Archive for Octubre, 2007

¿Trolls amantes de Bob Dylan?

Tanto oír hablar de ellos y hasta ahora no había tenido la desgracia (o la suerte) de tropezarme con ellos. Con los trolls. Resulta que hay un grupo de trolls (o uno solo que adopta distintos nombres, no lo sé muy bien) que se dicen amantes de Bob Dylan. ¿Y qué tiene eso que ver con Octaedro? Pues que en la entrada del 6 de octubre, en la que hablaba de la lista de nominados al Nobel de Literatura, comenté que me parecía alucinante que Bob Dylan figurara en ella, cuando, que yo sepa, Dylan es un cantante (al que, por cierto, tengo entre mis discos. No es uno de mis favoritos, pero probablemente elegiría un par de sus canciones para figurar en una antología de la historia de la música), y no un escritor. Sorprendido por su presencia en esa lista, que no entendía, pedí que alguien me la explicara. Y estos amables trolls no han dudado en hacerlo con profusión. Y no estaría mal, si lo hubieran hecho con amabilidad (entonces no serían trolls, que cosas digo). Pero han aprovechado para soltar lindezas como que este blog es un quiero y no puedo (a lo mejor es un puedo y no quiero, quien sabe) o amenazas varias en las que se mencionaban distintas partes de mi anatomía que podrían ser seccionadas en caso de que yo no rectificara y proclamara a Bob Dylan el mejor escritor de todos los tiempos. Los comentarios son convenientemente anónimos, por supuesto. Todos ellos escritos bajo nombres absurdos y escondidos detrás de direcciones de correo ficticias. Sólo uno de ellos enlaza con una web, pero probablemente haya sido elegida al azar.

¿Y qué pensar de todo esto? Pues que hay gente con mucho tiempo libre y muchas ganas de fastidiar al prójimo. Y que si es cierto que el autor, o autores, es, o son, fans de Dylan, pues que le hacen un flaco favor. La próxima vez (si es verdad que su único afán no era el de jorobar un poco) podrían tratar de argumentar su desacuerdo, en vez de insultar. En fin, demasiadas palabras he gastado ya con todo este asunto.

(Por supuesto, he borrado los comentarios. Y estoy pensando en insertar algún tipo de aviso al respecto).

Doris Lessing, Nobel de Literatura 2007

Al final, el premio Nobel de Literatura de 2007 ha recaido en Doris Lessing. Es decir, que está comprobado que los favoritos nunca son, en realidad, favoritos. Al menos en el Nobel, donde parece ser tradición otorgárselo al autor más inesperado. En todo caso, enhorabuena para ella.

En Apostillas literarias podéis ver un video en el que la autora da una serie de consejos a los aprendices de escritores. Tiene razón en lo que dice: a veces parece fácil escribir una novela, y no lo es tanto. Detrás de una gran novela siempre hay mucho trabajo, trabajo duro, como dice ella.

Nominados al Nobel de literatura

Tenemos encima el Nobel de literatura y uno de los nombres que suena más insistentemente es el de Philip Roth. Magda está haciendo su habitual encuesta y en el primer lugar se encuentra el norteamericano. Pero el suyo no es el único lugar de la red en el que se habla de él. En su contra tiene el ser bastante conocido (una de las aficiones de la Academia Sueca es la de conceder el Nobel de Literatura a escritores prácticamente desconocidos, pero pertenecientes a países que por alguna razón política están de actualidad). No sé, ya veremos con qué nos sorprenden este año. Yo, por mi parte, he votado en Apostillas por Milán Kundera. Lo siento, qué le voy a hacer, es uno de mis vicios. Hay otros autores en la lista que he leído y me han gustado (está mi querido Paul Auster), pero si tuviera que elegir a uno, pues ya sabéis.

Me ha llamado la atención que estuviera nominado Haruki Murakami, uno de mis descubrimientos de los últimos tiempos y con quien tengo una relación un poco ambigüa como lector. Dos novelas suyas me gustaron y una tercera no me convenció lo suficiente como para leérmela entera (Crónicas del pájaro que da cuerda al mundo).

Ah, y lo que ya resulta plenamente alucinante es que en la lista figure nada menos que Bob Dylan. Aún estoy intentando entenderlo. Si alguien sabe por qué está ahí, que me lo explique, por favor.

(Aquí tenéis la lista de nominados)

Asesinos sin rostro, Henning Mankell

Asesinos sin rostro

No soy lector de novela policíaca. En el pasado lo fui, pero el género terminó por aburrirme. Me parecía que tenía demasiados clichés, que era un tipo de literatura demasiado previsible, casi mecánica. Probablemente no leí a los mejores autores de la cosa. El caso es que en un primer momento me atrajo, precisamente, uno de esos clichés. La figura del detective. Generalmente es un tipo duro, solitario, con una vida personal inexistente o simplemente caótica. No se hace ilusiones en relación con el género humano por lo que se escuda detrás de una ironía a veces amarga. Trata a los delincuentes sin contemplaciones, aunque no los juzga, y atrae a un cierto tipo de mujeres. La figura del detective me parecía enormemente interesante porque parecía implicar una actitud filosófica ante la vida. Pero, en la mayoría de las novelas del género, esa actitud, esa forma de ser del personaje, apenas llegaba a desarrollarse a lo largo de la novela. Quedaba apuntada al comienzo, parecía a punto de tomar cuerpo a lo largo de la novela, pero se diluía como un azucarillo cuando la historia llegaba al final. El problema es que en la mayoría de las novelas lo importante era el argumento, la emoción de lo que vendrá a continuación, y no el personaje, que terminaba por desinflarse y quedaba convertido en un personaje de cartón.

En esta novela de Henning Mankell, Asesinos sin rostro, la primera de la serie dedicada al policía Kurt Wallander, sin embargo, no ocurre lo mismo. El personaje tiene una dimensión humana que trasciende la investigación policíaca. Es un buen policía, pero no es un tipo duro. Tiene dudas, se siente inseguro, se deprime. Paralelamente al transcurso de la investigación aparece su vida privada, quizás un poco demasiado desgraciada. Le acaba de dejar su mujer, su hija no quiere (o no se decide a) hablar con él para arreglar la relación entre los dos. Su padre está llegando a la demencia senil. Y él mismo se da cuenta de que, a consecuencia de la marcha de su mujer, se va abandonando poco a poco. Engorda, bebe demasiado… La resolución del caso parece aportar algo de luz a su oscura vida, los problemas con su hija y su padre parecen disminuir de intensidad y aparece la figura de una fiscal que puede llegar a hacerle olvidar a su mujer.

La novela también tiene una dimensión social. Presenta la problemática de la inmigración y el racismo latente en la sociedad sueca. El crimen que se trata de resolver tiene que ver con todo ello y el inspector Wallander a menudo se siente desconcertado por la actitud que ve a su alrededor en relación con la inmigración. Hace una crítica muy concreta al país: que se permite una inmigración sin control, lo que, a la larga, propicia la aparición de actitudes racistas y estallidos de violencia.

Como suele ocurrir con las novelas policíacas, en general con todas las de género, esta novela de Mankell es la primera de una serie que tiene como protagonista al policía Wallander. A diferencia de otro tipo de novelas, en las de género el personaje que da unidad a la serie se desarrolla no en una sola novela, sino en toda la serie. A través de los distintos casos policíacos en los que va interviniendo, veremos como la personalidad de Wallander va cobrando profundidad. Es algo específico de la novela policíaca, que no sé si se repite en otros géneros. El caso paradigmático es el detective por excelencia, Sherlock Holmes, cuya personalidad era el principal misterio a resolver de sus historias. No creo que Wallander llegue a tanto, pero sí que es un personaje lo suficientemente interesante como para justificar la lectura de otros libros de la serie de Mankell.

Como curiosidad, el inspector Wallander tiene su propia página en internet.

Narrativas

Ha salido el número 7 de Narrativas, la revista que edita Magda Díaz y Carlos Manzano. Como siempre, multitud de relatos, ensayos, entrevistas, reseñas de libros. Todo en torno al mundo de la literatura. En esta ocasión, además, Magda me invitó amablemente a colaborar. Podéis encontrar el resultado en la página 100. Ya me contareis.