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¿Quién querría dedicarse a esto?

Paul Auster

Escribir nunca me ha servido para resolver nada. La escritura no es ninguna terapia. Como mucho es una compulsión o una enfermedad. Nunca he entendido por qué alguien querría dedicarse a esto, excepto si tiene el sentimiento de que resulta absolutamente necesario. Lo único que puedo decir para justificar mi trabajo es que, durante las últimas tres décadas y media, he dado todo lo que tenía. Lo he hecho lo mejor que podía cada día de mi vida. Incluso cuando todo lo que he escrito durante un día ha terminado en la basura, me he podido levantar del escritorio y decirme a mí mismo: “Por lo menos no has hecho trampas”. Pero se trata de una profesión extraña. Sentarse en una habitación y pasar todo el día solo no es algo que la mayoría de personas quieran hacer con su vida. La gente quiere estar ahí afuera, con los demás, haciendo cosas juntos.

Paul Auster en la entrevista que le realizó Álex Vicente para Público, periódico al que, por cierto, apoyo desde Octaedro.

Mis errores me siguen torturando

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Pequeñas decisiones (relato)

Una pequeña historia.

“Hace rato que piensa en levantarse pero no se mueve. No tiene sueño, ni ganas de permanecer en la cama, incluso le apetece tomarse un café y echar un vistazo al periódico en Internet, pero no se mueve. Simplemente no puede tomar la decisión de levantarse, tal vez porque entonces tendría que ir al baño y mear, ir a la cocina y encender la máquina del café, sacar la leche del frigorífico, la taza, etc., etc. Todo pequeñas decisiones que ahora mismo, en este preciso instante, no le apetece tomar. Pero el instante pasa y de repente se levanta como si hubiera recordado algo urgente. Hace todo eso que unos segundos atrás no se sentía capaz de hacer y se sienta frente al ordenador. Ahora sí, ahora prefiere haberse levantado. Mientras sorbe un poco de café, conecta el navegador y entra en la página de su periódico habitual. En realidad no le interesa la política desde hace ya bastante tiempo, pero no puede evitar echar su vistazo diario a las noticias. Es una especie de rito diario. Lo malo es que consume demasiado tiempo, tiempo que podría dedicar a otra cosa. Hoy, sin embargo, no se permite que esto ocurra. En realidad, no le atrae la información que lee. Apaga el ordenador, se levanta y vuelve a la habitación. Se viste. Sobre la mesa del estudio ha quedado un resto de café que aún está caliente. Lo bebe con placer. Deja la taza de nuevo en la mesa y se marcha de la casa.

La calle está tranquila, solo unas pocas personas aparecen a la vista. Es fin de semana, domingo tal vez, no lo sabe a ciencia cierta. Brilla el sol, la temperatura es agradable. Comienza a caminar por la calle experimentando una sensación de disfrute. De repente repara en que hacía mucho tiempo que no tenía una sensación así y se detiene. Levanta la cara hacia el cielo con los ojos cerrados y se esfuerza por sentir el calor del sol en su cara. En la acera de enfrente una persona se ha parado y le mira. Es repentinamente consciente de este hecho, puede decir que junto al calor del sol ha sentido la mirada fija en él. Abre los ojos y mira fijamente a quien le contempla. Es un hombre joven, absurdamente abrigado en un día como ese. Su aspecto es agradable en líneas generales, pero hay algo en él que le inquieta. Comienza a andar. El hombre permanece inmóvil, pero no deja de mirarle, de seguirle con la mirada. Poco a poco se va alejando de él, pero no puede saber si aún continúa mirándole porque no quiere volverse.

Llega hasta la esquina y la dobla. Respira aliviado y ahora si se atreve a volverse. A su espalda no hay nadie, nadie ha pasado por esa esquina. Camina ahora más despacio y trata de recuperar la sensación que ha sentido antes al volver la cara hacia el sol, pero no puede. Tiene la sensación, sabe, que aquel hombre camina ahora en dirección a la esquina que él ha dejado atrás, en unos instantes la doblará y aparecerá ante él. La idea le espanta. De repente no lo puede soportar y echa a correr. Cada vez más deprisa, llega hasta la siguiente esquina, pero no la dobla, continúa corriendo en la misma dirección, cruza la calle y sigue su carrera alocada. Solamente durante un instante se atreve a volverse y le ve. El hombre está bastante cerca, pero no parece estar corriendo, si andando con paso firme. Él intenta correr más deprisa, dobla, ahora si, la siguiente esquina y se encuentra de repente en una zona de aparcamiento. Se agacha entre dos coches y trata de calmar su respiración agitada. Al cabo de un rato se asoma con precaución por debajo del coche y consigue ver los pies del hombre, un poco más arriba, inmóviles. No se atreve a mirar más, se acuclilla de nuevo y de repente experimenta una sensación casi dolorosa de culpabilidad. Aquel hombre está allí por algo, le sigue por algo. No sabe lo que es ese algo, pero lo siente presente, importante, ominoso. Y sobre todo sabe que es responsabilidad suya, que no puede justificarse. Aquel hombre no le va a escuchar, y tiene razón, está cargado de razón. Podría levantarse y reconocerlo, ir abiertamente hacia él y decir “de acuerdo, es cierto. No tengo nada que decir, no lo puedo explicar” y quedarse inmóvil frente a él. Pero eso le obligaría a bajar la vista, a humillarse en cierta medida, y casi le da más miedo eso que huir, aunque en su huida corra el peligro de ser atrapado.

Los coches están aparcados en batería, pero entre sus morros y la pared del edificio hay un pequeño pasillo. Se levanta a medias y se acerca a él. No mira hacia atrás, tiene miedo de comprobar que él hombre sigue allí, esperándole, acechándole. Como un niño que quiere hacer desaparecer una amenaza simplemente cerrando los ojos, comienza a andar por el pasillo sin volverse. No sabe si el hombre le sigue o no, pero no oye sus pasos en el silencio del túnel. Le gustaría recuperar la sensación de alivio de un rato antes, cuando dobló la esquina después de su alocada carrera, pero ahora no puede. No, porque ya es consciente de su culpabilidad. Sabe que su huida es en vano, que nunca conseguirá escapar, pero aún así continúa caminando entre los morros de los coches y la pared, agachándose de cuando en cuando para evitar golpearse con los tubos cuadrados de extracción de humos que transcurren por el techo cada pocos metros.

Alguien corre a sus espaldas, acaba de comprenderlo. Echa también a correr, pero se golpea las espinillas con los morros de los coches. Aún así continúa, con las rodillas doloridas, una de ellas ha comenzado a sangrar. Como los pasos a su espalda se aceleran, intenta correr más deprisa. No puede evitar tropezar y caer. Cierra los ojos instantáneamente. El contacto del asfalto con su mejilla le resulta agradable, más agradable que lo que sin duda le espera, más agradable que la vida que podría vivir a partir de ese momento. Pero los pasos se han detenido, su perseguidor está cerca, muy cerca de él, tal vez junto a la parte trasera del coche frente al que se ha caído. Intenta escuchar algún sonido, el roce de la ropa, un ligero carraspeo, pero no oye nada. Sin embargo, sigue ahí, está seguro de ello…

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Günter Grass: Pelando la cebolla

Pelando la cebolla

Pelando la cebolla

Como ya os dije en el post anterior, este verano le ha tocado el turno a Pelando la cebolla, la autobiografía de Günter Grass y la confesión de lo que ha sido el mayor pecado de su vida: su pertenencia a las SS durante los años finales de la Segunda Guerra Mundial. Todos recordareis la polvareda que levantó su confesión, sobre todo por dos razones: primera, por haber mantenido oculta durante tanto tiempo esa pertenencia; y segundo, porque a lo largo de su carrera literaria se ha destacado especialmente, como integrante de la izquierda alemana, en intentar que ningún político alemán de derecha se olvidara del papel que jugó en ese gran pecado alemán que fue el nazismo. Evidentemente, la polémica está, en cierta medida, justificada. Pero la valentía de esta confesión, una confesión clara y rotunda, que no busca justificaciones, le ha granjeado la defensa de muchas personalidades del mundo de la cultura y de la política.

Grass no oculta que se presentó voluntario, que estaba fascinado por lo que él veía como heroísmo de las tripulaciones de submarinos, y que, confrontado con la evidencia de que no toda aquella imagen heroica era cierta, que había algo más bajo toda aquella parafernalia, prefirió “no preguntar”. Él mismo reconoce en el libro que no preguntar, no querer saber, supone también una forma de compromiso con una situación determinada. Y él decidió obviar los rumores que iban llegando sobre el destino de los judíos, optó por saber “cosas falsas” sobre el destino del chico rubio y de ojos azules, modelo de ario perfecto, que en el campamento se negó a llevar armas invocando un “nosostrosnohacemoseso”.

Grass narra el final de la guerra, su trabajo en las minas y su comienzo de una carrera artística como escultor, que posteriormente se transformaría en literaria, primero como poeta y más tarde como novelista. Sin embargo, sobre todo el libro planea esa culpabilidad, para la que Grass no encuentra perdón en sí mismo. El tema es interesante. Mientras leía el libro tenía constantemente en la cabeza si yo mismo concedía ese perdón, o no, a Grass. Durante mucho tiempo, después de haber leído y escuchado mucho sobre el tema, de haber visto montones de películas sobre la guerra y los nazis (que constituyen un género en sí mismo), tenía muy asumido el desprecio que me merecían todos aquellos hombres que habían luchado por instaurar el régimen más execrable que han conocido los tiempos. Luego fuí consciente de que muchos de ellos se vieron obligados a secundar el nazismo por la tremenda presión social, cuando no por la coacción directa. Pero hasta ahora no me había encontrado con alguien que hubiera abrazado el nazismo, que hubiera creído en Hitler y en la sociedad que pretendía fundar, y que mereciera ser perdonado. Es cierto que en aquel momento Grass era prácticamente un niño. Es la única disculpa que se me ocurre. Y tal vez, aunque no hubiera sido un niño, se podría invocar una especie de locura colectiva, de rapto alucinado por las ideas imperantes. Pero esas son débiles justificaciones ante la magnitud del horror que el nazismo produjo, y al que muchos como Grass contribuyeron con ese no querer saber.

Creo que todo el mundo tiene derecho a arrepentirse, a darse cuenta de las aberraciones que ha apoyado sin saber o sin querer saber. Y Grass es valiente por hacerlo en un libro como este y de la manera en que lo hace. También es cierto que su reputación como novelista e intelectual es enorme y, de alguna forma, le protege. Pero ha tenido suerte, mucha suerte, de que en todos estos años nadie haya sacado su pasado a la luz pública.

Por cierto, una curiosidad. Grass tuvo un compañero de fatigas con el que compartió su huída al final de la guerra, justo antes de ser internado en un campo como prisionero de guerra. Un tal Joseph, católico convencido y bastante pesado, a juzgar por lo que dice Grass de él. Pues bien, Grass sospecha (aunque luego está casi completamente seguro de ello) que el tal Joseph no era otro que el papa Ratzinger. Creo (no estoy seguro) que Benedicto XVI no ha confirmado esa sospecha, pero sin duda sería muy interesante.

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Mañana, al trabajo

Las vacaciones me han alejado de la red durante todo el mes, lo que supone una desconexión muy conveniente de vez en cuando. Y, ¡sorpresa!, se puede vivir sin la red, sin información de ningún tipo (sobre todo, sin la política), sin relaciones virtuales (las reales suelen resultar suficientes para hacer turismo, para la piscina y las terrazas de los bares). Se puede vivir sin ella, pero vivir con ella es mucho más interesante, aunque quizá me convendría ajustar un poco los ámbitos en los que me muevo. Tendría que hacer una pequeña limpieza en los blogs que sigo y en las redes sociales en las que tomo parte (precisamente para tomar parte de forma real, más frecuente). Participar en menos para participar mejor, sería la idea.

Filosofía no ha habido mucho este verano (he releído partes de uno de los libros de Onfray, La fuerza de existir), pero sí literatura. Günter Grass, Pelando la cebolla, que aún no he terminado; y otro libro, este muy curioso: Misterio, emoción y riesgo, una recopilación de escritos de Fernando Savater relacionados con la literatura y el cine de aventuras, policíaco y fantástico. Es una especie de enciclopedia de estos ámbitos literarios y cinematogŕaficos, y me ha abierto el apetito por volver a estos mundos (que nunca debí abandonar).

Por su parte, el de Günter Grass es el de la polémica de hace dos años. En él, Grass confiesa que a sus diecisiete años formó parte de las SS en los estertores del nazismo. Incluso no niega que lo hizo plenamente convencido y que en ese momento no había para él nadie mejor que el Führer. Un libro interesante para la reflexión que tal vez pudiera llevarnos a entender como puede ocurrir algo como lo que sucedió en Alemania antes y durante la Segunda Guerra Mundial. Hablaré de ello cuando termine mi lectura.

En fin. Vuelvo entonces por aquí con un poco de filosofía (voy a continuar leyendo al francés e intentando captar algo de todos los autores a los que cita), y un poco de literatura fantástica y de ciencia ficción. Buena combinación, sin duda.

Y mañana, al trabajo.

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Nietzsche, activador del hombre

Más Nietzsche. Poco a poco voy familiarizándome con la filosofía de este autor. Pero aún no he conseguido formarme una opinión completa.

2) El músculo de Nietzsche es el concepto que funciona como activador de cada individuo, como un despertar de la pesadilla o bien como la cura frente a la enfermedad de los débiles. El hombre muscular de Nietzsche es un espíritu libre porque se ha transvalorado, esto es, porque ha mutado en tanto ha declarado la guerra a los valores excretados de la moral de esclavo. Por lo tanto, lo considerado verdadero deja de serlo. Caen los valores que daban sentido a la realidad al efectuarse la transvaloración del individuo “muscular”.

4) El músculo de Nietzsche es “budista” porque lucha contra el sufrimiento y no contra el pecado. El sufrimiento tiene que ser erradicado de la vida muscular para su desarrollo total. No así el pecado que es funcional a la debilidad de la vida. El budismo funciona como un “manual” para el vivir en consonancia con la fortaleza. Con la vida transvalorada.

De “El músculo de Nietzsche“, en Eterna Cadencia.

[vía LDF LOUNGE]

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Michel Onfray y la otra historia de la filosofía

Con su Contrahistoria de la filosofía, Michel Onfray se propone un proyecto muy ambicioso. Nada menos que poner en cuestión la filosofía que se nos ha transmitido a través de la historia, marcada por la tradición del idealismo que comienza en Platón y llega hasta Kant y Hegel, y que ha silenciado otras corrientes de pensamiento, como el materialismo y el hedonismo. Su propuesta es rescatar  del olvido a todos aquellos filósofos relegados por la “ideología” dominante y construir una nueva historia de la filosofía en la cual se sitúe en el centro el placer y el disfrute de la vida, que ponga su foco en el hombre y se aleje de los dioses y de mundos ideales. Porque detrás del triunfo del idealismo platónico y de toda su evolución posterior se encuentra el cristianismo y el poder de la iglesia en la sociedad europea durante tantos años.

Las sabidurías de la antigüedadContrahistoria de la filosofía es una obra en varios volúmenes, de la que hasta ahora han sido publicados los tres primeros. El primero de ellos, Las sabidurías de la antigüedad, rescata a los filósofos que fueron enterrados bajo la denominación de presocráticos (aunque algunos de ellos eran contemporáneos o incluso posteriores a Sócrates) y sofistas. Aristipo de Cirene, Demócrito, Lucrecio, Epicuro. Todos ellos sufrieron la influencia de Platón y fueron condenados al silencio. En el caso de Demócrito incluso estuvo a punto de sufrir la incineración de su obra (Platón quería llevarla a cabo, pero le disuadieron de hacerlo porque ello no hubiera tenido un efecto determinante, puesto que la obra de Demócrito estaba ya en ese momento muy difundida). El que persistió, a pesar del boicot de los idealistas y, posteriormente, de los cristianos, fue Epicuro. Su filosofía demostró ser sumamente resistente, tanto que impregnó a una parte del cristianismo posterior, con lo que llegamos al segundo tomo de la obra, El cristianismo hedonista.

El cristianismo hedonistaOnfray recoge en este segundo libro visiones cristianas no muy lejanas del espíritu de Epicuro. Cristianos que no ponían el acento tanto en la culpa y en el sufrimiento como en el goce de la vida. La idea era que, puesto que Jesús había muerto en la cruz para redimirnos del pecado, por qué no considerar éste como algo superado y disfrutar de la vida que el propio Jesús ha concedido al hombre. Dicha visión, sin embargo, no fue del agrado de la Iglesia, que reaccionó ante estas “desviaciones” con su instrumento favorito: la hoguera. Así acabaron en gran parte los Hermanos y las Hermanas del Espíritu Libre, una corriente de pensamiento que, a pesar de todo, se las arregló para pervivir oculta en Europa hasta el siglo XVI y que denunciaba la hipocresía de la Iglesia oficial.  Posteriormente, durante el Renacimiento, Onfray menciona a una serie de pensadores que se proclamaban cristianos pero que sostuvieron una actitud proclive al epicureismo al considerar que algunos placeres moderados no eran contrarios a la virtud. El libro termina con una extensa parte dedicada a Montaigne, a quien Onfray considera uno de los filósofos más importantes de todos los tiempos y que encarna plenamente el ideal que enuncia el título, ese hedonismo cristiano. De Montaigne he hablado por aquí en unas cuantas ocasiones (también he recogido alguno de sus textos), destacando sobre todo el espíritu que anima sus Ensayos, ese “conocerse a sí mismo” y disfrutar de lo que poco a poco va descubriendo.

Los libertinos barrocosPor último, el tercer tomo, el que cierra temporalmente la obra, Los libertinos barrocos. Filosofía francesa fundamentalmente. Una serie de autores que parten de la obra de Montaigne y profundizan en sus planteamientos. Onfray dice de ellos que ninguno niega a dios (el ateismo como tal aún no existe), pero si lo apartan discretamente, haciendo buena aquella máxima de Epicuro que decía que los dioses existen, pero no se ocupan de los hombres. Dios también existe, pero no le interesan los asuntos de los hombres, es decir, de alguna forma estos autores le piden que no se inmiscuya en la vida de los hombres. A cambio nadie negará su existencia. Pierre Charron, Pierre Gassendi, Cyrano de Bergerac, Saint-Évremon, La Mothe Le Vayer son estos libertinos barrocos que han desaparecido de la historia de la literatura. El período se cierra con una de las más importantes figuras de la filosofía, Spinoza. La actitud de Spinoza ante la existencia de dios, el panteísmo (no quería que nadie le pudiera acusar de ser ateo), preludia sin embargo la llegada de la negación de dios. Para Onfray, esta época supone el final del apogeo de la creencia en dios. A partir de entonces la figura de dios irá llevando a cabo un discreto y paulatino mutis en el ámbito de la cultura europea.

Quedan aún por publicar (al menos en España) tres tomos más de esta revisión de la historia de la filosofía. Un servidor los espera con auténtica impaciencia. Mientras tanto, habrá que ir leyendo y releyendo las otras obras de Onfray.

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Más sobre Nietzsche

Da gusto que la red te traiga hasta “casa” materiales relacionado con aquello que te ocupa o en lo que te interesas. Sigo leyendo a Nietzsche y Magda (a quien hacía tiempo que no visitaba pero siempre guardo entre mis feeds) publica un magnífico video sobre él.

No lo traigo aquí. Pasaros por Apostillas literarias para verlo. Pero no os lo perdais.

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Nietzsche en castellano

Nietzsche

Nietzsche

Continúo con mi búsqueda de información sobre Nietzsche en la red. En esta ocasión me he topado con Nietzsche en castellano, un magnífico sitio, obra del profesor de filosofía argentino, Horacio Potel. Y también me encuentro con un disgusto, una muestra más de la persecución que sufre en todo el mundo la distribución libre de la cultura. Allí, en Argentina, la cosa parece estar peor, la Cámara Argentina del Libro (no sé si tenemos alguna institución semejante aquí, en España) se dedica a cerrar páginas filosóficas y a llevar a juicios a profesores de filosofía por hacer aquello que se supone que deben hacer: difundir la filosofía. Aquí aun no hemos llegado a eso, por el momento solamente se sienta en el banquillo a programadores, pero supongo que todo se andará.

En realidad Potel no ha sufrido persecución legal por su página sobre Nietzsche, sino por otras dos que recogían la obra de Heidegger y de Derrida. Nietzsche murió en 1900, lo que le situaba fuera de las garras de los integristas de la propiedad intelectual. Así que a Potel se le permitió mantener esa página, pero se le obligó a retirar todos los contenidos de las otras dos.

Nietzsche en castellano (como supongo que ocurría con los sitios sobre Heidegger y Derrida) es una excelente recurso para todos los interesados en la filosofía. En ella se recoge todo lo relacionado con el autor: la mayoría de sus textos; artículos sobre sus puntos de vista filosóficos, obra de diversos filósofos y escritores; información bio y bibliográfica; fotografías. Incluso se recoge la música compuesta por el filósofo (que para él expresa la esencia de la vida, la justificación del mundo, aunque sus propias composiciones le valieran la burla de algunos músicos de alguno de los mejores músicos de su tiempo).

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Ha muerto Mario Benedetti

benedetti

Mario Benedetti

Como ya sabreis,  Mario Benedetti murió ayer, a los 88 años. Fue fundamentalmente un poeta, aunque también se le conoce como cuentista y novelista. Con respecto a esta última faceta, La tregua es quizá una de sus novelas más conocidas, no sé si la mejor. Al menos, la que a mí más me ha gustado. Es la historia de un hombre viudo, a punto de jubilarse, con un pasado gris, opaco, que en ese momento de su vida recibe el regalo de una relación amorosa con una de sus compañeras, una muchacha de 24 años. Al cabo de un corto espacio de tiempo, durante el cual ambos comienzan a vivir juntos, la chica fallece a causa de una enfermedad, poniendo fin a esa “tregua” que la vida ha concedido al protagonista. Ya no le queda más que volver a su mundo monótono y aburrido. Realmente, es uno novela triste, como queda de manifiesto en todas estas citas, recogidas en Wikiquote. A pesar de ello, fue llevada al cine en 1974 (y estuvo a punto de ganar un oscar) y en 2003.

En fin, siempre que muere un autor me produce una extraña sensación la idea de que su muerte cierra definitivamente su obra. No sé, yo siempre he hecho una diferenciación entre los autores vivos y los muertos. Que exista la posibilidad de que un autor que admiro publique una nueva obra, y que esa obra sea, tal vez, mejor incluso que lo que ya ha escrito, siempre me fascina. Por eso, cuando fallece alguno de ellos, el saber que su obra ya es definitiva la traslada a otro nivel.

Os dejo un par de enlaces: su vida y una selección de sus poemas.

Wikipedia: Mario Benedetti

Poemas

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Filósofos explicados por Fernando Savater

Como ya he mencionado en alguna entrada anterior, últimamente ando muy interesado en la filosofía (casi más que en la literatura, lo que no puede ser, tengo que ponerme las pilas y volver a leer novela). El culpable, principalmente, es Michel Onfray, un autor al que descubrí hace ya algún tiempo a través de la red y del que en alguna ocasión hablaré. No es el caso explicar ahora cuales son sus planteamientos filosóficos, solo diré que se considera a sí mismo un nietzscheano de izquierda. Es decir, Nietzsche tiene mucha importancia en su filosofía (sobre la que hablaré, repito, algún otro día, lo prometo), es una de las fuentes de las que bebe. Así que yo no tenía más remedio que echar un vistazo a la obra del aleman, que constituye una de mis múltiples lagunas culturales.

Y he aquí que la red, mediante el mecanismo de la serendipia, me proporciona un video documental sobre la vida y la obra de Nietzsche, explicadas, nada menos, que por Fernando Savater. El video forma parte de una serie de programas dedicada a los grandes filósofos y presentada toda ella por Savater. Está accesible en YouTube. Los programas forman parte de Canal Encuentro, dedicado casi por entero a la cultura. Un lugar altamente recomendable, como la colección de programas filosóficos. La introducción a cada autor es sucinta (dura una media hora, dividida en tres partes), pero muy útil para obtener una buena visión de la filosofía europea.

Al enlace he llegado a través de Antes de las cenizas, y como allí ya está colgado el programa sobre Nietzsche, yo voy a aportar mi granito de arena en la difusión de estos documentales colgando los relativos a Schopenhauer, un pensador que influyó mucho a Nietzsche.

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