Demasiada lectura
Curiosa la historia de Tipsarevic, el tenista que leía demasiado, un caso verdaderamente extraño, no solo en el mundo deportivo, sino en esta nuestra sociedad actual. Espoleado por su madre, se lanzó a la lectura compulsiva de filosofía. Aunque no los llegaba a comprender del todo, leyó a Kant y a Nietzsche una y otra vez. Supongo que tras esa avidez lectora habría un profundo deseo de saber, de comprender. Pero lo malo que tiene el conocimiento es que derriba muchos de nuestros mitos y nos lleva a cuestionarnos todo aquello que se supone que debemos querer, todo eso relacionado con el éxito, el dinero, etc., etc. Por eso ha dejado de leer, porque antes de cambiar de forma de vivir y renunciar a una carrera tan prometedora…, es más fácil dejar simplemente de leer. Que cada una de las cosas que componen nuestra vida no se pongan nunca en cuestión. Es mejor no saber demasiado:
Tipsarevic está convencido de que «pensar demasiado no es la respuesta». «Claro que no quiero ser estúpido, pero se dice que ser estúpido es una especie de bendición, porque no conoces más, no quieres más y no necesitas más».
La bendición de ser estúpido. ¿Quién le habrá transmitido esa idea? Tal vez alguien interesado en mantenerlo donde debe estar, en el mundo del tenis, dejándose de veleidades intelectuales. No es que prometiera mucho, da la impresión de que todo lo que leía le resbalaba sin dejar huella, pero tal vez la lectura le estuviera haciendo perder la concentración, fundamental para el deporte. Si uno quiere ganar a toda costa, si ganar es lo único que importa, cualquier cosa que lleve a cuestionar ese objetivo debe ser eliminada. Eso es lo que alguien en su entorno debió pensar. Mejor quitarle al chico todos esos libros. Dadle una play.
En el fondo de toda esta historia subyace la idea de que el conocimiento, la cultura, la capacidad crítica están de más. Y no es una idea extraña, que le pertenezca a él y a su entorno en exclusiva. Es una idea que circula por todas partes, que forma parte de nuestra cultura actual. Una idea que, paradójicamente, encuentra también apoyo en la industria cultural, empeñada en convertir el libro en un mero vehículo de entretenimiento, antes que en un revulsivo que nos lleve a cuestionarnos lo que nos rodea. Por eso, toda esa preocupación por la falta de lectura de los adolescentes, todas esas campañas de fomento de la lectura, me parecen tan absurdas. Siempre he dicho que antes que fomentar la lectura, parecen querer fomentar la compra de libros. Pero, bueno, esa es otra historia.
A nuestro tenista, que piensa que ser estúpido es una bendición porque así no quieres más y no necesitas más, le diría que no se engañe, que por dejar de leer no va a dejar de querer más, de necesitar más. Seguirá queriendo más, más éxito, más dinero. La lectura, si acaso, le hubiera hecho querer más de otras cosas, de aquellas para las que uno no necesita una ambición desatada.
[vía Farrapos de Gaita]
