Archive for Marzo, 2008

La lectura será un culto

¿Tampoco confía en el tan alabado Kindle, el libro electrónico que acaba de aparecer en Estados Unidos? No lo he visto todavía, sé que anda por ahí, pero dudo que reemplace un artefacto como el libro. La clave no es trasladar libros a pantallas electrónicas. No es eso. No. El problema es que el hábito de la lectura se ha esfumado. Como si para leer necesitáramos una antena y la hubieran cortado. No llega la señal. La concentración, la soledad, la imaginación que requiere el hábito de la lectura. Hemos perdido la guerra. En veinte años, la lectura será un culto.

¿Y los lectores serán una especie de gente rara, de espectros? No, no, tampoco. Será un hobby minoritario. Unos criarán perros y peces tropicales, otros leerán. Como lo que es hoy leer poesía. Existen poetas, se les publica, pero los lectores de poesía son una minoría. Eso ocurrirá.

Probablemente Philip Roth haya dado en el clavo. De todas formas, no es ningún secreto, ni nada sorprendente. Cierto que, como dice Juliana, las pantallas nos han llevado a reencontrarnos con la lectura, pero no a todos, ni a la mayoría. Algunos somos capaces de leer un texto largo en la pantalla, mejor dicho, estamos dispuestos a ello, tenemos paciencia para hacerlo. Pero la mayoría no. Por mucho que se empeñen los editores o el estado, la lectura, entendido como el hábito de dedicar tiempo y paciencia a desentrañar un texto más o menos largo, más o menos denso, es algo en retroceso.

La entrevista es de hace unos días. En El País.

Los libros y la red en Babelia

El suplemento cultural de El País, Babelia, tiene como tema principal hoy la revolución de internet en el mundo del libro. Explica cómo el mundo del libro, el más reticente hasta el momento en integrarse en la red, en aprovechar todas sus posibilidades, comienza a descubrir nuevas formas narrativas. Y, sobre todo, comienza a darse cuenta de que la escritura y la red no son enemigas, sino que están condenadas a entenderse. Les está costando. Todo eso de lo que hablan en El País ya es casi viejo en la red, pero, personalmente, siempre me alegro cuando alguna posibilidad de la red, algo que comienza a imponerse, a desarrollarse, salta a los medios de comunicación tradicionales. De hecho, creo que de un tiempo a esta parte ha dejado de mencionarse a internet exclusivamente en relación con la pederastia o el ciberterrorismo. Ahora también se habla de literatura. Es un avance.

Me voy de vacaciones. La semana que viene estaré alejado de la red, pero no de los libros (al menos, no del todo). Tal vez a la vuelta tenga material para retomar aquellos comentarios sobre mis lectura que hace tiempo que no hago.

(Por cierto, ¿alguien entiende esa obsesión que tiene El País por no enlazar? En los artículos que os comento se mencionan un montón de páginas web. Pues bien, no hay un maldito enlace. ¿Alguien entiende por qué?)

Resaca electoral y bibliotecas “vivas”

Hoy es día de resaca electoral. Y también es día de esperanza. No voy a ocultar mi satisfacción porque la derecha continúe en la oposición durante otros cuatro años, ni mi confianza en que esos años le hagan reflexionar y moderar su discurso. Tal vez, esa es mi esperanza, tengamos ahora una legislatura sin crispación, sin insultos ni conspiraciones absurdas, y podamos dejar de indignarnos cada vez que encendemos el televisor o recorremos en la red las páginas de los periódicos.

Y mientras nos recuperamos del empacho electoral, un interesante artículo de Manuel Rodríguez Rivero en El País: Leer por haber leído.

Según el historiador Anthony Grafton, y tal como calculan (un tanto perfunctoriamente, al parecer) los agentes digitalizadores de bibliotecas, el número de títulos publicados a lo largo de la historia podría oscilar entre 32 y 100 millones. Suponiendo que una persona corriente tardase cuatro días en leer un libro “de tamaño mediano” (para entendernos: ni El extranjero ni El hombre sin atributos, por citar sólo ejemplos narrativos), al cabo de una vida lectora de 65 años, sólo podría haber leído 5.931. En el fondo, una miseria.

Es balsámico darse cuenta de que por mucho que lo intentemos, nunca seremos capaces de leer todos los libros que hay que leer. Siempre tendremos lagunas, afortunadamente. Siempre habrá lecturas indispensables que podemos hacer, y disfrutar, en cualquier momento. Por eso, lo mejor como dice el autor de este artículo, es tener una biblioteca que sea más bien un proyecto de lectura. Es lo que yo siempre he llamado “tener una biblioteca viva”, una biblioteca en la que se agazapen libros no leídos, comprados con la intención de leerlos más adelante, y olvidados durante mucho tiempo hasta que son felizmente redescubiertos. No conozco placer mayor que recorrer mis estantes buscando algo que leer y tropezar con alguna joya que estaba esperando su momento. E ir poco a poco cubriendo algunas de esas lagunas.

Largas ausencias y signos de puntuación

Disculpad esta larga ausencia: tengo últimamente ocupaciones urgentes que me alejan de Octaedro y de los blogs. De la lectura, también, aunque en menor medida. De hecho, en algún momento durante el último mes me he planteado incluso dar el carpetazo, dejar el mundo de los blogs para un momento más apropiado y regresar entonces con bajo otro nombre y con otro planteamiento. Pero me da pena; llevo demasiado tiempo con Octaedro como para cerrarlo ahora. Continuará abierto, por tanto. Eso sí, mi tiempo es ahora escaso, no leo tanto como antes ni visito el mismo número de blogs; así que, ante la disyuntiva de cerrar o no, me decanto por no hacerlo, pero con la condición de escribir anotaciones más espaciadas y más cortas que las que solía. En ocasiones incluso puede que me limite a dejar algunos enlaces de interés, junto con algún pequeño comentario.

Como éste que os voy a dejar hoy. Visitando Apostillas literarias (por donde no me dejo caer desde hace bastante tiempo) me encuentro con un interesante texto sobre el uso del punto y coma. Las peripecias del punto y coma, de Sandro Cohen, un texto en el que se reivindica este signo de puntuación y se explica su uso principal. Debo reconocer que yo no soy muy aficionado a su uso (sería interesante hacer una búsqueda en Octaedro para saber cuántos posts incluyen alguno) por culpa, imagino, de la gran inseguridad que siento a la hora de emplearlo. Pero la lectura del texto de Sandro Cohen me ha lanzado a intentar un par de ellos en el párrafo anterior. Vosotros diréis si están o no bien utilizados.