Archive for diciembre, 2007

Mi Literaturas!

Comienzan a proliferar las redes sociales literarias. Primero fue Red de blogs y libros, ahora Mi Literaturas! Es una iniciativa de literaturas.com que descubro a través de Magda. Lo que la hace especialmente interesante es que, a decir de su editor, Nacho Fernández (editor también de literaturas.com), existe la posibilidad de conversar con los propios autores y editores. Corro a apuntarme.

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Escribo para ser feliz

Para la nochebuena, la celebración de la vida a través de la escritura del nobel turco Orhan Pamuk: Escribo para ser feliz.

Felicidades

(vía Antón Castro y Libro de notas)

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El negro de los negros

Alejandro DumasEn el ámbito literario siempre ha tenido muy mal cartel la figura del negro. Siempre se ha entendido que un libro es obra de un único autor (excepto en los casos, pocos, en los que en la portada figuran varios nombres en pie de igualdad), pero a lo largo de la historia son muchos autores de éxito los que han usado negros (o fantasmas, en la terminología anglosajona). Generalmente ocurre más en los ámbitos de la literatura popular que en los de la literatura considerada “culta”. Y la pregunta es: ¿hay algo intrínsecamente perverso en utilizar la ayuda de autores “negros” para elaborar una obra que es posible que requiera mucha documentación? Sí, el hecho de que sea una sola persona quien lo firme. ¿Y si esa persona, autor de gran éxito editorial, reconociera abiertamente que utiliza los servicios de otros para realizar sus libros y, además (esto sí sería una utopía), publicara sus nombres, aunque fuera en letra pequeña y en la contraportada de sus libros? ¿Los lectores se escandalizarían y dejarían de comprarlos? No lo creo. El lector de cierto tipo de libros (otra cosa es el lector de otro tipo de literatura en la que el concepto de autor está más enraizado) sólo busca entretenimiento. ¿Qué más le da que su autor lo haya elaborado solo o acompañado de otros?

Alejandro Dumas es un escritor que utilizó con profusión la ayuda de negros. No cabe otra forma de explicarse su gran prolijidad. Pero, como se apunta en Historias con historia, en la sociedad de la época ello no se veía mal, si acaso con ironía.

Alejandro Dumas: El negro de los negros.

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Tu rostro mañana, Javier Marí­as

Javier MaríasHace unos días que he terminado la trilogí­a de Javier Marí­as, Tu rostro mañana. Leí­ los libros según fueron apareciendo, pero cuando publicó el último no me pude resistir a volver a ellos para leerme la obra de un tirón, lo que puede parecer excesivo cuando estamos hablando de mil seiscientas páginas. Pero no me ha resultado costoso recorrer las reflexiones de Marí­as y los sucesos, morosos por analizados obsesivamente, de esta curiosa novela.

Tenemos el personaje de Jaime, o Jacobo, o Jacques (por decir sólo algunos de sus nombres) Deza. Acaba de separarse de su mujer y para no estorbarla en el proceso de acostumbrarse a la decisión que ha tomado (ya que ha sido ella quien le ha echado de su lado), se marcha a vivir a Londres. Es su “segunda temporada” allí­, en el pasado (antes incluso de conocer a su mujer), estuvo trabajando como profesor en la universidad de Oxford. En aquella época conoció a Toby Rylands y a Peter Wheeler, así­ como tuvo una amante, Claire Bates. De todos ellos solo queda Wheeler, que es quien le hace una curiosa propuesta y le presenta a un personaje inquietante que tendrá que ver mucho en su vida a partir de ese momento.

El profesor Deza tiene una extraña cualidad, una cualidad que poseen muy pocas personas. La tení­a Rylands, y también Wheeler, y son ambos quienes la descubren en él. Se trata de la capacidad de ver en el interior de las personas, de captar, a través de sus palabras, de sus gestos, de sus comportamientos, cómo será su “rostro mañana”. Es decir, Deza y los que son como él son capaces de prever los comportamientos futuros a partir de las actitudes presentes. En el fondo, parece querer decir Marí­as en esta novela, todos somos capaces de ver en los demás mucho más allá de lo que vemos, lo que ocurre es que no queremos ver, no queremos saber qué hay en el fondo de los demás. Preferimos confiar, aunque haya señales palpables que nos avisen de que no debemos hacerlo. Nos cegamos en nuestra relación con los demás y preferimos verlos como a nosotros nos gustarí­a que fuesen antes que como son en realidad.

Deza y los que poseen su cualidad simplemente no pueden ponerse esa venda ante los ojos. Ven en el alma de los demás, aunque ellos mismos no sean conscientes de ello. Es por eso que Peter Wheeler le presenta a Bertram Tupra, un extraño personaje que dirige un grupo no menos extraño del que Deza pasa a formar parte. Ese grupo (que no tiene nombre y se reúne en un edificio también sin nombre) tiene como función el analizar a personas que se les proponen, mediante entrevistas o ví­deos, y determinar hasta dónde podrí­an llegar en su comportamiento. Si serí­an capaces de matar, que es la pregunta última de cada uno de los análisis. Son una especie de agentes secretos que trabajan en teorí­a para el gobierno británico, aunque a veces existe la sospecha de que los destinatarios últimos de sus análisis podrí­an ser simples particulares, con un objetivo nada claro.

Deza se integra en el grupo, disfruta de su trabajo, que le parece más entretenido que cualquier otro. Pero un dí­a se da de narices con la violencia. En el fondo de todo late la violencia, lo aprende en una ocasión en que Tupra intimida a alguien con una violencia calculada, limitada, utilizada con la intención de asustar. En un primer momento, la rechaza, rechaza las explicaciones y las justificaciones de Tupra. Pero luego él mismo la emplea cuando regresa a su paí­s y descubre que su mujer mantiene una relación que él cree peligrosa con otro hombre. Deza se descubre capaz de ejercer esa violencia que le habí­a repugnado en Tupra, y sobre todo, descubre que le gusta sentir la sensación de poder que confiere el tener la capacidad de intimidar a otro ser humano. Descubre su rostro y descubre que no es tan diferente del de Tupra.

Todo ello compone la trama principal, pero hay algo más, apasionante también, un tributo de Javier Marías a la realidad. Wheeler, y Juan Deza, el padre de Jacobo, son, en realidad, Sir Peter Russell y el padre del autor, Julían Marías. De ambos toma prestadas sus memorias, lo que vivieron y padecieron en sus respectivas guerras (la guerra mundial y nuestra guerra civil) y lo utiliza para reflexionar. Las guerras son un gran desperdicio, concluye, y uno participa en ellas haciendo cosas que luego, cuando llegue la paz, difícilmente será capaz de justificar ante sí mismo. Pero también la guerra tiene un efecto adictivo. Muchos, una vez concluida, la echan de menos. En su transcurso vivieron más intensamente, preocupándose sólo por aquello que era esencial, y siempre sabían qué podían considerar esencial. La vida adquiría en guerra otro matiz, parecía mucho más vivida.

La novela se lee con rapidez, a pesar de que las reflexiones del autor son muy abundantes y de que da la impresión de que examina las escenas desde fuera, aunque realmente lo hace desde el protagonista. Hay también algún problema con el personaje de Pérez Nuix, que da la impresión de que va a cobrar fuerza según se desarrolle el relato pero luego termina aparcado, casi olvidado, sin que se tenga una impresión clara de cuál era su papel en la trama. Sin embargo, todo esto son problemas que se le pueden perdonar. Tu rostro mañana es una novela sumamente interesante por lo que tiene de ejercicio de reflexión en torno al ser humano, a las relaciones entre los seres humanos, a lo que son capaces de hacer los seres humanos de acuerdo con las circunstancias en las que viven. Y, sobre todo, una reflexión sobre la responsabilidad individual, sobre la autojustificación. Las cosas “que no cuentan” porque se hicieron en otro país, en otra vida. O en el transcurso de una guerra.

Tu rostro mañana. 1 Fiebre y lanza.

Tu rostro mañana. 2 Baile y sueño.

Tu rostro mañana. 3 Veneno y sombra y adiós.

Editorial Alfaguara

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Ya acabo

Bueno, acabando con este tema, que me estoy poniendo pesado y hay por ahí algunos temas de los que tengo que hablar (y uno de ellos, y muy importante, es que ha salido el número 8 de Narrativas, la revista que edita Magda, un número muy interesante porque está en gran parte dedicado a uno de mis escritores favoritos, Enrique Vila-Matas, del que tengo pendiente hablar de su último libro, Exploradores del abismo…)…

A lo que íbamos. Pues eso, que como el cambio de codificación parece haber salido bien (quitando algunas cosas que voy a tener que arreglar a mano), os voy a contar cómo lo he hecho. No hay ningún misterio, he utilizado el sistema de descargarme una copia de la base de datos en mi ordenador, utilizar un programa para cambiarle la codificación a utf-8 y volver a subirla de nuevo al sitio. La novedad es el programa que he utilizado. En las recomendaciones que había encontrado por ahí se hablaba de cualquier editor de textos que permitiera establecer la codificación. Podría valer el mismo bloc de notas de windows o el notepad, como mejor opción. A mí, sin embargo, eso no me ha funcionado. Creo recordar que, una vez cambiada la codificación de esa manera, luego me resultaba imposible subir la base de datos sin errores. Al final, después de dar muchas vueltas por ahí, encontré un programa que me permitió hacerlo con mejor fortuna: RTF Converter. Lo encontré a través de este post de Wifiblanes. El programa no tiene gran misterio: se indica el fichero de salida con su codificación correspondiente y el que queremos sea el de llegada con la codificación que queramos conseguir, se le da al botón y ya está.

En fin, que todo esto me ha dado un poco de dolor de cabeza, pero parece estar solucionado (quitando, como he dicho algunos acentos por ahí y un problemilla con los módulos de últimos post y últimos comentarios, que tengo que arreglar con más tiempo).

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Y más sobre codificación

Parece que lo he conseguido, aunque no completamente. Me refiero al tema que me viene preocupando desde hace unos días. Sí, ese, el de la codificación. Merced a un programa del que hablaré más adelante, parece que he podido migrar a utf-8. Al menos, parece que la mayoría de los posts y los comentarios están, en líneas generales, bien. Hay alguna mayúscula acentuada que continúa mal codificada, pero eso sería un problema menor que podría arreglarse a mano. Sin embargo, no las tengo todas conmigo. Aunque la codificación del blog está establecida oficialmente a utf-8, el fichero wp-config.php no me deja especificarle esa codificación sin darme un error. Así que he conseguido mi objetivo a medias.

Iré observando el funcionamiento del blog durante los próximos días, sobre todo para ver si los nuevos post y los comentarios que vosotros podáis dejar se codifican adecuadamente. Cuando tenga claro que todo ha funcionado correctamente, haré un post sobre la manera de llevar a cabo el cambio de codificación que a mí me ha funcionado.

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Recopilación de cuentos

Me gusta leer relatos en la red. Hay muchas revistas literarias, de todos los tipos y todos los colores, que publican relatos. Los hay bastante malos, pero también muy buenos. Como digo, me gusta leer relatos en la red, pero normalmente no lo hago. Tengo la sensación de que requieren siempre más tiempo y más sosiego que cualquier otra cosa. Un artículo en torno a un tema sobre el que me interesa aprender me parece siempre mejor lectura, más adecuada a internet. Uno lee con rapidez, buscando la información relevante. Cuando se lee un relato, por el contrario, es necesario hacerlo con lentitud, disfrutando de las palabras. Por eso mi tendencia es siempre a dejarlos para más adelante. Para evitarlo (o al menos para compartirlos con vosotros), voy a intentar publicar de vez en cuando una entrada recogiendo unos cuantos de ellos, los que me hayan parecido mejores. De esa manera, con la finalidad práctica de publicarlos aquí, volveré a leerlos.

Aquí os dejo unos cuantos de los que he encontrado estos días.

Óscar Sipán Sanz – Hay otros mundos, pero están en mi cabeza

Renzo Carnevale – La casa acribillada de enfrente

Ricardo Juan Benitez – Consejo de amigo

Isabel Moure – Me llamo Enrique, como yo

Gerardo Lartigue – Bajo la lluvia

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