Las tribulaciones del estudiante Törless, Robert Musil
Busco en la Wikipedia y sólo encuentro una breve frase sobre esta novela. Se afirma allí que “narra el despertar vital y sexual de un adolescente en un colegio de Europa Central. En otras páginas encuentro más explicaciones. Al parecer, Robert Musil escribió esta obra basándose en sus experiencias en el colegio militar al que asistió siendo niño. La idea, por tanto, es la adolescencia, el despertar sexual y la iniciación a la vida. Y sí, evidentemente va de eso, pero también de violencia. Es la historia de un estudiante brillante, con alma de artista, que se alía con unos brutos para vejar y humillar a un compañero. Tal vez sea una explicación simplista, pero en el fondo es así. El joven Törless cree asistir a una experiencia estética y creadora, algo que le está haciendo crecer como persona. Una experiencia filosófica en la que cree percibir el sentido de la vida que le espera. Pero al final se da cuenta de que la humillación de su compañero está llegando a un extremo brutal y pone fin a la situación recomendando a la víctima que denuncie la situación al director del colegio, aun cuando eso pudiera suponer su expulsión. Porque su conducta se considera impropia, moralmente reprobable y, de alguna forma, justificativa de las vejaciones y humillaciones a las que ha sido sometido. Basini robaba en las taquillas de sus compañeros para pagar las deudas que tenía con ellos mismos. Más tarde, cuando basándose en este hecho y como pago por su silencio, los amigos de Törless y él mismo, buscaron sus favores sexuales, Basini se sometió casi gustosamente y permitió que hicieran con él lo que quisieron. Es decir, consentía y no sólo consentía, sino que llegaba a buscar esas relaciones. Al menos con Törless, de quien parecía haberse enamorado.
El comienzo de la novela extraña, y se hace un poco difícil de seguir. Cuesta comprender las cavilaciones filosóficas de Törless. Pero según la trama va cogiendo fuerza, entendemos de alguna manera lo que Törless persigue. Creo que busca una experiencia intensa que le otorgue sentido a todo lo demás. Y cree verla en la dominación de Basini. Pero luego se va dando cuenta poco a poco de que lo que ocurre con Basini (por el que no siente, nadie siente en esa escuela, ni atisbo de piedad) no es nada más que una experiencia vulgar, brutal pero vulgar.
La novela también proporciona una de esas pildorillas filosóficas a las que soy tan aficionado. La transcribo aquí:
Porque, en efecto, con los pensamientos ocurre algo muy singular. A menudo no son otra cosa que hechos contingentes, casuales, que pasan sin dejar rastro alguno. Los pensamientos tienen además instantes vivos e instantes muertos. Puede uno lograr un genial conocimiento, y que, no obstante, se le marchite lentamente entre las manos como una flor. Queda la forma, pero los colores, el aroma, desaparecen. Es decir, que lo recuerda uno palabra por palabra, y el valor lógico de la frase que uno encontró para expresarlo continúa siendo perfectamente impecable. Sin embargo, ese pensamiento no hace sino recorrer sin tregua la superficie de nuestro ser íntimo y no nos sentimos más ricos a causa de él…, hasta que -tal vez al cabo de años-, de golpe, sobreviene un momento en que comprendemos que en todo ese ínterin no sabíamos absolutamente nada de aquel pensamiento, aunque lo sabíamos todo lógicamente.
Sí, hay pensamientos vivos y pensamientos muertos. El pensamiento que se mueve en la superficie de nuestro ser y que en cualquier momento puede referirse al hilo de la causalidad, no tiene por qué ser vivo. Un pensamiento que se nos da de esa manera es algo indiferente, impersonal, como un hombre que marcha en una columna de soldados. Un pensamiento…, que acaso ya desde mucho tiempo atrás se nos metió en el cerebro, llegará a ser un pensamiento vivo sólo en el momento en que lo anime algo que ya no es pensamiento, algo que ya no es lógico, de manera tal que sentimos su verdad más allá de toda justificación intelectual, como un ancla que desgarra carne viva, sangrante… Un elevado conocimiento que está sólo a medias en el círculo luminoso del intelecto; la otra mitad tiene sus raíces en el oscuro suelo de lo más recóndito; de suerte que un gran conocimiento es ante todo un estado de ánimo y sólo en su punta más exterior está el pensamiento, como una flor.

Musil es uno de mis escritores predilectos. Estas “Tribulaciones…” las leí siendo muy joven y la novela me impactó. Más tarde pensaba que había sido por la edad, pero no, por supuesto que no, es por el gran narrador.
Recuerdo que en ‘El hombre sin atributos’ del mismo Musil, Diotima y el matemático Ulrich, personajes de la novela, tienen esta conversación:
-¿Y qué haría usted -preguntó Diotima enfadada- si por un día pusieran a su disposición el gobierno del mundo?
-No me quedaría más remedio que abolir la realidad.
Ulrich, el hombre sin atributos, es un idealista y “los ideales, dice Diotima, tienen extrañas propiedades, entre otras las de transformarse en su contrario cuando se les quiere seguir escrupulosamente”. Quizá no se pueda abolir la realidad, pero tampoco los ideales, en ellos va gran parte de nuestra forma de ver y caminar en el mundo, y nos permiten la empatía con otros y con nosotros mismos. Sin embargo, cada día percibimos más seres con deseos de abolir la realidad, como Ulrich. A veces creo que entre la realidad (o lo que llamamos realidad) y los ideales, no hay mucha diferencia.
Yo creo que es la realidad la que con el tiempo se encarga de abolir los ideales, si uno la deja. Por eso quizá la única forma de recuperarlos sería abolirla. Para mí la realidad, lo que yo entiendo por realidad, está distanciada de los ideales. Y estoy de acuerdo con Diotima, a veces los ideales se transforman exactamente en lo contrario cuando uno se empeña con todas sus fuerzas en impedir que la realidad termine con ellos.
No he leído “El hombre sin atributos”. Otro más para la lista.