que un vehículo de cultura. Aún así, en dos de los artículos que os voy a dejar hoy aquí, se habla de la figura del librero como la de un profesional que ama aquello que vende, que aún es capaz de informar a sus clientes sobre cuestiones no meramente comerciales relacionadas con el libro. Son los libreros especializados, aquellos que todos los que amamos los libros alguna vez deseamos ser. Pero también, al menos yo lo creo así, constituyen una especie en vías de extinción. Las grandes superficies los han arrinconado, los supermercados del libro, como la FNAC, los han convertido en una pervivencia del pasado. Por lo menos yo, cuando salgo con la intención de comprar libros, no espero que quien me atienda sepa de que le hablo, o conozca el nombre del autor que le solicito, a menos que se trate de alguna novedad editorial.
Estos tres artículos presentan diversas visiones sobre el sector librero. Cuestiones en las que yo, al menos, no había reparado, como la pugna por lograr visibilidad en los escaparates y en las mesas de novedades de las librerías; la duración, cada vez menor, de los títulos nuevos; la gran cantidad de libros que se devuelven, unida a la gran cantidad de títulos que se publican.
Reflexiones sobre el sector editorial
