Archive for the 'comentario' Category

Ulises

Como he mencionado en alguna anotación anterior, estoy leyendo el Ulises. Digamos que estoy llevando a cabo una primera aproximación, lenta, sorprendida, un poco temerosa. Después de todo, tiene fama de ser el libro más difícil de la historia de la literatura. Sin embargo, tengo que decir que, por el momento, me defiendo. Tengo mi muleta: lo estoy leyendo en la traducción de José María Valverde, con su correspondiente prólogo y un esquema de cada capítulo, indispensable en algunos de ellos para saber un poco por dónde transcurren las cosas y qué hay tras las palabras aparentemente desordenadas de Joyce. Todo ello, al menos en el nivel del argumento. En cuanto al significado más profundo de la novela, o a la comprensión de la forma de narrar de Joyce, lo dejo para una segunda lectura. Todas las referencias que he encontrado en otros libros o en la red recomiendan leerlo dos veces al menos. Solo se puede comprender la novela de Joyce, dicen, cuando se la ha recorrido en su totalidad, cuando se sabe ya todo lo que ocurre en el día de Leopold Bloom y se han escuchado sus pensamientos. Una vez situados ahí, la segunda lectura permite penetrar en el significado de todo ello. O eso parece. Ya veremos. Por el momento he llegado hasta el capítulo 15.

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Un porno muy especial

Cuando veo estanterías cuajadas de libros ordenados, o desordenados, flamantemente nuevos, o viejos, dudo si alguna vez me acostumbraré al e-reader. Si la biblioteca que comienzo a almacenar dentro de mi ordenador alguna vez me hará sentir como la “bibliotequilla” que he reunido a lo largo de los años en mi casa. Sospecho que no, que leeré muchos libros digitales, pero que al mismo tiempo rezaré (es un decir) porque no desaparezcan las librerías de toda la vida, las que tienen algo más que novedades. Y porque en las bibliotecas públicas no lleguen a imponerse las pantallas sobre los libros.

A uno “le pone” ver tanto libro acumulado. En esta página lo saben, y por eso han acumulado tanto “porno” para amantes de los libros. Porno duro, todo hay que decirlo, que puede herir la sensibilidad del no lector. Y hacer las delicias del lector.

Bookshelf Porn.

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La máquina de escribir

John Cheever y la máquina de escribir

Cuando una tecnología sustituye a otra, ambas conviven durante un tiempo más o menos largo. Luego, un día de repente nos damos cuenta de que la más antigua ha desaparecido: ya no la usamos, y no conocemos a nadie que la use. Recuerdo el día en que comprendí que los vinilos habían desaparecido. En mi tienda de discos favorita, los estantes, de repente, casi de un día para otro, se habían llenado de discos compactos. En ese momento fui consciente de que ya no vería más los discos negros a no ser en una tienda de coleccionista.

Con la máquina de escribir ocurrió algo semejante: de repente ya nadie la usaba. No soy capaz de recordar en qué momento tecleé algo por última vez en la mía. Desaparecieron de un día para otro. Pero a diferencia del tocadiscos, que nadie parece echar de menos, la máquina de escribir siempre tuvo un aura de máquina mágica. Probablemente porque era el arma principal del escritor. Es cierto que formaba parte del mobiliario de las oficinas, del trabajo diario de mucha gente, pero siempre se la ha asociado, sobre todo a la labor creativa, a la narración de mundos de ficción o de realidades lejanas. Era tan fascinante que se convirtió en un objeto de decoración mientras aún seguía siendo un objeto de uso.

¿Llegarán a ser los portátiles de hoy tan fascinantes como las máquinas de escribir? Ya comienzan a sufrir una cierta obsolescencia: la “tableta” (ipad y similares) comienza a extenderse y hay quien dice que ha venido a sustituirlos.

 

In praise of the Typewriter, una galería fotográfica de la revista Life con la máquina de escribir como centro.

 

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Necesitar la escritura como el aire

Hay otros autores que necesitan la escritura como el aire. Ganar dinero con su obra puede ser una cuestión secundaria respecto a lo que es una necesidad vital: dar rienda suelta a la palabra, poner el propio ser en cada uno de los párrafos. En estos casos, no hay manera de acceder a la vida del autor que no sea pasando por la obra. Hay quien pone la propia vida en cada palabra, en cada obra, en los personajes, y mucho antes que al entorno social o familiar es a la obra a quien hay que preguntar si se quiere saber algo del autor. La mejor manera de saber quiénes fueron Unamuno, Lorca o Machado es perderse entre sus obras.

Joyce, evidentemente, fue de esos. Leyendo las notas biográficas de introducción al Ulises, me maravillaba de que hubieran existido en otros tiempos autores (o pintores, actores, músicos, científicos; incluso, aunque suene raro, políticos) para quienes lo principal no fuera convertir su trabajo en mercancía para vender en el mercado. Personas que, sí, aspiraban a vivir de lo que hacían, pero solo como condición necesaria para seguir haciéndolo. Sin tener esa aspiración tan actual de convertirse en millonarios. En Boulé, Miguel habla de las dos actitudes ante el papel en blanco.

Boulé: Escribir y vivir

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Josefina Aldecoa

Ha muerto Josefina Aldecoa. En Wikipedia tenéis su trayectoria, tanto literaria como pedagógica. Porque era una mujer con dos facetas: escritora y educadora. Incluso se podría decir que era más lo segundo que lo primero. En ese sentido, su proyecto pedagógico, que puso en práctica con la creación del colegio Estilo, estaba vinculado a la Institución Libre de Enseñanza, el proyecto educativo fundado por Giner de los Ríos e interrumpido por la Guerra Civil. Precisamente eso es lo más destacable de su figura: que en un país en el cual la educación continúa siendo un problema no resuelto, ella y otros como ella propugnaban la continuidad de un experiencia que se demostró fructífera (solamente hay que ver la cantidad de intelectuales de talla que estuvieron vinculados al mismo),  pero que la guerra y el franquismo sepultaron en el olvido.

Algunas entrevistas:

En España todavía hay un fondo retrógrado en la educación

Revista Fusión

 

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Jams de escritura

Hace tres años hablé aquí sobre algo que me sorprendió mucho: jam sesions de escritura. Es decir, con la ayuda de un portatil y un cañón, un escritor muestra al público su proceso creativo. Se sienta frente a él y comienza a teclear. Las palabras aparecen en la pantalla, una historia empieza a perfilarse. En algunos momentos se detienen mientras el escritor piensa; en otros, desaparecen unas pocas, tal vez incluso lo hagan una o dos frases. La escritura tal y como uno la vive en su soledad. Vicio ya no tan solitario, titulé aquella entrada, porque la escritura siempre me ha parecido un vicio que se practica en privado. Y he aquí que un escritor estaba dispuesto a mostrar al público sus dudas, sus vacilaciones, sus torpezas, sus textos a medio hacer. Incluso sus faltas de ortografía. En ese momento me pareció simplemente una ocurrencia graciosa, una manera de pasar un rato divertido. No tenía idea de que aquello iba a cuajar, de que iba a albergarse en ferias del libro, ni de que incluso iba a ser patrocinado por grandes editoriales.

La escritura lleva mucho tiempo convirtiéndose en algo mediático. Ya no basta escribir un libro y ser entrevistado en televisión. Hay que hacer un trailer del libro, ahora incluso escribir frente a los lectores. Convertir el proceso de la escritura en espectáculo. No es casual que en estas “jams” de escritura el trabajo del autor sea completado con el de un disc jockey que monta músicas previamente elegidas por el protagonista de la sesión: las dos cosas se complementan, el autor es un disc jockey de la escritura. Tiene mérito, como dije en la otra anotación, escribir así, a vuelapluma, intentar enhebrar una historia y procurar divertir al público. Otra cosa será lo que salga de ahí, supongo que no más que una historia simple, un texto divertido. O tal vez no: algunos de los textos que aparecen en el blog (Jam de escritura) no están mal, tienen algo del germen de una idea. Tal vez bajo la presión de una de estas sesiones alguno de los autores consiga el comienzo de una novela.

Por cierto, una curiosidad: ¿os habéis fijado en que la mayoría de los autores escribe con dos dedos? Debe ser que desde que murió la máquina de escribir ya nadie aprende mecanografía.

[vía Literatura electrónica]

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