Archive for enero, 2008

Borges precursor

La idea de Borges como precursor intelectual de la red no es nueva. El maestro argentino, un hombre conservador, clásico en las formas, dio a luz a una serie de ideas que están extrañamente conectadas con internet y con el concepto de hipertexto. Jorge Gómez Jiménez habla de ello en este post, donde menciona las obras de Natalie Bookchin (autora de un videojuego basado en una obra del autor) y Perla Sassón-Henry, que muestra en su obra Borges 2.0: From Text to Virtual Worlds algunos ejemplos de textos borgianos en los que se recogen conceptos precursores de algunas de las cosas que hoy son comunes en la red. La conclusión del post de Jorge Gómez Jiménez es una de esas ideas que nos dejan pensativos y con la intuición de que hay algo mucho más profundo, algo cuyo alcance aún no somos capaces de captar por completo, en este mundo tecnológico en el que nos movemos.

Borges no es pionero del hipertexto; es, sí, uno de sus más notables intérpretes. El hipertexto está en Borges, pero lo está en cuanto Borges es humano. El hipertexto está en nosotros: nunca requirió de computadoras para vivir su vida de laberinto, la versión orgánica es perfecta y millones de veces más rápida y versátil que la electrónica, y siempre se le conoció por el nombre más amable de pensamiento.

(Vía Libro de Notas)

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Concurso filosofía y literatura

Miguel ha lanzado su segundo concurso filosófico. Si en la edición del año pasado el tema era la relación entre filosofía y cine, en ésta hablamos de filosofía y literatura. Todos los participantes deberán escoger cinco obras de cualquier género literario que tengan alguna relación con la filosofía. Puede ser que el autor introduzca digresiones de tipo filosófico en la corriente del relato o que de las situaciones o los personajes emane algún tipo de filosofía. Eso si estamos hablando de novela o teatro, porque también vale la poesía. Como veis, el tema nos toca muy de cerca, así que no puedo por menos que mencionarlo aquí y animaros a pasar por su página y participar. El premio, un libro, y la satisfacción de participar en la creación de una lista de obras literarias con trasfondo filosófico que a todos nos puede venir bien conocer.

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Los diarios de Hélène Berr

La premisa del mercado editorial, como la de cualquier otro mercado, es vender. Hasta ahí no hay nada que objetar. Y esa premisa produce, en muchas ocasiones, auténticos engendros con forma de libro y lujosamente editados que regalar a los amigos en navidades. Pero no siempre es ese el camino seguido para cumplir con la premisa. En ocasiones se practica otro que, a priori, parece más prometedor: lo que podríamos llamar el desenterramiento o el desempolvamiento (palabro) de textos interesantes de autores desconocidos o, simplemente, de textos privados que no tenían como finalidad darse a conocer. Y hay un tema en relación con el cual está práctica produce cosas muy interesantes: la segunda guerra mundial, en concreto todo lo relacionado con el holocausto de los judíos. La experiencia personal de los que sufrieron los campos de exterminio y volvieron para contarlo, o de quienes no volvieron pero dejaron consignada su experiencia por escrito, es ahora un filón para los editores. Y lo es porque, como lectores, nos interesa. Personalmente, han pasado por mis manos unos cuantos libros que tienen como tema este brutal episodio de la historia europea. Si esto es un hombre, de Primo Levi; Sin destino, de Imre Kertész; y más recientemente un curioso libro que tenía deseos de leer hace tiempo y que presenta estas vivencias desde el punto de vista psicológico: El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl.

Ahora se desentierran los diarios de Hélène Berr, una chica francesa, hija de un industrial, que no escribía para el mundo, sino para su novio, Jean Morawiecki. Hélène provenía de una familia judía y, como tal, fue deportada por las autoridades colaboracionistas durante la ocupación nazi. Tanto ella como sus padres murieron en los campos de exterminio de Auschwitz y Bergen-Belsen. Paradójicamente, su novio se enroló en la resistencia y más tarde participó en la liberación de esos mismos campos en los que había fallecido su novia y toda su familia. Durante dos años, los peores años de la guerra mundial, escribió un diario secreto destinado a su novio en el que hablaba de la irracionalidad en la que se encontraba inmersa, del horror por venir y del único afán de los nazis:

Pero no hay nada que reflexionar, pues los alemanes no buscan ni razón ni utilidad. Tienen un objetivo: exterminar.

Pero no solamente es la experiencia de los judíos durante la segunda guerra mundial, sino ésta en sus múltiples aspectos, la que interesa a editores y lectores. Me vienen a la cabeza ahora otros libros relacionados con el tema. Una mujer en Berlín, por ejemplo, de autora anónima, que narra las violaciones masivas que sufrieron las mujeres alemanas cuando Berlón cayó en manos de los soviéticos. O Suite francesa, de Irène Némirowski, en la que la experiencia ahora es de las mujeres francesas (mucho menos traumática que la de las alemanas, todo hay que decirlo) en su relación con los ocupantes nazis. En todo caso, es un tema sobre que aún se puede hablar (y leer) mucho.

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Lectura electrónica

Parece que desde la aparición del kindle de Amazon el tema de los libros digitales se está poniendo de moda. Cada vez me lo encuentro en más lugares: medios de comunicación digitales, foros, blogs. Da la impresión de que este nuevo aparato supone una especie de pistoletazo de salida para comenzar a reflexionar sobre el futuro de los libros. O para comenzar a fantasear sobre lo que podría llegar a ser la lectura digital. Como hace este curioso vídeo. Está en francés , pero no hace falta entender el idioma para comprender lo que sus autores nos quieren contar.

(vía Apostillas literarias)

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Año de palabras

El comienzo del nuevo año me ha pillado alejado de la red y los ordenadores, pero creo que aún estoy a tiempo de felicitaros el año nuevo. Os deseo un buen año 2008, lleno de muchas lecturas, mucha, muchísima escritura y, sobre todo, mucho que compartir a través de los blogs y las redes sociales. En cuanto a los buenos propósitos de año nuevo, me quedo con los de José Antonio Millán, que no están en su mano, pero tal vez estén en la de todos. En concreto, con los dos siguientes:

que aumente la práctica de la lectura

que haya dispositivos lectores realmente útiles, abiertos y baratos

El primero tal vez sea más difícil, aunque todo es posible y tal vez muchos de los que ahora no leen descubran que leer es una magnífica forma de estar en el mundo. El segundo es una esperanza que abrigo desde hace mucho tiempo. Tal vez este sea el año definitivo, el año en que llegue por fin lo que podríamos llamar el ipod de los libros. Como cualquier lector que se precie, nunca abandonaré (lo prometo) los libros de papel, ni me desharé de mi biblioteca (al contrario, intentaré que siga creciendo poco a poco, libro a libro), pero tampoco desprecio la posibilidad de acceder a cualquier libro que necesite o anhele inmediatamente, sin tener que depender de si está agotado o no, si lo van a reeditar o no. Y no me parece que en ello halla contradicción alguna.

En fin, que el 2008 sea un año en el que tengamos más palabras (impresas o digitales) que nunca.

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