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Asesinos sin rostro, Henning Mankell

Asesinos sin rostro

No soy lector de novela policíaca. En el pasado lo fui, pero el género terminó por aburrirme. Me parecía que tenía demasiados clichés, que era un tipo de literatura demasiado previsible, casi mecánica. Probablemente no leí a los mejores autores de la cosa. El caso es que en un primer momento me atrajo, precisamente, uno de esos clichés. La figura del detective. Generalmente es un tipo duro, solitario, con una vida personal inexistente o simplemente caótica. No se hace ilusiones en relación con el género humano por lo que se escuda detrás de una ironía a veces amarga. Trata a los delincuentes sin contemplaciones, aunque no los juzga, y atrae a un cierto tipo de mujeres. La figura del detective me parecía enormemente interesante porque parecía implicar una actitud filosófica ante la vida. Pero, en la mayoría de las novelas del género, esa actitud, esa forma de ser del personaje, apenas llegaba a desarrollarse a lo largo de la novela. Quedaba apuntada al comienzo, parecía a punto de tomar cuerpo a lo largo de la novela, pero se diluía como un azucarillo cuando la historia llegaba al final. El problema es que en la mayoría de las novelas lo importante era el argumento, la emoción de lo que vendrá a continuación, y no el personaje, que terminaba por desinflarse y quedaba convertido en un personaje de cartón.

En esta novela de Henning Mankell, Asesinos sin rostro, la primera de la serie dedicada al policía Kurt Wallander, sin embargo, no ocurre lo mismo. El personaje tiene una dimensión humana que trasciende la investigación policíaca. Es un buen policía, pero no es un tipo duro. Tiene dudas, se siente inseguro, se deprime. Paralelamente al transcurso de la investigación aparece su vida privada, quizás un poco demasiado desgraciada. Le acaba de dejar su mujer, su hija no quiere (o no se decide a) hablar con él para arreglar la relación entre los dos. Su padre está llegando a la demencia senil. Y él mismo se da cuenta de que, a consecuencia de la marcha de su mujer, se va abandonando poco a poco. Engorda, bebe demasiado… La resolución del caso parece aportar algo de luz a su oscura vida, los problemas con su hija y su padre parecen disminuir de intensidad y aparece la figura de una fiscal que puede llegar a hacerle olvidar a su mujer.

La novela también tiene una dimensión social. Presenta la problemática de la inmigración y el racismo latente en la sociedad sueca. El crimen que se trata de resolver tiene que ver con todo ello y el inspector Wallander a menudo se siente desconcertado por la actitud que ve a su alrededor en relación con la inmigración. Hace una crítica muy concreta al país: que se permite una inmigración sin control, lo que, a la larga, propicia la aparición de actitudes racistas y estallidos de violencia.

Como suele ocurrir con las novelas policíacas, en general con todas las de género, esta novela de Mankell es la primera de una serie que tiene como protagonista al policía Wallander. A diferencia de otro tipo de novelas, en las de género el personaje que da unidad a la serie se desarrolla no en una sola novela, sino en toda la serie. A través de los distintos casos policíacos en los que va interviniendo, veremos como la personalidad de Wallander va cobrando profundidad. Es algo específico de la novela policíaca, que no sé si se repite en otros géneros. El caso paradigmático es el detective por excelencia, Sherlock Holmes, cuya personalidad era el principal misterio a resolver de sus historias. No creo que Wallander llegue a tanto, pero sí que es un personaje lo suficientemente interesante como para justificar la lectura de otros libros de la serie de Mankell.

Como curiosidad, el inspector Wallander tiene su propia página en internet.

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