Archive for noviembre, 2007

Problema con la codificación

Continúo intentando cambiar la codificación de Octaedro. Y, evidentemente (en algunos de los comentarios se puede comprobar), no lo consigo. Esta vez he estado a punto de perder algunos posts, de hecho había perdido el último, pero gracias a Bloglines he logrado recuperarlo. Continuaré informando de las vicisitudes técnicas por las que Octaedro está pasando.

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El valor de escribir y los premios

Éxitos como El código Da Vinci o, más lejano en el tiempo, Los pilares de la tierra, han sido los causantes de la moda literaria que se conoce en el argot editorial como thracul, es decir, lo que podríamos denominar thriller cultural. Gerardo Lombardero lo explica muy bien (con deliciosa ironía) en este artículo de Diario Literario:

El valor de escribir

El artículo anterior es de hace algún tiempo. Lo tenía guardado para comentarlo en algún momento. Para compensar el alcanfor, algo del domingo pasado. El asunto es que se han abierto los archivos de la Academia Sueca y, por tanto, los entresijos del Nobel. El reportaje es de El País y es bastante jugoso. Se revelan algunas cosas, como que Juan Ramón Jiménez fue un Nobel que a nadie convenció: ni a España, ni al exilio español, ni a la propia Academia Sueca:

El caso Juan Ramón es especialmente significativo. En los archivos del Nobel hay constancia de que su poesía “mística” no conquistó al comité sueco de inmediato, pese a los esfuerzos de Bowra, y a los del escritor Hjalmar Gullbert, su principal valedor en la Academia de Estocolmo. Para la institución, no dejaba de ser un intransigente en materia de arte, una criatura fuera del tiempo, que había polemizado con buena parte del universo poético hispano. El suyo no era, a priori, un perfil de Nobel, y los archivos rebelan que si lo conquistó, a la quinta convocatoria, fue también porque España llevaba demasiado tiempo sin conseguirlo.

Unamuno tampoco gustó, aunque en su caso tardaron más tiempo en decidir qué hacer con él. Al contrario que con Jiménez, decidieron no entregarle el premio, a pesar de considerar que quizá fuera el personaje más interesante de la literatura española de la época. Paradojas del mundo literario y del concursístico o premiador, que tenemos una afición tremenda a premiar las cosas más peregrinas, con las envidias y recelos, incluso cabreos, que eso frecuentemente produce. Si no, véase la polémica que se ha montado con el premio BOBs de este año (para quien no lo sepa, los BOBs, Best of Blogs, son los premios que se otorgan anualmente a los mejores blogs del mundo. Es el premio más prestigioso en este ámbito, al menos hasta el momento).

Juan Ramón, Nobel a pesar de España

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La lectura y sus modos

Bucear en las letras y las líneas, un interesante post de Miguel sobre el placer y la necesidad de la lectura, en unos tiempos en que la lectura se ha convertido en consumo superficial o en detestado peñazo cuando lo leído sobrepasa una determinada extensión o densidad:

Y cuántas lecturas caben de un mismo texto, por una misma persona, a lo largo de la vida, en diferentes momentos del tiempo. Una vida que se acerca a otra vida: eso es la lectura. Por eso hay tantas formas de leer y de bucear en las letras y las líneas.

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Una solución quiero

Imagino que algunos de vosotros habréis reparado en el problema técnico que vengo sufriendo desde que actualicé a WordPress 2.3. No suelo escribir sobre estas cosas, pero lo cierto es que estoy un poco desconcertado y ligeramente enfadado por esta cuestión. Se trata de la codificación de la base de datos. Hasta ahora era ISO-8859-1, aunque desde hace unas cuantas versiones de WordPress era conveniente que fuera UTF-8. Nunca me había causado problemas, hasta este momento. El asunto es que, tras la actualización, ponga la que ponga, siempre hay algo que me va a salir desconfigurado: los posts o los comentarios. He probado ésta solución, y ésta, y ésta, pero ninguna me ha funcionado. Si se os ocurre alguna otra, la habeis probado y os ha funcionado, o continuais bregando con el asunto como yo, me gustaría que me lo comentarais (con un poco de paciencia con el tema de los símbolos raros de los comentarios, claro está). Yo, por mi parte, seguiré buscando, y si encuentro algo que me funcione lo explicaré aquí.

Actualización de las 11:23

Sigo dando vueltas a este problema, pero aún no he encontrado la solución. Estoy por dejar el tema como está y esperar a que aparezca algún plugin que lleve a cabo el trabajo de forma automática y esté especialmente diseñado para wordpress 2.3. Y mientras tanto, quizá, no sé aún si funcionaría pero lo voy a probar, editar los comentarios que me dejéis para eliminar los símbolos extraños.

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Retorno y algunas lecturas

Sin destinoMis ausencias de Octaedro son tan frecuentes, los pocos que me leéis estáis tan acostumbrados a ellas que, simplemente, me parece absurdo intentar justificarlas. Ocurre que, de cuando en cuando, el blog desaparece de mis listas de prioridades. No sé muy bien por qué, tampoco se trata de que tenga mucho trabajo en otros ámbitos. Simplemente ocurre. Y luego, de repente, un día me da por volver a él. Así, sin más. Supongo que uno no tiene más remedio que asumirse como es, que no tiene objeto luchar denodadamente por autoimponerse una periodicidad que tal vez no vaya con su carácter. En fin, que aquí estoy de nuevo.

Lo curioso es que durante ese tiempo no abandono la actividad que se halla en la base de este blog. Como siempre, sigo leyendo, tanto literatura como referencias a ella en otros blogs. Ahora, por ejemplo, tengo dos libros para comentar en Octaedro. Por una parte, Sin destino, de Imre Kertész, que lo debía desde el verano (fundamentalmente a Magda, que fue quién me lo recomendó). Y el otro, nada menos que lo último de mi querido Vila-Matas, Exploradores del abismo. Vamos, pues, con el primero.

La historia de Sin destino es de sobra conocida. Un adolescente judío en Hungría durante la Segunda Guerra Mundial. El acoso de los nazis y fascistas locales es imparable. Un día su padre es destinado a un campo de trabajo. György lo registra con cierto distanciamiento, como si no fuera muy consciente de lo que ocurre. Su familia adopta variadas actitudes ante la situación, entre las que predominan la resignación y la obediencia. En todo caso, todos confían en que sea cosa de poco tiempo: los nazis van perdiendo la guerra y pronto puede llegar la liberación.

En un momento posterior es el propio György el que experimenta en su persona “el destino común de los judíos”. De repente recibe la noticia de que debe abandonar los estudios y comenzar a trabajar, lo que en realidad no le disgusta del todo. Pero un día, camino de ese trabajo, su autobús es detenido y todos los judíos que lo ocupan son deportados. El destino será un pueblo cuyo nombre no les dice nada: Auschwitz-Birkenau.

A partir de ese momento, el protagonista conoce el mundo de los campos de concentración. Aprende que hay dos tipos, los de trabajo y los de exterminio, que, a primera vista, se distinguen con facilidad por el número de chimeneas que hay en unos y en otros. Como es un joven ágil y fuerte, su destino es acabar en uno en el que solo hay una chimenea, Buchenwald. Allí trabaja como una mula, recibe golpes y termina contrayendo sarna y teniendo heridas abiertas en el costado. Acaba en la enfermería, de donde ya no saldrá hasta el momento de la liberación.

Lo más chocante de la novela es el tono en que está narrada. Hay un cierto distanciamiento, cierta objetividad que hace al autor narrar los hechos sin introducir ningún tipo de interpretación de los mismos. Gyorgy, el protagonista, simplemente observa lo que le rodea y trata de comprender. Pero lo hace con una actitud desapasionada, una actitud que no se rebela, que no maldice su destino. Simplemente, lo acepta. Incluso, aunque parezca increíble, llega a sentirse feliz cuando por fin se encuentra en la enfermería, con una cama para él solo, libre del sufrimiento y de las obligaciones de los sanos. Se arrebuja entre las mantas y piensa con agrado que no tiene que formar ante su barracón ni marchar al trabajo, que no tiene que luchar por conseguir una porción mayor de rancho. Se siente en esos momentos libre de preocupaciones y obligaciones.

Cuando llega la liberación y puede volver a su país, a su ciudad, reflexiona por primera vez acerca de la experiencia que acaba de vivir. Un periodista le pregunta por sus sentimientos en relación con lo vivido. György examina por primera vez su interior y descubre con cierta sorpresa que siente odio. Odio hacia sus compatriotas, que les dejaron marchar a los campos nazis sin mover un solo dedo, que incluso ayudaron a su traslado, contentos de no ser ellos los deportados. Es el primer sentimiento del protagonista que aparece en la novela, al menos que aparece inequívocamente. Y lo hace sin pasión, casi de forma inesperada. Gyorgy comprueba que siente odio como quien se da cuenta de que tiene hambre. De repente, todo lo vivido se le manifiesta en toda su magnitud. Se podría decir que hasta ese momento no ha sido consciente de lo que ha sufrido.

Kertesz, como dice Magda, es uno de los mejores escritores vivos. Al menos uno de los mejores que he leído.

P.S. El otro libro que he mencionado al principio, Exploradores del abismo, de Enrique Vila-Matas…, lo dejo para otro día.

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